La Conexión Ciénaga–Barranquilla es hoy la demostración de que los grandes proyectos se construyen con visión, cooperación y determinación. Su avance no solo evidencia la capacidad del Caribe colombiano para gestionar obras de alto impacto, sino también la fuerza de una región que entiende que la integración territorial es la base del desarrollo.
En Colombia nos inquietan los problemas estructurales de nuestro sistema político, pero pasamos por alto un aspecto elemental: la calidad del sistema depende de la calidad del debate público, y este, a su vez, de las capacidades con las que contamos para participar en esa discusión.
Se podría concluir que esta exitosa iniciativa del sector privado, que tuvo algún apoyo de la gobernación, es una fehaciente demostración de que es posible sacar adelante proyectos sociales y de infraestructura en las comunidades indígenas, creando confianza a través del diálogo y con acuerdos colectivos.
Llegó el momento en que nosotros, los abuelos baby boomers, retomemos nuestro rol de formadores de la familia y dejemos de ser los viejitos complacientes que sólo podemos educar a nuestros nietos desautorizando a los padres en el manejo de asuntos fundamentales como la disciplina, el respeto a la figura de autoridad, el amor a los padres, el esfuerzo para conseguir las metas.