Tal vez valga la pena preguntarse, antes de votar, si la emoción es lo que necesita el país para pensar en su futuro, o si hace falta algo de razón para que podamos construir una agenda de desarrollo viable, con criterio y con algo de confianza.
‘Votcétera’ son las demás cosas, argumentos, reflexiones, propuestas y acciones que no se mencionan pero que se dejan a la imaginación o la conclusión del interlocutor o receptor de los mensajes, por economía verbal o por ausencia de especificidad, en medio de las actividades propias de la democracia, principalmente en la época de las elecciones.
Hace veinte años esta ciudad estaba bajo la Ley 550, intervenida, en quiebra, incapaz de invertir en nada. Los responsables de ese desastre no desaparecieron: hoy quieren regresar con el petrismo, convencidos de que Barranquilla les debe una segunda oportunidad.
El vacío está aquí, en la Costa, donde todavía no logra el fervor que debería despertar. Y ahí está la paradoja: no está siendo profeta en su tierra. Porque si lo fuera, la Costa no estaría solo empujando una candidatura; estaría escogiendo a un hijo que la priorice y la ponga de primero.
Colombia no enfrenta una crisis inmediata, pero sí un cambio de etapa. Este es el verdadero punto de inflexión: el momento en que los desequilibrios dejan de ser advertencias y empiezan a convertirse en restricciones reales.