El gobierno del presidente Donald Trump lanzó una advertencia directa al ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello, en medio del nuevo escenario político que atraviesa el país tras la salida de Nicolás Maduro del poder.
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De acuerdo con fuentes citadas por la agencia Reuters, la administración de Donald Trump dejó claro que Cabello podría convertirse en un objetivo prioritario de Estados Unidos si no coopera con la presidenta interina, Delcy Rodríguez, y con las exigencias planteadas por la Casa Blanca.
Cabello, reconocido como una de las figuras más influyentes del chavismo y con control sobre organismos de seguridad señalados por violaciones a los derechos humanos, es visto por Washington como una pieza clave para evitar un colapso del orden interno durante la transición. Sin embargo, funcionarios estadounidenses desconfían de su historial represivo y de la rivalidad política que mantiene con Rodríguez, factores que, según las fuentes, podrían poner en riesgo la gobernabilidad.
Mensajes de presión y cálculo político
A través de canales indirectos, Estados Unidos hizo saber a Cabello que una actitud desafiante podría derivar en consecuencias similares a las enfrentadas por Maduro, quien fue capturado y trasladado a Nueva York para responder ante la justicia estadounidense por cargos de “narcoterrorismo”. Incluso, se le advirtió que su seguridad personal podría verse comprometida si opta por obstaculizar el proceso.
El propio Trump reconoció que la operación contra Maduro dejó “mucha muerte en el otro lado, desafortunadamente. Pero muchos cubanos murieron ayer tratando de protegerlo” y señaló que una acción directa contra Cabello podría provocar la reacción violenta de los llamados colectivos, grupos de civiles armados afines al chavismo, lo que desataría un escenario de caos que Washington busca evitar.
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La posible reacción de estos colectivos es uno de los principales factores que pesa en la estrategia estadounidense, cuyo objetivo inmediato es garantizar una relativa calma que permita avanzar en la reapertura del sector petrolero venezolano a empresas norteamericanas, sin necesidad de una intervención militar directa.
Primeros movimientos del gobierno interino
En sus primeras decisiones como presidenta interina, Delcy Rodríguez designó al general Gustavo González López al frente de la Guardia de Honor Presidencial y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). González López, sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea, había sido apartado de su cargo como jefe de inteligencia en 2024 y posteriormente se integró a PDVSA como responsable de asuntos estratégicos.
El nombramiento generó interpretaciones encontradas, dado que el general es considerado cercano a Cabello. No está claro si se trata de un gesto de continuidad dentro del chavismo o de una redefinición de alianzas internas tras la caída de Maduro. González López reemplaza al general Javier Marcano, cuya gestión quedó bajo cuestionamiento tras la captura del exmandatario.
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Por otro lado, Rodríguez también anunció la llegada de Calixto Ortega, ex presidente del Banco Central, como nuevo vicepresidente del área económica.
El papel de la inteligencia estadounidense
La estrategia de Washington se apoya en una evaluación confidencial de la CIA, según la cual los colaboradores más cercanos de Maduro estarían mejor posicionados para asumir un control transitorio del país. Forzar un relevo inmediato, podría desencadenar fracturas internas o intentos de golpe de Estado.
Entre las exigencias planteadas por Estados Unidos figuran la apertura del mercado petrolero en condiciones favorables para compañías estadounidenses, una ofensiva contra el narcotráfico, la salida del personal de seguridad cubano y el cese de la cooperación con Irán. La Casa Blanca espera señales concretas en el corto plazo y no descarta utilizar como mecanismo de presión los activos financieros de Rodríguez, ya identificados por las autoridades.
Finalmente, un portavoz del Departamento de Justicia aseguró que la operación “sigue siendo una operación de aplicación de la ley y aún no hemos terminado”. Mientras tanto, Washington intenta sumar apoyos entre otros altos y medianos funcionarios venezolanos para allanar el camino hacia un gobierno alineado con sus intereses.
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Pese a la imagen de cohesión que han mostrado Rodríguez, Cabello y otros dirigentes chavistas, persisten dudas sobre si ese frente común logrará sostenerse a lo largo del proceso de transición política.





















