Las Cadenas Caribeñas de Valor no pueden quedarse como un concepto inspirador; deben convertirse en una estrategia concreta. Porque en la economía global, la verdadera ventaja competitiva no está en competir solos, sino en saber competir juntos.
El gobierno no solo falló: jugó con el sueño más sagrado del campesino —la propiedad— y los convirtió en un espejismo administrativo. Prometió soberanía y dejó incertidumbre. Prometió justicia y dejó una estafa política de proporciones históricas.
La misma encuesta revela preocupaciones legítimas que frenan el bienestar integral: un 34,75% de los ciudadanos siente que es difícil encontrar trabajo y, más doloroso aún, un 14,4% reportó que en sus hogares hubo restricciones alimentarias porque no había suficientes alimentos.
La cobertura importa, pero resulta insuficiente cuando no está acompañada de excelencia. Sin instituciones de educación superior capaces de formar profesionales, científicos, maestros y técnicos de alto nivel en las distintas regiones, cualquier estrategia de desarrollo territorial quedará incompleta.