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John Robledo
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“La región Caribe le ha huido a hacerle bulla a la Cultura”: Toni Celia

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Para Toni Celia la cultura es inevitable. La define como todo lo que nos rodea. Desde las exposiciones, las charlas y las conferencias hasta la forma en que alguien se viste o sirve los bastimentos de un sancocho.
Por eso, como nuevo director de arte y cultura de la Universidad del Norte, también conocido como Centro Cultural Cayena, pretende “hacer mucha bulla” para visibilizar estos espacios culturales promovidos desde la academia hacia toda la ciudad. 

“Le quiero apostar a eso porque a mí me parece que la cultura en esta ciudad y en esta región le ha huido a hacer más marketing y ser más estratégicos en la manera como comunicamos las cosas (...) Desde Cayena quiero concentrarme mucho en hacer menos eventos, pero que sean mejores, mucho más profundas y más interdisciplinarias también”.

Además de la visibilización y promoción de estos espacios, Toni se cuestiona por la forma en cómo se está enfocando la cultura en la ciudad. Por ejemplo, considera que estos temas deben conocerse desde la niñez, pero no de la forma en que se limita a una sola expresión. Como, a su consideración, ocurre en los colegios, que solo se leen las obras de Gabriel García Márquez y dejan a un lado las de Ramón Illán Bacca o Marvel Moreno, por nombrar solo algunos. 

Para él, la cultura “se ha visto como un tema social”. Toni explica que hoy la gente que más consume cultura, que es más crítica y despierta con esos temas es la de “clase media para abajo”. 

“Si lo vemos desde un punto de vista estratificado, que lo detesto, pero son ellos los que ves en el Museo de Arte Moderno, los que se dan la pelea por la cultura, los que ves en la EDA. La —élite— no la consume. Entonces tenemos que hacer un esfuerzo porque algo no hicimos o no estamos haciendo bien. Porque la cultura es transversal, horizontal, vertical”, o sea para todos.

Daniela Murillo

Según él, también se deben pensar en “proyectos contemporáneos, que hablen un poco más de lo que está pasando en el mundo, que se abran también a la retroalimentación de lo que quiere la ciudad y no pretender que sabemos lo que quiere la gente, sino preguntarles qué les gusta”. Pues, para él, la inclusión es doble vía en la que se reciben sugerencias y propuestas que sumen a la visibilización de la cultura.

Todas estas inquietudes de Toni por la cultura parten del enriquecimiento cultural que adquirió desde que era un niño. Tanto su familia paterna, como materna contaban con gustos y preferencias artísticas. Sobre todo esta última, proveniente de Valledupar (Cesar), que tuvo una comunicación directa con diversos artistas del Caribe. 

“A pesar de que yo no vi mucho esa relación, sí he sido un receptor directo de lo que aquello dejó en la familia. Entonces hay una curiosidad constante por las cosas culturales, folclóricas, ancestrales, como también artesanales. En esa combinación siempre encontraba como una tierra muy fértil en mi familia por parte de mamá, entonces siempre me rodeé de eso”. 

Celia asegura que “hubiese sido algo raro que no estuviera interesado en la cultura”. Y así se proyectó. En el colegio se destacó por su activa participación en las obras teatrales, shows de comedias y todos los eventos culturales en los que podía estar.

Luego, antes de ingresar a la universidad, vivió un tiempo en Perugia, un pueblo de Italia en el que tuvo la oportunidad de trabajar en el Festival de Jazz de Umbría. Pero fue una oportunidad para estudiar en Boston (Estados Unidos) lo que lo trasladó nuevamente al continente americano. 

En Boston cursó su pregrado en estudios de comunicación, enfocado en cultura y política y trabajó en una institución sin ánimo de lucro con niños de escasos recursos, a quienes dictaba tutorías extracurriculares sobre escritura creativa y periodismo, entre otros. 

Toni dividía su tiempo entre las clases y trabajar en el departamento de curaduría y de marketing de una agencia de conciertos, en la que debía llevar artistas africanos y latinos a Boston. 

“Eran dos mundos paralelos en los que yo habitaba. Yo soy omnívoro en todo sentido de la palabra. Lo que yo consumo en cultura es de lo que a mí me sirve y lo que a mí me guste en el momento. Entonces, en el proceso de estar trabajando con esta gente y estar consumiendo mucha cultura y mucho arte, me empecé a adentrar mucho más en ese mundo medio alternativo de Boston hasta que me tuve que devolver a Colombia”.

Al llegar a Barranquilla, y a sus 24 años, obtuvo el cargo de coordinador de cultura del Banco de la República y del Teatro Amira De la Rosa. Allí estuvo desde finales de 2012 hasta principios de 2014. Para él, esta oportunidad laboral fue “un recuerdo fantástico”. 

“Esa era mi oficina, que yo podía llegar cualquier día del año a mi oficina y bajar el telón de Obregón y muchas veces lo hacía y me quedaba ahí sentado en la platea (...). Tenía un privilegio enorme que nunca desperdicié, que nunca tomé por sentado. Yo podía meterme en backstage y ver de cerca el detalle de esa obra tan enorme y fantástica”. 

De ahí se lanzó a trabajar por la cultura, junto con unos colegas creó espacios como Fiebre tropical, en el que juntaban las generaciones del Caribe alrededor de fiestas con diversos géneros musicales. En 2015 se mudó a Bogotá a trabajar como director de proyectos especiales de Semana y paralelamente era el director del proyecto Centro Gabo. Estos proyectos eran totalmente opuestos, pero asegura que siempre estuvieron “enfocados y dentro de lo cultural”. 

Fue en 2019, y luego de hacer su maestría en Nueva York, que regresó a Barranquilla. Su carrera profesional está ligada al arte y su vida personal también. Toni asumió el cargo como director en Uninorte a principios de marzo, antes de la pandemia y no ha dejado de trabajar por la cultura. Y lo seguirá haciendo. 

Este barranquillero asegura que, para seguir impulsando lo artístico, es necesario conocer realmente a Barranquilla pues, hasta ahora, “todavía existen varias versiones de la ciudad“ que “no la permite entenderla en todas sus dimensiones” y aumentan las divisiones. 

Te digo algo extra

 En 2017 regresó a Estados Unidos a estudiar su maestría en Arte, Cultura y Medios Digitales en la Universidad de Nueva York. Allá vivió casi dos años y tuvo la oportunidad de trabajar junto a Rubén Blades en un proyecto durante casi nueve meses. 

“Fue una gran oportunidad, no solamente por lo que estaba haciendo, sino porque Rubén es de las pocas personas en Latinoamérica que es totalmente transgeneracional, que tu papá idolatra y yo también, y mi hermanito también”.

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