La muerte de Ismael Escorcia Medina, creador del disfraz El Descabezado del Carnaval, ocurrida el pasado lunes a sus 95 años, ha generado un silencio repentino entre los amantes de la fiesta cultural más grande del país.

Se ha marchado el creativo y entusiasta hombre que logró darle forma a una de las propuestas más estremecedoras y, paradójicamente, pacíficas que ha brotado en medio del bullicio de las carnestolendas. Este es un símbolo que durante 73 años ha causado algo de miedo entre los más pequeños por su realismo y esa sangre que brota del cuello, pero que, visto con atención, no busca aterrorizar sino enviar un mensaje que invita a ponerle freno a los violentos.

Don Ismael nació el 17 de febrero de 1930 en Calamar, Bolívar, y desde niño conoció el horror mientras jugaba a orillas del río Magdalena, donde en lugar de ver peces o canoas, vio pasar cuesta abajo cadáveres sin cabeza. También sufrió en carne propia la persecución política, pues su familia liberal era objetivo en un pueblo dominado por conservadores, por lo que llegó desplazado a Barranquilla, donde tomaría aquellos macabros recuerdos y los transformaría en disfraz para burlarse de la vida misma.

El golpe definitivo llegó el 9 de abril de 1948, cuando asesinaron al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. A Ismael le dolió tanto aquel crimen y la violencia desatada que prometió homenajear a las víctimas de la violencia; el inquieto hombre se valió de algunas estructuras metálicas, maquillaje, un machete y creó un cuerpo que camina sin cabeza para recordar que Colombia ha sido capaz de perder la razón demasiadas veces.

El Descabezado apareció por primera vez en el Carnaval de 1954, y se puede decir que lo hizo “vestido de espanto” para que nadie pudiera ignorarlo. Su figura no es exagerada, y en palabras de su creador “es una protesta pacífica camuflada en la fiesta”, una denuncia que se mueve al ritmo de la música.

Lo dijo él mismo Ismael en 2022, en entrevista concedida a Juan Rincón Vanegas, colaborador habitual de esta casa editorial. “La historia mía es para hacer una película o un libro. Ya son cuatro generaciones que se han puesto el disfraz de El descabezado y lo que falta”. Luego explicó el sentido profundo de su obra: “Pude disfrazar la muerte y ponerla a andar como un rechazo a la violencia que aún se mantiene. En realidad, es una protesta pacífica en medio de la alegría del Carnaval”.

Ese es, quizá, el mayor mérito cultural de Ismael Escorcia, pues entendió que el Carnaval no solo es goce, también puede ser reflexión.

Por eso El Descabezado es ya un ícono de la fiesta, como lo expresó la gestora cultural Diana Acosta: “Encapsula un mensaje de rechazo a los violentos. Don Ismael siempre fue un hombre de paz, el más que nadie conoció desde niño el dolor que genera la violencia y desde aquí supo gritarle al mundo un mensaje de paz”.

La grandeza de esta historia es también familiar. El Descabezado no ha sido sostenido por una institución, ni por un presupuesto, se mantiene de pie por sangre y afecto de cuatro generaciones de una familia que entendió que el legado se honra manteniéndolo vivo. Y ahí sobresale Wilfrido Escorcia, su hijo, quien fue Rey Momo del Carnaval de Barranquilla en 2009, coequipero de la soberana Mariana Schelgel Donado.

Wilfrido lo dijo con orgullo en el funeral de su papá, donde en medio del dolor sostuvo que don Ismael quería que su disfraz siguiera vivo, y eso es lo que hará con la ayuda de nietos y bisnietos. “Mi papá no ha muerto, él vivirá en el corazón de todos los carnavaleros”.

Esta despedida ocurre en un contexto doloroso, hoy cuando culmina enero, el primer mes del año se llevó a don Ismael y también a otras figuras de la cultura como el director, productor y actor Salvo Basile, el italiano más colombiano o el cantante de música popular Yeison Jiménez. Este tal vez este sea el momento de recordar que las figuras culturales no pueden ser homenajeadas solo cuando mueren, sino que su legado debe ser protegido.

Hoy Barranquilla llora, pero también debe mirar con responsabilidad lo que deja Ismael Escorcia Medina, una propuesta que exige a gritos no normalizar la violencia.

Si algo debe quedar claro tras su partida es que El Descabezado no es un monstruo del Carnaval, el verdadero monstruo es la violencia que lo inspiró.