El Heraldo
Opinión

Nostalgia carnavalera

Mi nombre es Tonny Montealegre y sé que a nadie le dice nada, pero, si les cuento que yo era quien siempre acompañaba a Esthercita Forero en su carroza de la Guacherna durante todos los desfiles carnavaleros y en todos sus actos, tal vez entonces se acuerden de mí.

Estuve al lado de ella durante sus últimos 30 años y me consideraba su hijo adoptivo. Por eso el día del gran acto nocturno que ella presidía fui a presenciarlo y deseaba observarlo en la más cómplice soledad, aunque estuviera con mucha gente a mi alrededor.

Deseaba sentir esa nostalgia por su compañía, quería sentirla al lado mío comentándome cada cosa que veía, buscando la luna barranquillera que era como su hermanita mayor, y al día siguiente nos sentábamos los dos, solos otra vez, para hacer un balance de lo ocurrido. Esta vez no tengo a quien comentarle nada y lo quiero compartir con Barranquilla, a la que tanto ella quería. Vi una Guacherna muy bien organizada, casi como nunca.

También vi una tremenda cantidad de cachacos desfilando, pero haciendo lo que no saben hacer, queriendo bailar cumbia, porro, fandango. Yo pensaba, ¿acaso no hay quien les diga que están haciendo el ridículo tratando de hacer lo que no saben hacer? Sería bonito que vinieran a la Guacherna con su folclor, estoy seguro de que serían largamente aplaudidos. Otra cosa que comentarle a Esthercita, a través del pueblo barranquillero, es que exactamente le están alejando el carnaval a nuestra misma ciudad. Las gentes de Barranquilla se notaban como aburridas sin aquella euforia de otros tiempos. Cosa que La Novia de Barranquilla cuidó con mucho celo, que el carnaval no se alejara de sus creadores y hacedores, el pueblo barranquillero.

Por otro lado leí un comentario que decía que el día que el carnaval se estratifique, se acaba, información que llegó muy tarde, pues ya está totalmente estratificado. Antes existía un consenso de que en carnavales todos somos iguales, ahora me doy cuenta de que no somos tan iguales. A los grandes eventos tradicionales solo puede asistir, más o menos, un 40 por ciento del pueblo de clase media y baja, debido a sus altos costos y clasificación de los lugares para presenciar el carnaval que hacen los de la mitad hacia abajo y solo pueden pagar los de la mitad hacia arriba. Ojalá que Carnaval S.A. pueda conciliar este detalle, buena organización y acceso para todo el mundo en igualdad de condiciones.

Tony Evers Montealegre S 

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