Hoy muchos líderes no buscan trascender; buscan sobrevivir. Ya casi ninguno busca dejar huella. En la era de los algoritmos es más rentable hablarle a tu audiencia que construir un “nosotros” más amplio. Es más fácil asegurar a los ya convencidos que ampliar el círculo. Así se ganan seguidores, y a veces elecciones. Trascender no es administrar tu grupo, ni diluir tu identidad; es agrandar tu “nosotros” para que quepan más.
Quizá la explicación no sea estratégica, sino humana. La vida es corta. La política aún más. La política dura cuatro años. La huella puede durar generaciones. Tal vez por eso muchos liderazgos se quedan en lo seguro, en proteger su base y evitar riesgos. La mediocridad muchas veces no es incapacidad; es miedo a salir de la burbuja.
Pero de vez en cuando alguien hace lo contrario. En lugar de achicar el círculo, lo amplía. Y esta semana esa lección no vino de un discurso político, sino del escenario más americano del planeta. Frente a más de 128 millones de estadounidenses, Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny, cantó 13 minutos en español en el medio tiempo del Super Bowl. No para provocar, sino para recordar algo básico: América es más grande que una sola lengua, una sola historia o una sola identidad.
Pero esa no fue una decisión improvisada. Esa historia empezó en Puerto Rico, con su residencia de un año, donde decidió que quien quisiera escuchar su música debía ir a la isla. Más de 500.000 personas viajaron. Cientos de millones quedaron en la economía local. Hoteles llenos. Empleo para miles de familias. Demostró que es más que un cantante: es un líder leal a su identidad.
En un momento en que el discurso político hacia los latinos se ha endurecido y se nos presenta como amenaza, la realidad es otra: son más de 60 millones de latinos viviendo en Estados Unidos, cerca del 20% de la población, y una economía que mueve 3 billones de dólares al año. No estamos en la periferia, somos parte estructural del país. Y sobre esa premisa construyó su mensaje. En la pantalla apareció una frase: “La única cosa más poderosa que el odio es el amor.” Y luego otra: “Juntos, somos América.” No respondió al bullying con más confrontación. Elevó la conversación. Mostró banderas distintas compartiendo escenario y dejó claro que la historia latinoamericana no es externa: es parte real de Estados Unidos.
Eso es trascender. No administrar bien tu séquito, sino ampliar el círculo hasta hacerlo país. La historia no recuerda a quienes se quedaron cuidando solo a los suyos; recuerda a quienes lograron que más personas se sintieran parte. Trascender es que tu nombre no quede solo en un cargo, sino en la memoria de un país. Dividir puede ser rentable; puede dar clics y votos. Pero no deja huella. El odio puede ganar una discusión. La empatía, ponerse en los zapatos del otro, construye nación.
@MiguelVergaraC








