Así que, frente a problemas estructurales, malas son las soluciones que no surgen de la objetividad sino del sesgo ideológico. Si el presidente reduce el asunto a que, “los terratenientes no quieren pagar impuesto” el riesgo es la chambonada…
Hoy más que nunca, Colombia necesita liderazgo, coherencia y certezas. Porque cuando una sociedad pierde la confianza en su rumbo, deja de mirar al futuro con ilusión y empieza, simplemente, a esperar que el tiempo pase… lo más rápido posible.
Una norma constitucional que señala que el alcalde es “la primera autoridad de policía del municipio” ha llevado a algunos a pensar que solo sobre sus hombros recae la responsabilidad de la seguridad ciudadana. En teoría, el alcalde es el jefe de la Policía, pero en la práctica, lo es el director Nacional de la Policía y su comandante en Bogotá, ambos de libre nombramiento y remoción del presidente de la República.
Al final de cuentas, la ciudadanía deja de creer en la justicia. Y cuando la justicia pierde credibilidad, el sistema deja de funcionar. Sin independencia real no hay Estado de derecho posible. Y cuando eso ocurre, la justicia deja de ser un límite al poder para convertirse en su instrumento.
El vacío está aquí, en la Costa, donde todavía no logra el fervor que debería despertar. Y ahí está la paradoja: no está siendo profeta en su tierra. Porque si lo fuera, la Costa no estaría solo empujando una candidatura; estaría escogiendo a un hijo que la priorice y la ponga de primero.