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El Editorial | ¿Nos acercamos a una cuarta ola?

Autocuidado, vacunación y aislamiento, estrategias en las que insiste el Ministerio de Salud de cara a un nuevo brote, del que no se escaparía Barranquilla ni el resto del Atlántico. Pese a que el avance de la inmunización evitaría una elevada letalidad, no conviene subestimar el momento.

Colombia experimentaría una cuarta ola de covid en octubre. El aumento de la positividad en Medellín o el incremento de infecciones en Atlántico –cerca de 2 mil en seis días–, así como la expansión de la transmisible variante delta –evidente ya en varias zonas del país, entre ellas Antioquia– son señales que no se pueden pasar por alto. Anticiparse a un nuevo pico solo será posible si las regiones están alerta a cambios, así sea menores, en los indicadores epidemiológicos que miden la evolución de la pandemia: el índice de positividad, la ocupación de uci y el número de casos y fallecimientos. La clave para romper las cadenas de contagio y asegurar protección ciudadana, mediante un aislamiento oportuno, sigue estando en la cantidad de pruebas realizadas. Sin las muestras necesarias, responsabilidad directa de las secretarías de Salud territoriales y de las EPS, se corre el riesgo de que la mortalidad vuelva a dispararse, como ocurrió en los picos anteriores. Un aprendizaje que no se debería soslayar bajo ningún motivo.

Pese al control de los indicadores de salud pública en Barranquilla, ni las autoridades sanitarias ni reconocidos epidemiólogos descartan un nuevo brote. Las razones son simples, el virus continúa circulando, la ciudadanía ha relajado sus medidas de bioseguridad o el cumplimiento de protocolos durante los últimos dos meses, y aún es considerable la población susceptible de enfermar y sufrir eventos severos como hospitalizaciones e incluso, muertes. En otras palabras, las personas que no se han contagiado o vacunado son las que, hoy por hoy, corren mayor riesgo de cara al cuarto pico. Las cifras confirman que los nuevos casos de covid en la ciudad corresponden a quienes en un 95 % no se han inmunizado.

Evitar que se repitan las historias de sufrimiento que hemos conocido a lo largo de estos casi 19 meses está en manos de todos y cada uno de nosotros. Más allá de mirar hacia el otro lado y de espetarle al vecino un indolente sálvese quien pueda, conviene entender las circunstancias del actual momento que aún exige compromisos individuales y colectivos. Esperar que las autoridades ordenen duras restricciones, confinamientos o suspensión de actividades productivas, deportivas o sociales es un escenario poco probable, sobre todo porque la vacunación, a pesar de sus altibajos, alcanza 70,9 % de aplicación de primeras dosis y 45,6 % de esquemas completos, a nivel nacional, si se toma como referencia una inmunidad colectiva del 70 %. Si se evalúa sobre la base del 100% de la población, aún queda camino para llegar a la cobertura del 50 %, con al menos una dosis.

Los mayores desafíos para disminuir velocidad de transmisión y contagio, frente a una eventual cuarta ola, se concentran en la renuencia de los más jóvenes a vacunarse. Menos del 16 % de las personas que tienen entre 20 y 29 años cuentan con esquema completo, mientras que en las de 30 a 39 años, ese porcentaje se sitúa en 26 %. No deja de ser preocupante que la fuerza laboral del país, la más expuesta a infectarse en el transporte público, en sus ambientes de trabajo o en sitios de ocio, se resista a inmunizarse, cuando existen medios para hacerlo. Su decisión personal de no vacunarse, tarde o temprano impactará a su círculo más cercano o al entorno en el que se desenvuelve. Indiscutiblemente, este es un debate en el que se debe insistir ante los más reticentes, porque la evidencia científica confirma las bondades de las vacunas en la reducción de casos, hospitalizaciones y decesos, en especial en los mayores de 60 años. 

En Barranquilla existe una confianza razonable en que un nuevo brote no desencadenará una letalidad como la de la primera o tercera ola, pero nadie debería subestimar el impacto de un eventual cuarto pico. El inicio de la vacunación en los colegios oficiales, para los mayores de 12 años, es un paso significativo porque apunta a cerrarle espacios al virus tras el regreso a las aulas. La pandemia no ha terminado, no se debe olvidar, pero si se retoma el autocuidado, acelera la vacunación y aíslan los casos detectados se podrán mitigar los efectos de una cuarta ola. Asumamos con responsabilidad esta fase crítica que podría ser la última antes de recuperar una práctica normalidad.

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