La modernización portuaria en Colombia, en especial la marítima, es un hecho evidente propiciado por un esquema y un manejo del proceso de privatización que ha sido exitoso. El nuevo estatuto de puertos marítimos y los incentivos a la iniciativa privada ha impulsado la tecnificación y expansión de los servicios portuarios al comercio exterior y al turismo de cruceros.
En efecto, desde mediados de la década pasada se registra un aumento en la concesión de licencias para construir o ampliar las zonas portuarias marítimas de la región Caribe, en Cartagena y entre Ciénaga y Santa Marta.
Las condiciones institucionales y normativas están dadas hoy como para que el debate sobre los puertos marítimos de la región Caribe se ocupara más bien de evaluar los logros y la incidencia económica y social del desempeño del tan esperado corredor portuario.
Las noticias recientes sobre accidentes en los embarques de carbón, sobre el agravamiento de la erosión costera e intrusiones salinas en las ciénagas, sumado a la frecuente accidentalidad cotidiana por la congestión derivada de la concurrencia de los distintos modos de transporte de carga y pasajeros, sin dejar de mencionar los desecamientos de varios humedales por invasiones, dejan al descubierto que el corredor portuario, en tanto concepto de desarrollo regional, es todavía un proyecto cuya ejecución no es integral, y sus relativos logros se han alcanzado sin la coordinación necesaria en lo administrativo y territorial.
Preocupa que los problemas señalados ya comiencen a afectar el flujo del turismo nacional y, con la excepción de Cartagena, el despegue del flujo turístico internacional. De todos los obstáculos en la vía hacia la consolidación de un verdadero corredor de servicios portuarios, mi hipótesis es que los embarques de carbón se han erigido como el obstáculo más importante de todos los que podrían enumerarse.
Luego del accidente de la barcaza, y a propósito de los incumplimientos en sustituirlas por embarque directo, los análisis se concentran en el comportamiento de los protagonistas inmediatos, soslayando la importancia de remitir la gravedad de la situación a la falta de ejecución en integración portuaria, en el sentido planteado por el expresidente Lagos, en Expogestión del Caribe, en septiembre pasado.
La dirigencia de la Región Caribe tarda en retomar seriamente la cuestión. La academia es clave en el proceso, como lo demuestra la experiencia en muchos países con corredores portuarios en zonas costeras que no se han conformado con su consolidación sino que desde comienzos de siglo (según las fechas de publicación de los reportes sobre el tema) están enmarcando el concepto de corredor portuario en un concepto sistémico y logístico más amplio y que incluye la conservación ambiental con fines de protección de la biodiversidad marina y costera, el ecoturismo, la movilidad con seguridad vial, el empleo, el emprendimiento y el fortalecimiento institucional mediante la integración de ciudades en distritos portuarios.
Consolidar el corredor portuario del Caribe requiere resolver con urgencia varios problemas relacionados con la extracción y el embarque de carbón. En relación con la competitividad internacional, Lagos predice algo todavía en mi opinión tan lejano como posible: un corredor portuario en el Caribe colombiano configuraría un hub marítimo entre los 15 más grandes del mundo.








