Defender la democracia no significa apoyar ciegamente a ningún candidato ni silenciar críticas. Significa exigir evidencia. Significa comprender cómo funcionan las instituciones antes de concluir que todo está diseñado para engañarnos. Significa hacer una pausa antes de compartir.
Entre tanto, quienes creemos en la democracia, la propiedad privada y el emprendimiento, salimos a votar para defenderlos.
La tragedia humanitaria que se desprende de estos enfrentamientos suele ser devastadora ya que implica el aumento de la violencia, la pobreza, el hambre, y la destrucción de infraestructura vital.
Hoy no hay quien pueda impedirlo pues el Consejo Nacional Electoral no tiene la organización suficiente para controlar a “don dinero” en las campañas. Y los procesos que se han iniciado por financiación ilegal, no han parado en nada, incluido el que “cursa” en la Comisión de Acusaciones.