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¿Suavizar el aislamiento o extender el confinamiento? Es la nueva encrucijada que hoy mantiene en el ojo del huracán a los gobernantes de buena parte del mundo, luego de prolongar los encierros de sus ciudadanos.

Salir de la pandemia del coronavirus puede tomar meses o años, mantener indefinidamente el encierro de millones de ciudadanos – mientras se logra una vacuna – no es viable y un confinamiento único y prolongado no será suficiente para detener el virus. En ciencia, la evidencia cambia de manera permanente y hoy científicos de Estados Unidos estiman que se requerirán períodos repetidos de aislamiento social para mantenerlo a raya y lograr que los hospitales no colapsen por la demanda de atención simultánea para un elevado número de personas infectadas.

¿Suavizar el aislamiento o extender el confinamiento? Es la nueva encrucijada que hoy mantiene en el ojo del huracán a los gobernantes de buena parte del mundo que, luego de prolongar el encierro de sus ciudadanos durante semanas, evalúan cómo relajar las restricciones impuestas. Dar un paso en falso en esta coyuntura puede resultar catastrófico porque los podría retornar a los peores índices de contagios y muertes que están dejando atrás, como en el caso de España e Italia.

En medio del escándalo que ha desatado la lamentable y desafortunada suspensión de la financiación estadounidense a la Organización Mundial de la Salud ordenada por el presidente Donald Trump en plena pandemia, la entidad enciende las alarmas y advierte a los países que deben tomarse su tiempo antes de iniciar una transición para levantar el confinamiento.

Cualquier determinación de salud pública que se adopte debe ser gradual, tener en cuenta la velocidad y escala de transmisión del virus e ir acompañada de una estrategia de reacción para actuar de inmediato si se pierde el control de los contagios. Realizar el mayor número de pruebas virales generalizadas es una estrategia en el camino correcto. Experiencias en países como Corea del Sur e Islandia, que han tenido un enfoque vigilante de la enfermedad y han practicado decenas de miles de pruebas a sus ciudadanos, lo confirman.

En Colombia, donde la curva de contagios se ha venido conteniendo en un gran esfuerzo de las autoridades y los ciudadanos, no puede haber lugar para la autocomplacencia. Hay que andar con pies de plomo frente a los próximos pasos que se deben dar y examinar todos los riesgos epidemiológicos y beneficios socioeconómicos del desmonte escalonado del confinamiento. El Ministerio de Salud ya está trabajando en protocolos de bioseguridad para el retorno de determinadas actividades sociales, económicas y productivas después del 27 de abril cuando termine la prolongación del aislamiento.

En este nuevo escenario, que debe ser evaluado día tras día a partir del análisis de la curva de contagios, resultan imperativas las normas de estricto distanciamiento social que garanticen la mitigación, control y propagación del virus. Disposiciones que tendrán que ser implementadas por los alcaldes y gobernadores del país, bajo la vigilancia y control de la Policía.

Sin embargo, lo más importante es la disciplina social. Colombia no es Dinamarca, donde los colegios están reabriendo respetando el distanciamiento social, o Suecia, donde se ofreció un concierto para 40 personas con todas las medidas preventivas. No hay que llamarse a engaños y está claro que si los ciudadanos no toman conciencia y cumplen con responsabilidad individual y colectiva los protocolos que se establezcan para desmontar gradualmente el confinamiento, ninguna medida de bioseguridad será útil y se correrá el riesgo de volver al aislamiento obligatorio. Uno de los desafíos más complejos estará en el manejo del transporte público masivo, en el que se deben tener en cuenta los horarios de mayor afluencia para evitar aglomeraciones y sobrecupos que pongan en riesgo la salud de los usuarios.

El coronavirus llegó para quedarse. Frente a este brote que sigue extendiéndose por el mundo sumando contagios y víctimas mortales, hay más suposiciones que realidades y es mejor ser cautelosos y estrictamente rigurosos dándole validez a los conceptos científicos por encima de los políticos o económicos. Confiar en la ciencia es lo que toca, es lo que siempre se debió haber hecho.