¡Ay Ciudad! Desde cuando abriste tu puerta y tus brazos a esos hijos adoptados, familias inmigrantes llegadas a tus playas con nada más que esperanzas, de idiomas extraños, con ganas de seguir adelante y la fe de lograrlo. Adoptaste hijos agradecidos, crearon industrias, empresas y desarrollos que determinaron buena parte del progreso colombiano.
Hoy podríamos verlos, simplemente, como dos caras distintas de una misma creación verdadera. Distintos solo en las formas, idénticos en la genialidad. No recibieron el Nobel por la misma razón: el Nobel no los merecía.
Como compartí con esa multitud vibrante, el secreto de la aceleración no reside en hacer más, sino en tener la valentía de tomar decisiones distintas y sostenerlas en el tiempo para que este año deje de ser una espera y se convierta en nuestro punto de no regreso.
el Caribe necesita un modelo territorial y diferenciado. La sostenibilidad del servicio eléctrico no se logrará haciendo más de lo mismo, sino comprendiendo que la realidad social es parte esencial de la infraestructura.