Mientras tanto, los colombianos enfrentan demoras en citas, falta de medicamentos, barreras en la atención y, en muchos casos, el riesgo real de no recibir el tratamiento oportuno. La salud, que debería ser un derecho garantizado, se ha convertido en una angustia cotidiana.
Colombia tiene la oportunidad de convertirse en el principal socio de la recuperación venezolana, pero eso no ocurrirá por inercia, exige una agenda clara de proyectos. Requiere entender que la frontera no es un límite, sino el eje de una nueva estrategia económica.
Hay que elegir por la coherencia. Por el equipo que lo respalda. Por la relación entre la historia del candidato y su discurso. Entre su conducta y sus propuestas. Entre su carácter y su campaña. Porque al final, nadie gobierna como se anuncia. Se gobierna como se es.
Lo que sí me desubica mentalmente son aquellas personas inteligentes, cultas, honestas, exitosas, agradables, sin intereses insanos, sean estos de cualquier posición económica o social, que coinciden en sus preferencias políticas y obviamente de candidato a presidente, con los impresentables grupos antes descritos.
Una norma constitucional que señala que el alcalde es “la primera autoridad de policía del municipio” ha llevado a algunos a pensar que solo sobre sus hombros recae la responsabilidad de la seguridad ciudadana. En teoría, el alcalde es el jefe de la Policía, pero en la práctica, lo es el director Nacional de la Policía y su comandante en Bogotá, ambos de libre nombramiento y remoción del presidente de la República.