¿El llamado ‘síndrome de Stendhal’, trastorno sicosomático que se presenta después de admirar obras de arte o sitios muy bellos, solo se relaciona con la Florencia de mediados del siglo 19? Jorge Atanasio, Medellín

El escritor del realismo francés Henri Beyle Stendhal, en su libro Roma, Nápoles y Florencia, publicado en 1817 como supuesto diario de viajes de un militar prusiano, describió con detalles su experiencia al salir de la basílica de la Santa Cruz, de Florencia, donde está la tumba de Miguel Ángel y nutridas obras de arte del Medioevo y del Renacimiento. El protagonista militar admiraba la abundancia de esculturas y cuadros, pero llegó un momento en que no lograba apreciarlos… ¡tantos había visto! Entonces sintió que desfallecía, le aumentó el ritmo cardiaco, tuvo sudoración y su percepción se alteró. Llegó a escribir: “… la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”. En sentido estricto, el ‘síndrome de Stendhal’ o ‘síndrome de Florencia’ es la manera extrema como responde el organismo a la emoción estética desbordada que le genera la contemplación de lo bello. Si la situación que describe Stendhal se experimentó en Florencia, nada contraría que se manifieste en cualquier ciudad o sitio remoto donde haya algo bello que admirar, sea una obra hecha por el hombre o un paisaje esbozado por madre Natura. La expresión ‘síndrome de Stendhal’ apenas fue acuñada en 1979 por una siquiatra italiana que observó en algunos de sus pacientes, que habían estado viendo obras de arte durante cierto tiempo, los mismos síntomas que experimentó el militar protagonista de la obra stendhaliana.

Un vallenato me dijo que yo era ‘enchollado’. En ese momento no me importó saber qué era eso. Andrés Macías Benavides, B/quilla

Es ‘enchoyado’, como lo escribe el Lexicón del valle de Upar, aunque hay quienes optan por ‘enchollado’; sin embargo, este asunto resulta baladí porque el término tiene un origen incierto, aunque sí es seguro que se trata de un costeñismo localizado en La Guajira y en el Cesar. La voz posee múltiples acepciones que se acercan entre ellas: jactancioso, creído, sobrado, que no oye sugerencias ni exhortaciones, porque, además, su autosuficiencia no lo permite; terco, prepotente, altanero; exitoso, respetado, elegante; rencoroso o que no perdona y permanece rabioso; enamorado, muy orgulloso de su mujer, tragado, embrujado por esta; en fin, además del gran sentido de petulante, que se deduce de lo anterior, ‘enchoyado’ es quien persiste en lograr sus fines, más allá del tiempo y de su propia resistencia.

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