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Muerte de Chávez: ¿será sostenible el Socialismo del Siglo XXI?

"Apartes de dos informes elaborados por el Observatorio de Política y Estrategia en América Latina –Opeal— del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga sobre los desafíos inmediatos de la sucesión en Venezuela.s:3:"alt"

El deceso del presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías va a demostrar hasta dónde logró sentar las bases de la Revolución Bolivariana, como alternativa de gobierno sostenible para los venezolanos y con incidencia en la misma Región.

La consolidación del socialismo del siglo XXI estaba prevista en el Plan Estratégico 2013- 2019, elaborado por el extinto presidente Hugo Chávez. Le correspondería por lo tanto a Nicolás Maduro (si gana las elecciones) terminar el proyecto político, lo cual haría que el chavismo tome dos caminos: aumentar el control institucional para cerrar todos los espacios de participación a la oposición y lanzar una ofensiva legislativa para promulgar normas que garanticen la permanencia en el poder.

En ese camino de la consolidación, Maduro deberá lidiar con el desmejoramiento del crecimiento económico, la corrupción que afecta al gobierno venezolano, los altos niveles de inseguridad ciudadana y el descontento de parte de su población, por la restricción de algunos alimentos.

De acuerdo con la Constitución de Venezuela, ante la ausencia definitiva del Presidente se convocará a elecciones en los próximos 30 días. Si se respeta ese postulado, en el mes de abril se estaría desarrollando la jornada electoral, donde no hay dudas del triunfo del candidato chavista por las “ventajas de Estado” que posee. Sin embargo, el chavismo buscará, incluso por encima de la Constitución, permanecer gobernando el país. De acuerdo a lo conocido por el Observatorio de Política y Estrategia en América Latina, Opeal, el chavismo hará respetar “como sea” la voluntad de Hugo Chávez, quien designó a Nicolás Maduro como su sucesor legítimo.

De otra parte, es poco probable el escalamiento de la polarización por el sentimiento que embarga a todos los venezolanos ante el fallecimiento de su presidente. Además la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, impregnada del nuevo pensamiento militar venezolano creado por el Teniente Coronel Hugo Chávez, ya tiene un dispositivo militar en todo el país para prevenir eventuales desórdenes, y toda su cúpula en pleno ha jurado lealtad a la Revolución Bolivariana.
¿Crisis de gobernabilidad?

Desde hace unos días, el discurso de Nicolás Maduro se radicalizó progresivamente. Ha hecho reiteradas alusiones a las amenazas a la revolución, provenientes desde sectores de la oligarquía y de la burguesía, e inclusive ha sugerido una conspiración de naturaleza dual, endógena y exógena, como origen de la enfermedad —y en últimas, como causa de la muerte— del presidente Chávez. ¿A qué le apunta esta retórica del miedo?

Al exacerbar los ánimos y sugerir un escenario de crisis, el hoy presidente encargado podría estar aclimatando la declaratoria de un estado de emergencia que, en el peor de los casos, podría implicar una suerte de ‘auto-golpe‘, o, por lo menos, una postergación más o menos dilatada de las nuevas elecciones. Esto afectaría seriamente la gobernabilidad y la estabilidad política en Venezuela, acentuaría la polarización política y podría servir de detonante a estallidos de violencia y a enfrentamientos entre facciones.

El mejor y el peor escenario
La sucesión de Chávez será un proceso difuso, alineal y heterogéneo. En su desarrollo jugarán diferentes factores de riesgo. Entre ellos, hay que tener en cuenta específicamente tres: la mayor o menor celeridad con que se convoque a elecciones y el procedimiento con el que se justifique su eventual postergación, la radicalización del discurso del chavismo durante el interregno y el rol que juegue la oposición (y su capacidad para presentarse unida, aun previendo las dificultades para alcanzar una victoria).

El mejor escenario —es decir, el que menor riesgo de inestabilidad y crispación ofrece— es el de una sucesión ceñida tanto como sea posible al estricto sentido de las reglas constitucionales.

En el peor de los casos, un aplazamiento excesivo de las nuevas elecciones, la invocación de poderes de crisis y el establecimiento de un régimen de excepción, podrían combinarse en un cóctel sumamente volátil, que en nada favorecería ni la sucesión de Chávez, ni la estabilidad de Venezuela, ni la superación de los enormes desafíos que el Socialismo del siglo XXI en la versión del comandante-presidente deja, como legado forzoso, a los venezolanos.

Conclusión preliminar. En el mediano plazo solo se ha producido un cambio de dirigentes políticos dentro del chavismo. Después de 60 días de rigurosa preparación para "el manejo de crisis" en Cuba, el actual gobierno provisional de Venezuela tendría garantizado el relevo y sucesión del fallecido mandatario, sin mayores inconvenientes. Para la oposición el mayor desafío es conservar y aumentar el electorado que le dio más de siete millones de votos a Capriles enfrentando a Chávez. No obstante la coyuntural incertidumbre sobre el futuro de Venezuela, será explotada por el chavismo para obtener un apoyo mayoritario a su favor, donde la clave estará en la idealización de Chávez como "el Bolívar" del siglo XXI.

El factor económico
Como telón de fondo de la sucesión aparece la grave crisis económica que atraviesa Venezuela, tal vez una de las más graves de su historia reciente. El modelo económico del chavismo está empezando a pasar su cuenta de cobro, y asumirla impone adoptar medidas como la devaluación del Bolívar, decidida por el Banco Central hace unas semanas. En el contexto de las políticas asistencialistas y de beneficencia adoptadas por el chavismo, esas medidas podrían afectar lo que ya muchos venezolanos consideran como ‘legado’ de Chávez. No cabe duda de que la gobernabilidad económica será un factor fundamental en el proceso de sucesión y de consolidación de quien resulte elegido: y ese es un desafío que no envidian ni los chavistas ni la oposición.

¿Farc, fidelidad a Chávez?
Iván Márquez, segundo en la línea de mando de la guerrilla de las Farc, no puede ahora defraudar al extinto presidente Hugo Chávez, quien lo acogió por varios años en Venezuela, le garantizó una estadía segura e impulsó en la Asamblea Nacional la iniciativa de darles a las Farc estatus de beligerancia. El mandatario venezolano fue claro con el grupo guerrillero para que abandone la lucha armada y se acoja a un proceso de negociación. ¿Honrará el grupo guerrillero ‘el legado de paz’ del presidente Chávez?

Por Andrés Molano-Rojas y Jairo Delgado
Análisis del OPEAL –ICP

Andrés Molano-Rojas, director Académico del Observatorio de Política y Estrategia en América Latina-ICP. Profesor de Relaciones Internacionales Universidad del Rosario
Jairo Delgado, director de Análisis del Observatorio de Política y Estrategia en América Latina-ICP.

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