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Hay personas que descubren una revolución en su vulnerabilidad. Suelen ser tildados de débiles, pero en ellos colisiona diariamente la sensibilidad y una capacidad innata de accionar avasallante. El joven barranquillero Anthony Ríos es uno de ellos.

De día cumple con sus responsabilidades como vigilante, mientras que de noche el lápiz y el cuaderno son sus armas más determinantes para trazar y edificar su futuro. Tiene 22 años y la dichosa crisis de los veinte que se apodera de muchos jóvenes hoy día no se asoma en su mente: tiene claro lo que quiere para su vida.

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Es de los hombres a los que no les da vergüenza sucumbir en sus emociones y que sabe aprovechar las oportunidades. Es así como llegó al programa IUB al Barrio para estudiar Tecnología en Gestión Administrativa para entrar a la Armada.

Su meta final es ingresar a la milicia. No hay más. Sin embargo, sus obstáculos son dos: su miopía y un título universitario, al menos de tecnólogo. Son múltiples los malabares que realiza este joven para poder cumplir con ambos mundos. Muchas veces ha querido desfallecer, pero lo recarga la motivación de toda su familia y de una parte de él nutrida de pasión, entrega y carácter.

Un sueño interrumpido

“Uno en el colegio tiene un montón de planes, pero cuando sales te estrellas con la realidad y recibes el golpe de la vida”, comentó, y con esto dicho se aventuró a los campos de la retrospección.

La primera oportunidad que le cayó del cielo fue su entrada al Ejército en Bogotá. Su papá le advirtió que no tenía la posibilidad de devolverse, lo que le dio las fuerzas en las noches de entreno para soportar la exigencia física en una ciudad ajena.

CortesíaAnthony Ríos durante su paso por el Ejército.

Para Anthony, fueron meses de gloria: entre más de mil soldados bachilleres postulados quedó seleccionado para prestar servicio en la Casa Militar de Nariño. Allí conoció al expresidente Iván Duque y al actual mandatario, Gustavo Petro. Además, pasó su primera Navidad fuera de casa con personas que calificó como increíbles.

No obstante, no siguió por la miopía severa en su ojo izquierdo. “Me dio nostalgia porque siempre me ha gustado la vida militar”, expresó. Cuando le anunciaron que su servicio militar iba a culminar, Anthony terminó en el mismo mar de lágrimas que tuvo cuando contó su historia a esta casa editorial.

De su sensibilidad nace la entrega por la milicia, y de este mismo lugar surge una fuerza que lo empuja a buscar los medios para lograrlo.

“Cada vez que veo en la televisión o cuando voy por algún lado y veo la milicia, el Ejército o la Armada, yo me identifico ahí; me veo ahí. A veces pienso: –¿Qué hago aquí, Dios mío? Yo tengo que estar allá, quiero estar allá–. Esa es mi meta, el propósito que me impulsa a seguir estudiando”, mencionó enérgicamente el joven.

La fusión de dos mundos

“Muchas veces infravaloran el trabajo del vigilante. Piensan que, como dicen por ahí, el vigilante duerme. Pero cuando uno se pone en los zapatos de esa persona, cambia la perspectiva”, así pensaba Anthony hasta que le tocó vivirlo. Al joven le ha tocado lidiar con personas alteradas que se desahogan con él.

Pero eso no es lo más difícil de trabajar y estudiar al mismo tiempo, ya que el Ejército le dio carácter para enfrentar dichas situaciones. Lo verdaderamente complicado ha sido lidiar con la incertidumbre de si podrá con tantas cargas.

El primer semestre en el programa IUB al Barrio fue un verdadero reto. Su rutina cambió y su vida social terminó. Muchas preguntas penetraban su mente, entre esas: “¿Será que dejo hasta aquí o sigo?”. Pese a todo, su hermana y su mamá lo han motivado diariamente, así como las buenas notas que obtiene en sus parciales.

Jeisson GutiérrezAunque en un punto la exigente y apretada rutina generó estrés y ansiedad en el joven, con el tiempo ha logrado adaptarse a sus nuevos compromisos, siempre teniendo como foco volver a ser parte de las fuerzas militares del país.

