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En medio de uno de los controles rutinarios de su embarazo, específicamente en el segundo trimestre, María* tuvo que enfrentarse a un diagnóstico clínico de gran impacto. La detección de una dilatación en las astas posteriores de los ventrículos cerebrales de su bebé fue la señal de alerta que, con el paso de las semanas, fue progresando de manera significativa.

Lo que pudo ser un hallazgo aislado terminó confirmándose como un cuadro de hidrocefalia severa, una condición que estaba comprometiendo el desarrollo cerebral del bebé. Ese fue el punto de partida de un proceso médico riguroso que derivó en la primera cirugía intrauterina para tratar esta patología en un bebé antes de su nacimiento en el país.

Este hito médico fue liderado por William Contreras, neurocirujano endoscopista con amplio reconocimiento a nivel nacional e internacional, quien contó con el acompañamiento de Yesid Miranda y Miguel Parra, perinatólogos y especialistas en cirugía fetal, y Juan David Hernández, anestesiólogo fetal.

Los detalles de la cirugía

Miguel Parra, médico perinatólogo y especialista en cirugía fetal, hizo parte de este procedimiento pionero, que se extendió por cerca de cinco horas en los quirófanos de la Clínica General del Norte, siendo considerado como un “milagro” en medio de la Semana Santa.

“Esta cirugía en particular —que aborda una hidrocefalia progresiva y severa— es la primera vez que se realiza en Colombia. Consiste en acceder a los ventrículos cerebrales del bebé, con la participación del equipo de neurocirugía, para mejorar la circulación del líquido cefalorraquídeo”, aseguró el especialista.

La intervención requirió una planificación minuciosa y la articulación de un equipo multidisciplinario integrado por especialistas en medicina materno-fetal, neurocirugía, anestesiología y radiología, que mediante técnicas mínimamente invasivas y guiadas por ecografía lograron acceder al cerebro del feto para mejorar la circulación del líquido cefalorraquídeo y reducir la presión intracraneana.

En ese sentido, Parra explicó que este tipo de procedimientos buscan anticiparse al deterioro neurológico que suele presentarse en estos casos. A eso se suma la necesidad de garantizar que la madre tenga los menores impactos posibles.

“Estas intervenciones deben ser mínimamente invasivas, ya que se realizan en una madre sana y no se puede poner en riesgo su bienestar. Por ello, el procedimiento se realiza de manera percutánea, con una aguja de tres milímetros que atraviesa la piel de la madre, sin necesidad de abrir el útero. Se accede a la cavidad amniótica, se localiza el ventrículo lateral mediante guía ecográfica y se ingresa en él”, detalló el experto.

Tras lograr el acceso, añadió el especialista, el equipo de neurocirugía navega dentro de los ventrículos utilizando un catéter —conocido como catéter de Fogarty— y una fibra láser.

“Con estos instrumentos se coagulan y seccionan los tabiques intracerebrales, permitiendo una mejor circulación del líquido cefalorraquídeo”, agregó Parra.

El especialista fue enfático al destacar que la experiencia que han acumulado en la atención de otros problemas de salud en bebés, como la espina bífida y el mielomeningocele, ha sido clave para el éxito de este innovador procedimiento.

“Estos son procedimientos innovadores que abren nuevas posibilidades en la medicina fetal. Nos permiten vislumbrar un futuro en el que podamos intervenir de manera temprana para mejorar las condiciones de los bebés al nacer. Se trata de cirugías altamente complejas que requieren un equipo multidisciplinario”, resaltó.

Con el transcurrir de las horas, la evolución del bebé y la madre fue muy favorable, con resultados iniciales muy alentadores para el cuerpo médico: “El ventrículo, que medía 33 milímetros, se redujo prácticamente a la mitad al día siguiente de realizarse el procedimiento”.

CortesíaCon tecnología de alta precisión, el equipo multidisciplinario hizo posible este procedimiento pionero en Colombia para tratar la hidrocefalia antes del nacimiento.

Implicaciones para el bebé

El neurocirujano William Contreras expuso que, con frecuencia, la hidrocefalia es una patología asociada a la espina bífida. Sin embargo, en este caso se pudo establecer que se trataba de una condición primaria del cerebro.

“La hidrocefalia, en términos sencillos, es un exceso de líquido en el cerebro. Todos los seres humanos producimos diariamente líquido cefalorraquídeo, que es el medio en el que ‘flota’ el cerebro; pero así como se produce, también se reabsorbe. Cuando existe una obstrucción en los canales de salida de ese líquido o cuando alguna de las cavidades donde se produce y se almacena está ocluida (cerrada), el líquido comienza a acumularse”, sostuvo el experto.

Al tiempo, mencionó que debido a que el cerebro se encuentra dentro de una cavidad rígida —el cráneo—, ese exceso de líquido no tiene hacia dónde expandirse, por lo que empieza a comprimir el tejido cerebral: “Esto afecta su desarrollo y puede derivar en alteraciones cognitivas, problemas de atención y memoria, e incluso condiciones como epilepsia, entre otras”.

Frente a las complejidades del procedimiento, destacó que “es una cirugía completamente anatómica, porque no se reseca tejido ni se generan lesiones. Lo que hacemos es identificar una membrana que está obstruyendo el flujo del líquido y abrirla, creando una especie de compuerta que permite su drenaje”.

Puso de presente que la hidrocefalia es una patología “relativamente frecuente”, especialmente en países en desarrollo, donde los niños pueden estar más expuestos a infecciones, traumas o eventos de hipoxia: “Existen distintos tipos de hidrocefalia; aunque todas afectan el tejido cerebral, su origen y tratamiento pueden variar”.

A renglón seguido, Contreras hizo referencia a los retos diagnósticos y terapéuticos a los que deberán hacer frente cuando el bebé nazca.

“Cuando el bebé nazca, realizaremos estudios adicionales para determinar con precisión la causa de esta condición. Durante el procedimiento, encontramos múltiples membranas aracnoideas que estaban obstruyendo el flujo normal del líquido cefalorraquídeo. Gracias al uso de tecnología avanzada, como la fibra láser, logramos romper estas membranas y restablecer, en gran medida, la anatomía y la circulación normal del líquido”, anotó.

En su intervención, el neurocirujano fue enfático al subrayar la relevancia de intervenir oportunamente para evitar complicaciones neurológicas.

“Un cerebro no debe estar sometido a presión, ya que esto —lo que conocemos como hipertensión endocraneana— afecta múltiples funciones, incluida la visión y el desarrollo neurológico en general. En definitiva, es un avance significativo que abre nuevas posibilidades en el tratamiento de este tipo de patologías desde antes del nacimiento”.

*Nombre cambiado por protección de los pacientes

La prevalencia de esta enfermedad

El Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI, por sus siglas en inglés) indica que la prevalencia global de la hidrocefalia es de aproximadamente 85 casos por cada 100 mil habitantes, con una diferencia significativa entre los distintos grupos de edad: 88 por cada 100 mil en la población pediátrica y 11 por cada 100 mil en adultos.