Más de 36 millones de colombianos están convocados hoy a las urnas para elegir al próximo presidente de la República, tras una frenética campaña en la que los aspirantes han podido exponer sus propuestas en casi una cuarentena de debates, en actos multitudinarios, en universidades, en folletos divulgativos.
Los ciudadanos no se podrán quejar de falta de información en el momento de depositar su voto en la que, por varias razones, es una de las elecciones más cruciales de la historia reciente de la nación. Quizá la más importante de esas razones es la convivencia: el país difícilmente podrá salir del pantano en que hoy se encuentra si se mantiene el clima irrespirable que impera en la política y que se ha contagiado a la sociedad.
Una democracia de calidad no se practica exclusivamente en las elecciones; pero estas son, sin duda, la herramienta por excelencia para que los ciudadanos expresen su poder, ya sea para cambiar las cosas o para apostar por la continuidad si consideran que lo que se presenta como novedoso ofrece menos tranquilidad que lo conocido.
Desde EL HERALDO, diario comprometido desde su nacimiento con los principios democráticos, llamamos a los ciudadanos para que ejerzan con libertad e independencia el derecho al voto. Invitación que no riñe con que expresemos nuestra opinión sobre lo que necesita Colombia de su próximo gobernante en esta coyuntura histórica.
Nuestro país necesita, en primer lugar, pasar la página de la confrontación y huir de los discursos de ira y resentimiento que tanta energía nos sustraen en nuestros esfuerzos de modernización. Para mejorar la convivencia será esencial el manejo que se dé a la implementación del Acuerdo de Paz: lograr puntos de encuentro en un tema tan espinoso, que ha provocado hondas fracturas en la sociedad, exigirá un liderazgo que aúne firmeza y capacidad para la búsqueda de consensos amplios.
Colombia necesita también encontrar una fórmula inteligente que le permita reducir las brechas económicas y sociales y, al mismo tiempo, cultivar la confianza de empresarios e inversionistas, sin la cual es imposible la generación de riqueza. El país debe apostar por una cultura de rigor y seriedad en la gestión pública y evitar aventuras demagógicas que puedan arrastrarlo por caminos que más tarde pueda lamentar.
Y, por supuesto, Colombia debe redoblar los esfuerzos para desterrar la corrupción, termita insaciable que carcome con igual voracidad recursos económicos y valores.
Hechas estas reflexiones, solo nos queda desear que, en los comicios de hoy, gane la opción con más capacidad para defender nuestros intereses como nación.








