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El Editorial | Respetemos la vacunación

La vacunación se confirma como la herramienta más efectiva contra el virus en reducción de contagios y mortalidad de la población priorizada. Acelerar el ritmo de inoculación y actuar con responsabilidad para no saltarse la fila son compromisos que todos debemos asumir.

Modificar el Plan Nacional de Vacunación es una decisión acertada para hacer frente a la expansión de la pandemia de covid-19 que sumó más de 10 mil fallecidos durante abril, el mes con más decesos desde el inicio de la emergencia sanitaria en Colombia donde ya se superaron los 3 millones de casos. Entre las actualizaciones más notables, la inclusión de personas entre 50 y 59 años en la etapa 3, que se iniciará a finales de este mes, y la población entre 16 y 59 años con factores de riesgo frente al virus, como enfermedades de base, obesidad, trasplantados, y pacientes con síndrome de Down, esquizofrenia, trastorno bipolar y autismo.

Determinación sensata y oportuna basada en evidencia científica que alivia la angustia de miles de familias cuyos seres queridos con comorbilidades –como discapacidad intelectual, trastornos mentales y desórdenes neurológicos– no habían sido priorizados en las primeras etapas de la vacunación. Incluir a las personas entre 40 y 49 años en la etapa 4 reconoce que la edad sigue siendo el factor de mayor riesgo, mientras que en la última etapa se administrarán dosis para los de 16 a 39 años sin enfermedades de base, arrancando por el segmento de 30 a 39 hasta llegar a los más jóvenes.

Aun inmersos en la dramática realidad de esta tercera ola que sumó otros 987 fallecidos en el país, el fin de semana, cada vez hay más certeza de que lo único que detendrá la pandemia no son las restricciones quebrantadas durante las movilizaciones de las últimas jornadas, sino vacunar lo antes posible al mayor número de personas. Ministerio de Salud y entidades territoriales deben acelerar el ritmo de la inmunización de los mayores de 60 a 65 años, más de 2,5 millones de compatriotas, para cerrar a tiempo esta etapa y concentrarse en lo más desafiante del proceso: vacunar a cerca de 13 millones de personas en las etapas 3 y 4, y a otras 15 millones, en la etapa 5. Un reto que exige a EPS e IPS un renovado compromiso para ofrecer información oportuna a los usuarios y un agendamiento eficaz.

Luego de superar las 6,2 millones de dosis administradas, y completar esquema en 2,3 millones de personas, la clave está en aplicar 250 mil dosis diarias. En lo que resta de este mes se espera el arribo de 5,6 millones de dosis para asegurar suministro suficiente. En junio y julio son esperadas las vacunas de Moderna y Janssen, esta de una sola dosis, con las que se abre el portafolio de biológicos en el país, y no se descarta la autorización del Invima para la rusa Sputnik V. Se empieza a despejar el panorama de la vacunación, la herramienta más efectiva contra el virus. Aunque el contagio ha aumentado debido a la presencia de nuevos linajes más transmisibles, la cobertura de la vacunación en los mayores de 80 años, e incluso de 70, está reduciendo, según informes preliminares, su incidencia de enfermedad grave y la mortalidad. También en los profesionales del sector salud. Son buenas noticias que llenan de esperanza.

Sin embargo, casos como el del cantante vallenato Rafael Pérez y su esposa, Milagros Villamil, priorizados por la Clínica Oriental del Caribe de Soledad, un ‘cascarón’ que no presta en la actualidad ningún servicio de salud, e inmunizados en el Hospital de Malambo, en un aparente incumplimiento de lo contemplado en el plan de vacunación, le restan credibilidad a un proceso basado en la confianza y exigen una rápida actuación de los entes de control encargados de supervisarlo para establecer responsabilidades y sanciones, si hay lugar a ellas.

Queda en la opinión pública un sinsabor acerca de la rigurosidad con la que se gestiona la aplicación de las dosis destinadas a los adultos mayores y al talento humano en salud. Saltarse la fila de la vacunación es una conducta moralmente inaceptable que pone en entredicho la ética de quienes lo consienten. Una situación inaceptable que puede escalar a un hecho extremadamente más grave si se confirma la existencia de ‘carruseles’ o carteles lucrándose de la distribución de las dosis de las vacunas. Extremar los controles es lo que corresponde para garantizar que se atienda primero a quienes más las necesitan.

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