Si la entrega del Premio Nobel por parte de María Corina Machado al presidente de Estados Unidos hubiera tenido el efecto que ella esperaba, no habría generado tantas críticas. Pero la realidad es otra: para Trump, ese “gesto” no significó nada distinto a la complacencia de su interés personal por vincular su nombre al Premio Nobel, aun cuando no fuera él el galardonado.
Aunque han sido muchos los calificativos con los que se ha juzgado la entrega de la medalla del Premio Nobel de María Corina al presidente de Estados Unidos, vale la pena analizar el dilema que se plantea o, mejor, los dilemas que se abren. Si el costo de lograr una pronta transición en Venezuela, en la que al menos se reconozca la relevancia política de la oposición, es entregar un Premio Nobel al presidente de Estados Unidos, se trataría de un costo menor frente a un propósito de mayor trascendencia que cualquier galardón o reconocimiento internacional. Nadie que haya recibido una distinción de esta magnitud cedería su medalla a otro sin que ello suponga un sacrificio personal –e incluso moral– que ha debido ser sopesado.
En este episodio también hay un mensaje de liderazgo –que, aunque haya salido mal, no deja de serlo–: María Corina estuvo dispuesta a anteponer los intereses de su país a su propio orgullo por un reconocimiento que le fue otorgado a ella y que resultaba altamente apetecido por el hombre más poderoso del mundo. Sin embargo, la realidad es que este acto, que ha recibido innumerables críticas, no produjo ningún efecto concreto ni a su favor ni a favor de Venezuela. Lo que sí produjo este episodio fue un deterioro en la imagen de María Corina Machado, especialmente ante la opinión pública internacional, que percibe este gesto como un acto poco digno y una subordinación explícita a los intereses de Donald J. Trump. Tal vez ha llegado el momento de cambiar el chip de la normalización del sacrificio que durante años han debido asumir tanto la oposición como el pueblo venezolano, y de demostrar con hechos que esta acción mal calculada no pone en entredicho ni el liderazgo ni la resistencia de María Corina ni la de otros referentes de la oposición venezolana.
La clave está en entender cómo darle un giro a este episodio y demostrarle al Gobierno de Estados Unidos que apostar por una transición rápida hacia la democracia en Venezuela tendría muchos más beneficios que intentar administrar sus recursos a través de Delcy Rodríguez y de los representantes del régimen.
En todo caso, como lo sostuvo David E. Sanger en un artículo para The New York Times, ninguno obtuvo lo que buscaba: ni Donald J. Trump consiguió el Premio Nobel, ni María Corina Machado logró el respaldo de Trump para liderar la transición política en Venezuela.
@tatidangond


