En América latina sucedió lo contrario, el pensamiento castrista fue cerreramente anti capitalista, totalitario y autocrático; e hizo tres aportes: el intervencionismo militar sin ambages desde Bolivia hasta Angola, un antiamericanismo visceral y la connivencia con el narcotráfico porque este debilitaba el imperio.
Cada uno de los colombianos habilitados para ejercer su derecho al voto tenemos la responsabilidad de elegir dirigentes que sepan interpretar las necesidades del país en medio de este entorno global cambiante y, lejos de intereses mezquinos, lograr las mejores políticas públicas que se traduzcan en mejores condiciones de vida para Colombia.
Ya está bien de seguir engañados, ni Petro ni el candidato Cepeda respetan la Constitución. Aun cuando reclaman su coautoría, nunca les ha gustado, ven en ella una talanquera al ejercicio del poder sin restricciones. Detestan al Congreso, a las cortes y a los órganos de control.
Lo cierto es que la mayoría de los venezolanos exiliados o en su patria, a quienes hoy no les importa la geopolítica, el petróleo ni el imperialismo, ve en la intervención un camino posible hacia el retorno de la democracia.