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Giovanni, el primogénito de la familia Pizarro Dávila, nació el pasado 7 de mayo.
Orlando Amador Rosales
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“Las mujeres somos capaces de generar cambios en la sociedad” Marcela Dávila

La exsecretaria de Cultura, que a principios de este año asumió la dirección de la Fundación Promigas, presenta a su hijo, Giovanni Pizarro Dávila.

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Cuando Marcela Dávila se enteró en agosto de 2020 que estaba embarazada quedó “en shock”. La barranquillera se había hecho una prueba de embarazo y la “dejó olvidada” tras la visita de una amiga. Se acordó de ver el resultado “casi 10 horas después” y al ver el positivo se sorprendió. Marcela recuerda que su esposo, Giovanni Pizarro, estaba dormido, no sabía qué decirle, “pero obviamente la felicidad de los dos fue impresionante”. 

La barranquillera cuenta que vivió “un embarazo tranquilo y soñado”. No tuvo malestares y ambos gozaron de buena salud. Su bebé, Giovanni Pizarro Dávila, nació este 7 de mayo y antes de su llegada, Marcela y su esposo se prepararon para recibirlo. Leían artículos, escuchaban las experiencias de otras madres y pasaban días viendo videos en internet. Todo esto lo hacían para estar listos cuando fuese el momento de tener a su primogénito en sus brazos. A pesar de esto, la madre primeriza cuenta que cuando el bebé llegó la experiencia resultó “totalmente diferente” a lo planeado.

Su maternidad la describe como una experiencia en la que “conoce y aprende todos los días” de su bebé. Marcela cuenta que “cualquier cosita” que su niño haga, por más mínima que sea, “es un logro importante” que celebran. También confiesa que “se sorprende” de las capacidades que han tenido como padres, pues para ella la participación de la pareja en la crianza de un hijo “juega un papel muy importante en su desarrollo y crecimiento”. 

Resalta que “es muy lindo crear vida y, además, brindarle todo ese amor y toda esa atención que se merecen”. Marcela se siente plena y feliz con la llegada de su bebé y dice que “ellos vienen al mundo a enseñarnos muchísimas cosas y uno a darles todo el amor y prepararlos para que crezcan llenos de valores, de principios y de lo que uno crea que es lo mejor para que ellos enfrenten el mundo”.

La barranquillera considera que “hoy día los hombres están asumiendo un rol súper activo en la vida y el crecimiento de los niños”. Describe a su esposo como “un excelente papá” que ha sido su apoyo constante y se ha instruido junto a ella sobre la paternidad. Marcela cuenta que él estuvo junto a ella en cada una de las ecografías y que “le encantaba verlo emocionado” al sentir los latidos del corazón de Giovanni Jr. o las pataditas en el vientre de ella. 

“Es un ejemplo de papá. Él se levanta en las noches, le saca los gases, muchas veces juega con él y le cambia los pañales. Cuando el bebé está haciendo una siesta, él se lo trae al lado cuando está trabajando. Tiene un rol muy activo. Uno se termina enamorando muchísimo más de todo ese amor y cariño que le brindan ellos al bebé y el bebé también lo siente”.
Antes de conocer el sexo del recién nacido, Marcela y Giovanni acordaron que, si era niña, Marcela escogería el nombre y, si era niño, sería su esposo el que lo hiciese. Por eso, cuando se enteraron que sería varón, Giovanni lo llamó como él, pues “quiso seguir con la tradición familiar” y “se siente orgulloso” de que su hijo lleve su nombre. Para diferenciarlos, al niño lo llaman ‘Baby Gio’. 

 

Marcela mimando a su primogénito, Giovanni. Orlando Amador
No dejó de trabajar

Su embarazo no fue un impedimento o excusa para dejar o reducir sus labores como secretaria de Cultura del Atlántico. En ese cargo estuvo hasta enero de este año y asumió su nuevo rol como Directora Ejecutiva de la Fundación Promigas. Desde que supo de su gestación hasta el día de su parto, Marcela trabajó, continuó con su rutina de ejercicios y llevó su vida activa como de costumbre. 

“Muchas veces se ve al embarazo como una enfermedad, como —no puedo hacer esto porque estoy embarazada—. Al contrario, uno tiene más vida que nunca, tiene vida dentro”. Esa fue la motivación principal para que ella continuara con su trabajo. Para Marcela era “una fuerza doble, cargada de energía y ganas de hacer las cosas bien”. 

 

Marcela junto a Giovanni Pizarro, su esposo, y ‘Baby Gio’. Orlando Amador
Su gestión en la Gobernación

Marcela llega a la Fundación Promigas luego de nueve años de trabajo dentro de la Gobernación del Atlántico. Para ella, casi una década de experiencia le permitió tener “unas bases sólidas, una sensibilidad y una visión general” de cómo está el territorio atlanticense  para, desde allí, “ser ese apoyo para el desarrollo que necesitamos porque talento lo tenemos”.

Cuando la barranquillera mira su labor como Secretaria de Cultura dice sentirse orgullosa de ver cómo los festivales gastronómicos y artesanales actualmente se mantienen y cómo  sus participantes “han salido adelante con sus proyectos” que cuentan con mayor visibilización gracias a que su presencia en redes sociales atrae a más personas que compran sus productos a través de esta, incrementando sus ventas.

Durante su año de gestión trabajó, sobre todo, en la reactivación económica y cultural del Atlántico. Marcela le apostó a los procesos de responsabilidad y gestión social que, ahora como líder dentro de la Fundación Promigas, espera multiplicar, pues no solo abarca al departamento, sino que están presentes en 10 regiones más a nivel nacional. 

“Soy una persona agradecida con la vida y con Dios porque siempre me ha  puesto en una vida laboral donde he tenido la oportunidad de servirle a la gente y de acompañar a personas que lo necesitan a mejorar su calidad de vida y desarrollar sus capacidades. Creo que no hay algo más lindo que levantarse con las ganas de ayudar a alguien y dormirse con la satisfacción de que mi trabajo fue, y hoy en día es, ayudar a través de la gestión social”. 

A sus 31 años se encuentra viviendo su licencia de maternidad. No está totalmente desconectada de su cargo, pero sí espera disfrutar al máximo de esta etapa con su niño. “Aquí vamos a estar y luego estaremos en la oficina con el bebé también”, dice. 

Al volver, Marcela espera seguir con los proyectos que dejó en marcha y de los que dará información más adelante, pero adelantó que seguirá fortaleciendo la gestión social que tanto le apasiona. 

Esa vocación de servicio la heredó de sus padres que, desde que era una niña, los vio trabajar en pro de los demás. Por eso, espera inculcar en su bebé esos mismos valores. “Le voy a enseñar que no hay nada más satisfactorio que ayudar al prójimo para que puedan mejorar sus vidas porque esa es la satisfacción más grande que existe”. Marcela enfatiza que el embarazo y la maternidad “no es una limitación” y que hoy en día las mujeres “son capaces de ser mamás, trabajadoras y generar cambios” en la sociedad, sin dejar a un lado a su familia. 

“Sin centrarnos en la empresa, hoy en día la mujer es capaz de retarse y hacer cosas grandes. (...) Definitivamente aportamos muchísimo al desarrollo de la ciudad, al crecimiento de nuestros hijos y a la familia, entonces creo que tenemos esa capacidad de desarrollarnos bien en todos los aspectos y cada día estamos siendo cada vez más fuertes. El apoyo que nos damos las unas a las otras es digno de admirar”.

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