Al final, con esta mutilación de la información electoral antes de las elecciones, los ciudadanos terminamos afectados: con menos derechos, menos libertades y menos garantías democráticas. No puede olvidarse que fue bajo el gobierno de Petro cuando asesinaron a un candidato presidencial. La democracia empieza a fallar cuando el poder intenta apropiarse de la información y controlar la conversación pública.
Dos de los candidatos a la Presidencia han hecho su carrera a hombros de los narcos y sus fortunas. Ambos enemigos de la extradición. Alguien dirá que todos los criminales tienen derecho a su defensa. Y que esa es tarea de penalistas.
El Gobierno nacional tiene el deber ineludible de garantizar la seguridad de los servidores de elección popular de todas las corrientes políticas, y el asesinato de una concejal de oposición en las semanas previas a las elecciones debe tener consecuencias tanto políticas como en materia de justicia.
Por eso cada vez cuido más las palabras que uso. No solo en el espacio público, sino en la intimidad de la amistad, de la vida de pareja, de la experiencia laboral. Hay que ser conscientes del poder de la palabra. Porque una palabra que sale de nuestra boca ya no nos pertenece.