El mejor homenaje que le podemos hacerle es reconocerlo por lo que fue: un gran estadista. Alguien que entendió que gobernar no es una actuación, sino un oficio. Por eso lo que este momento político le exige al próximo presidente es exactamente eso: un hombre de hierro que también le caiga bien a la gente.
Colombia no necesita más propaganda disfrazada de cifras. Necesita una política agrofinanciera seria, transparente y enfocada en resultados reales. Porque hoy, detrás del discurso de inclusión, lo que existe es un sistema que excluye, debilita y pone en riesgo el futuro del campo colombiano.
El gasto de bolsillo sigue aumentando. Cobran salud por nómina, pero cuando te enfermas te dicen “no hay cita”. Te autorizan un medicamento en 15 días y el dolor no espera. La plata se va en corrupción, nóminas paralelas, etc. El negocio es tan bueno que sigue creciendo, sin que se mejoren las condiciones de los trabajadores sanitarios.
El mismo gobierno quebrado, con déficit fiscal del 6,4% del PIB, nos vende megainversiones de última hora sin plata, sin plan técnico y sin cronograma.
Petro lo que pretende, se dijo desde un principio, es atornillarse en el poder y, antes del 31 incendiará el país y creará un caos, que sólo él podrá resolver. Los cambios en la cúpula militar no son improvisados, sino parte de un plan cuidadosamente estudiado.