Entre los múltiples mensajes de su nutrido discurso, quizá uno de los más relevantes sea el reconocimiento de que países como Canadá —potencias medias— tienen hoy el poder y la capacidad de contribuir a la construcción de un orden global basado en el respeto por los derechos humanos, los compromisos con el desarrollo sostenible y la integridad territorial de los Estados.
Lo preocupante es que con el nuevo decreto anti-técnico e indeseado de forzar a los fondos de pensiones a traer parte de las inversiones a Colombia, no solamente destruirán nuestro ahorro pensional y deteriorarán su rentabilidad, sino que forzarán una tasa de cambio falsa y aún más baja.
La convivencia con la inteligencia artificial obligará a repensar no sólo cómo trabajamos o aprendemos, sino cómo envejecemos y cómo enfrentamos la soledad. La robótica ya avanza hacia un escenario en el que las máquinas no solo asistirán tareas, sino que cuidarán y acompañarán a los seres humanos en los tramos finales de la vida.
Retrocede la democracia de la mano del populismo de todos los colores. El asunto es tan grave que el que debiera ser el líder democrático de Occidente, el presidente de los Estados Unidos, no teme decir de sí mismo que es “un dictador”. No lo es, pero después de su declaración de Davos queda clarísimo que quisiera serlo.