Gracias al telex, novedad singularísima de los años cincuenta que nos dio cuenta que ese deporte, si no nació en la Argentina, al menos tenía en ese territorio tan deportivo un buen desarrollo.
La multiplicidad deportiva de estos Juegos Olímpicos ha sido fácil de comprobar con la ayuda inestimable de la televisión, cuyos directores entraron en competencia con otros medios televisivos y en estos días de febril empeño en no dejar competencia que no la transmitan, hasta el televidente de la calle ha podido constatar que en unos Juegos Olímpicos se destaca en la pantalla chica hasta el baile del ‘sambito’.
Es así como hemos podido ver la transmisión del deporte de las bochas, un deporte del cual no teníamos la más leve noticia allá en nuestros tiempos de ‘Voz de la Patria’. Gracias al telex, novedad singularísima de los años cincuenta que nos dio cuenta que ese deporte, si no nació en la Argentina, al menos tenía en ese territorio tan deportivo un buen desarrollo.
Cuando nos íbamos a suponer que ese bendito deporte de las bochas sería ingresado por los grandes alcahuetes del Comité Olímpico Internacional para que se sumara al mundillo de las competencias olímpicas. Y vamos que pudimos ver en la pantalla un partido de los que con seguridad serán transmitidos. El bochas es una imitación de varios otros deportes, que es algo que no podemos incorporar en este artículo por razones de espacio. Tiene un campo delimitado, de buena extensión y tiene numerosos protagonistas, lo cual viene a agravar el gigantismo que aqueja a estos Juegos pero no a sus directos responsables olímpicos sino al estado que viene pidiendo auxilio porque se rebajan una buena porción de ‘deportivitos’.
Los príncipes de las erogaciones olímpicas, pero que paguen otros y nunca ninguno de ellos, acaba de meter en estos Juegos al fútbol femenino. Como quien dice: “tras corneado, apaleado”, frase de sabor taurino que viene como anillo al dedo. U otra que si tiene sabor criollo:
“Éramos muchos y parió mi abuela”.


