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El Editorial | Alternancia suspendida, nuevo traspié

La pausa en el reinicio de la educación presencial por el repunte de los contagios debe aprovecharse para acelerar la adecuación de los centros escolares, enriquecer protocolos de bioseguridad y despejar dudas de la comunidad educativa con miras al retorno a las aulas.

Salud o educación? No es edificante caer en el falso dilema al que nos empujan los detractores de la imprescindible educación presencial en Colombia. El repunte de contagios y muertes por la tercera ola del virus con su consecuente saturación del sistema hospitalario y ocupación de ucis al borde del colapso llevó a las autoridades educativas de Barranquilla, Atlántico, y de otras regiones a tomar la decisión de suspender la alternancia en colegios oficiales y privados, sin que se conozca a ciencia cierta cuándo será posible retomarla.

A pesar de que el 97% de las secretarías de educación del país iniciaron el retorno gradual, seguro y progresivo de la presencialidad, la Defensoría del Pueblo advirtió que apenas 1.066.765 alumnos de los 9.229.890 matriculados para el año escolar en curso, en instituciones públicas, regresaron a las aulas, lo que equivale al 11,6% del total nacional. Una proporción realmente insignificante que no compensa el enorme daño cognitivo y socioemocional que la falta de clases presenciales ha causado en niños, niñas y adolescentes, que en su gran mayoría completaron más de un año encerrados recibiendo educación únicamente a distancia. 

Sin herramientas tecnológicas, e incluso ayudas pedagógicas adecuadas para su correcto aprendizaje, 2020 fue prácticamente un año perdido para los alumnos, especialmente los de escasos recursos, y este 2021 no puede ser otro año fallido para su educación.

En Barranquilla, Soledad, Malambo y otros municipios del Atlántico quedó demostrado que volver a los salones de clases bajo protocolos de bioseguridad sí era posible, y aunque en la actualidad el agravamiento de la emergencia sanitaria recomiende no continuar con la alternancia es prioritario que una vez se controle la incidencia de este atípico tercer brote se garantice el regreso de las clases presenciales mediante esquemas de asistencia regulada en las instituciones que habían dado este importante paso o estaban en proceso de hacerlo, 71 privadas y 47 oficiales en la capital del departamento.

Sin embargo, es inaceptable quedarse con este reducido número de colegios en alternancia, apenas el 21% del total de los 557 centros educativos de la ciudad. Las secretarías de educación de Barranquilla y Atlántico, en coordinación con las de salud, deben acelerar este proceso facilitando las condiciones para que más estudiantes vuelvan a la presencialidad. La hoja de ruta está definida. Desde diciembre de 2020, el Ministerio de Educación asignó recursos para financiar los planes de alternancia, y este tiempo obligado de suspensión de clases en las aulas por las actuales restricciones debe ser aprovechado al máximo para generar las condiciones del retorno, entre ellas mejoramientos y adecuaciones de instalaciones, adopción de protocolos sanitarios e implementación de una estrategia de pruebas semanales a integrantes de la comunidad educativa.

Los recintos escolares no son considerados grandes focos de contagio, y aunque no estarán exentos de la ocurrencia de casos pueden ser lugares seguros con las medidas de prevención correctas. La experiencia lo confirma. Por el contrario, privar a los niños y jóvenes de los beneficios de la formación presencial profundizará aún más la brecha educativa de los alumnos de sectores urbanos vulnerables y la ruralidad, e impactará gravemente el desarrollo socioeconómico del departamento por el retraso educacional de esta generación.

Evitar que los menores de edad permanezcan por tiempo indefinido fuera de las aulas, lejos de sus compañeros, sin la orientación cercana de sus profesores, y expuestos a distintas violencias en sus hogares, debe ser causa común entre los ciudadanos para resolver los enormes desafíos del sector y no un nuevo motivo de discordia que enfrente a representantes de la sociedad con los docentes y sus sindicatos o grupos políticos afines. Nadie debería apartarse de un asunto tan sensible que sigue encontrando reticencias válidas, y otras no tanto, en voceros del gremio que piden apresurar su vacunación. Que esta no se retrase, como tampoco el retorno de los niños a los salones de clase, el único lugar donde merecen estar. Su equilibrio emocional y desarrollo integral están en juego.

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