Entrevista a Arturo Galvez Valega PHD en Derecho Internacional
Profesor de Uninorte en los programas de Derecho y Relaciones Internacionales.
No acatar el fallo de la Corte de La Haya propuso el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien sostuvo que Colombia debe seguir ejerciendo su soberanía en las aguas entregadas a Nicaragua pese a que se presenten tensiones. Indicó que si hay que llegar hasta el Consejo de Seguridad de la ONU a responder por desconocer esa decisión, debe hacerse. Qué tan factible es asumir esa posición sin que el país no sufra algún tipo de sanción internacional:
¿Es apelable el fallo de la Corte Internacional de Justicia?
No. Sus fallos tienen efecto de cosa juzgada, son definitivos e inapelables. En pocas palabras, esto obliga a las partes litigantes a acatar la decisión, en este caso a Colombia y a Nicaragua.
¿Se puede invocar algún recurso?
Recursos como tal no hay. La única causa que puede justificar la revisión de una sentencia, y es la posibilidad que podría surgir para el caso colombiano, es el descubrimiento de un hecho nuevo, algo desconocido en el momento de la lectura de la sentencia por parte del presidente de la Corte. En ese caso la parte perjudicada puede pedir una revisión siempre que tal desconocimiento no sea debido a una negligencia de dicha parte.
¿Y en el caso este en el que Colombia, a través del presidente Santos, afirma que la Corte cometió errores graves, que se equivocó y que se extralimitó frente al Tratado Esguerra-Bárcenas, cabe algún recurso?
La Corte de La Haya, digámoslo así, es el organismo estrella de las Naciones Unidas. Todo el mundo respeta a la Corte Internacional de Justicia y a nadie se le pasa por la mente discutir un tema de la Corte, porque los magistrados son escogidos minuciosamente y son juristas de larga experiencia. ¿Cuál es la filosofía de que no se pueden rebatir sus fallos? Es que si se pudiera hacer sería incompatible a sus estatutos y el decoro del tribunal, porque el dictar un fallo cuya valides estuviera supeditada a la aprobación posterior de las partes, eso no tendría sentido. Eso sería caótico y un conflicto eterno. Por eso las partes, desde el comienzo de un proceso, emiten una nota especial aceptando la jurisdicción obligatoria de la Corte, y tanto Colombia como Nicaragua debieron hacerlo.
¿El fallo compromete la soberanía nacional al romperse, como dice el Gobierno, la unidad o el concepto de archipiélago al dejar los cayos separados y unos enclavados en mar territorial nicaragüense?
No. Yo respeto al Presidente pero en el discurso de ayer uno se pregunta qué personas están asesorándolo y se pone a pensar cómo una Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, además de los asesores que él tiene, permiten que él diga que acepta una parte del fallo y otra no. Y dice que la parte que no acepta está violando la Constitución colombiana. El derecho interno de los Estados está subordinado al derecho internacional. Ese es un principio fundamental dentro de la convivencia internacional. Los tratados y fallos internacionales son para cumplirlos.
¿Qué tanto se puede desconocer la decisión de La Haya?
No se puede desconocer porque al hacerlo, en este caso, Nicaragua podría pedir la aplicación del numeral segundo del Artículo 94 de la Carta de las Naciones Unidas que dice que si una de las partes en un litigio deja de cumplir las obligaciones que le impone un fallo de la Corte, la otra parte podrá recurrir al Consejo de Seguridad el cual podrá, si lo cree necesario, hacer recomendaciones o dictar medidas con el objeto de que se ejecute el fallo. Discúlpeme la expresión: Nicaragua tiene el sartén por el mango. Así de claro.
Si se desconoce el fallo, ¿qué otras implicaciones pueden esperarse, habría sanciones económicas?
Claro, pero además Colombia, que se ha jactado de ser respetuosa del derecho internacional, entonces empezaría a quedar mal y la comunidad internacional se le puede venir encima. Por eso hay que ser muy cuidadoso en lo que se dice y cómo se dice. La justicia es la justicia y si nosotros no respetamos el derecho internacional, el mundo sería un caos, una guerra constante. JGF


