Colombia no está para disputas de ego. Está para decisiones de altura. Duele verlo. Duele verlos atrincherados en sus egos, cuando el país necesita puentes y no trincheras.
Aquí no hay nostalgia por la sustitución de importaciones. Por el contrario, persiste una advertencia clara: proteger industrias puede terminar aislándolas de cadenas globales y debilitando su competitividad.
La mejor manera de demostrar tu potencial es midiendo el nivel de tu capacidad para escuchar. Grita para ilustrar, no para ofender. Hazlo de la manera más cordial o respetuosa y seguramente les harás reflexionar, aunque no estén de acuerdo. La verdad no se impone, se demuestra. Su fuerza es innegable.
Aquí no hay una discusión entre derecha o izquierda, ni entre capitalismo o cambio climático. Hay una discusión mucho más básica: coherencia. Porque un gobierno puede tener la mejor narrativa global, pero sí en lo local no hay resultados, esa narrativa pierde fuerza.
Defender la autonomía del Banco no implica negar el debate ni desconocer los costos de sus decisiones. Implica, más bien, entender que su rol no es complacer expectativas de corto plazo, sino evitar errores de largo alcance.