Perrenque no nació para ser solo un evento de dos días. Nació para recordarnos que en el Caribe hay talento, criterio, oficio y ganas de hacer las cosas bien.
El sátrapa no respeta las ramas del poder público. Ataca a la justicia cuando las decisiones no le favorecen, confronta al Congreso cuando no aprueba sus reformas y desacredita organismos de control que cuestionan las actuaciones de su gobierno.
Ahora el Gobierno va por el quinto intento. Destrabada la Jurisdicción Agraria en el Congreso, empuja el debate en plenarias, a trompicones en Cámara y sin muchas posibilidades en Senado, a pocas semanas del fin de la legislatura y en un ambiente de desconfianza en el Gobierno.
Una democracia sana no exige uniformidad; exige respeto. No se fortalece con unanimidad forzada, sino con diversidad de pensamiento. La riqueza de una sociedad está precisamente en su capacidad de convivir en medio de las diferencias.
El mensaje institucional era claro: el Perú entra en una nueva etapa de reorganización del poder. El Congreso gana protagonismo, el futuro Senado adquiere enorme influencia sobre los órganos de control, la Policía fortalece su capacidad operativa y la Fiscalía pierde margen de acción frente al poder político.