Anthony dejó que el tiempo hiciera lo suyo y que cada obstáculo se disipara en medio de su adaptación. De esta manera, cuando no puede asistir a las clases dos veces a la semana por el trabajo, sus compañeros le realizan videollamada y le pasan fotos y videos de las temáticas dadas; durante su tiempo libre ejecuta las tareas y estudia, y además cuenta con un apoyo compasivo y titánico de parte de sus profesores.

“Siento que ha sido una gran bendición la universidad. Me estoy superando cada día; tengo más disciplina, más compromiso y más responsabilidades”, sentenció Ríos.

Sensibilidad revolucionaria

Tiene 22 años y cuánto ha vivido. Pero de todo esto algo ha aprendido: si una puerta se cierra, Dios abre otras. Ha sido rechazado por la Policía Nacional, el Ejército y la Armada debido a su condición visual. Trabajó como aseador en un conjunto residencial, tiene un técnico en operación de máquinas y herramientas y es auxiliar contable y financiero. Actualmente realiza cosas completamente diferentes, pero aseguró que en definitiva va por un buen camino.

“IUB al Barrio ha significado mucho, porque me está abriendo muchas puertas, tanto académicamente como para la profesión que quiero ejercer, que es lo de la Armada. Con el tecnólogo que voy a obtener aquí, con el favor de Dios, puedo hacer el proceso que me permita ingresar”, manifestó.

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En ocasiones, Anthony descubre en él vulnerabilidad gracias a la mirada sensible que tiene de la vida, pero ha sido en este mismo lugar en donde ha encontrado el impulso para satisfacer sus deseos más profundos.

“Soy muy sensible, pero también tengo carácter, y eso es lo que poco a poco he desarrollado. Cada vez voy fortaleciendo más mi carácter para que la vida no me golpee tan duro. He pasado muchas situaciones y, gracias a lo que he construido, las he podido sobrellevar”, selló la conversación con EL HERALDO.

IUB al Barrio, un programa académico que se fortalece con 17 sedes en todas las localidades

El programa IUB al Barrio es una estrategia académica que está orientada a llevar educación superior a los diferentes barrios de la ciudad a través de la infraestructura de los colegios distritales. Su propósito es acercar la universidad a las comunidades y eliminar barreras como la distancia, los costos y la falta de oportunidades.

“Hemos logrado acercar la educación a comunidades que históricamente han enfrentado barreras de acceso, promoviendo la inclusión y la equidad educativa”, expresó Arcesio Castro, rector de IUB, a EL HERALDO.

CortesíaPara ingresar a este programa, el aspirante debe ser bachiller, de estrato 1, 2 y 3 e inscribirse en línea.

Este programa cuenta con 17 sedes en funcionamiento en las cinco localidades y beneficia a cerca de 4.000 estudiantes. A través del programa IUB al Barrio, los jóvenes pueden acceder a varios programas académicos técnicos profesionales, tecnólogos y profesionales universitarios, enfocados en áreas con alta demanda laboral y alineados al desarrollo económico de la ciudad.

En el portafolio académico se encuentra el Técnico Profesional en Operaciones de Comercio Exterior; Tecnología en Gestión Administrativa; Técnica Profesional en Producción Gráfica y Multimedial; Licenciatura en Educación Básica Primaria; Tecnología en Seguridad y Salud en el Trabajo; Tecnología en Sistemas Eléctricos; Técnica Profesional en Procesos Industriales; Sistemas Informáticos, y Redes de Telecomunicaciones.

Además, el programa permite iniciar en niveles técnicos o tecnológicos y continuar hasta el nivel profesional, ampliando las oportunidades de formación para los estudiantes.

En cuanto al proceso de aplicación, los interesados deben cumplir con requisitos básicos como ser bachiller egresado de Barranquilla, pertenecer a estratos 1, 2 o 3 o estar en Sisbén IV, y realizar la inscripción gratuita en línea.

El proceso incluye diligenciar el formulario de inscripción; cargar documentos requeridos (diploma, ICFES, identificación, entre otros), y completar el proceso de selección y admisión.