En Baranoa la Navidad no se despide con prisa. Aquí se queda, respira y se transforma en teatro, música, danza y especialmente en actos de fe. La noche de este sábado, la Loa de los Santos Reyes Magos cumplió 148 años de realizarse de manera ininterrumpida, lo que le permite a al “Corazón Alegre del Atlántico” seguir latiendo al ritmo de sus tradiciones y cuidarlas como un tesoro colectivo.

La Plazoleta ‘Manuel Patrocinio Algarín’ fue el lugar donde más de cuatro mil personas disfrutaron de manera gratuita del evento que también llegó a todos los hogares costeños a través de la señal del canal regional Telecaribe.

La tradición oral, trasmitida de una generación a otra, da cuenta que quien empezó a buscar actores espontáneos, asignar papeles y dirigir personalmente los ensayos fue el cura de origen español Santiago Acosta, quien fuera párroco de Baranoa a finales del siglo XIX. Así que sostener esta propuesta, legada desde España y que se acerca al siglo y medio, es una tarea obligada para el pueblo de Baranoa, al que como dato curioso un grupo de españoles que pasan el inicio de año en la costa Caribe reservó un lugar para disfrutar al máximo de todo el talento atlanticense.

Ahora bien, esta propuesta de carácter cultural y religiosa no es solo una representación escénica que narra el viaje de Melchor, Gaspar y Baltasar hasta Belén para adorar al Niño Jesús. La Loa es identidad pura, es el punto de encuentro entre lo heredado y lo reinventado. Mantenerla más viva que nunca habla bien de una comunidad que entiende que la tradición es vital para reconocerse y de ahí en adelante construir bases sólidas para sostenerla con el paso del tiempo.

Este 2026 la Loa llegó renovada, sin perder su esencia. El relevo generacional que hoy la lidera demuestra que el respeto por lo ancestral puede caminar de la mano con la innovación. El grupo de jóvenes que ha tomado el mando en las distintas áreas para brindar una propuesta mucho más dinámica (incluye actores en condición de discapacidad), a la cual se ha acompañado con mucha tecnología.

En esta edición 2026, el público se topó con un escenario de más de 340 metros cuadrados, pasarelas que acercaron a los actores con los espectadores y cerca de 70 metros de pantallas digitales, diseñadas para generar una experiencia inmersiva.

Detrás de cada acto hubo seis meses de disciplina y amor por el arte. Jóvenes como Nathaly Maecha y las otras nueve bailarinas que se sumaron al elenco han tenido que reconfigurar su formación, dejar atrás movimientos propios del arnaval y sumergirse en la investigación de la danza árabe, del vestuario y de la expresión corporal. “Tuvimos un taller de danza árabe porque muchas chicas veníamos de bailar en comparsas, entonces fue como reconfigurarnos a este baile árabe. Muchas veces hacíamos movimientos predeterminados que nos salían naturalmente por nuestros procesos en danza, y nos tocó investigar a fondo para comprender lo que se intenta transmitir en la Loa”.

Por su parte, Edmar Páez, director escénico de la Loa, cuenta que fue este domingo cuando la Navidad dijo adiós, tras el bautizo del Señor, esta tradicional puesta en escena resultó ideal para despedir la época más linda del año. Edmar resalta el relevo generacional que ha tenido la Loa que está dividida en cuatro actos esenciales: el interrogatorio de la guardia a los Reyes Magos, el diálogo del rey Herodes con Melchor, Gaspar y Baltasar, la adoración de los reyes al Mesías y la soberbia de Herodes por el no regreso de los Reyes Magos a su palacio imperial.

“Es la primera vez que como baranoero estoy al frente de la dirección escénica de la Loa de los Santos Reyes Magos, y así hay muchos compañeros más, jóvenes también, que por primera vez están participando de la Loa. Entonces esto también ayuda a la juventud a que exploten sus talentos artísticos y esto a mí que había estado ligado a la Loa desde hace mucho tiempo me llevó a capacitarme, a estudiar arte dramático”, le dijo a EL HERALDO el joven que por años encarnó al diablo, un personaje que con su risotada atrae la atención de todos.

La Loa de los Santos Reyes Magos es más que un evento en la agenda cultural del Atlántico que apenas abre sus primeras páginas, es una declaración de amor por lo propio y una prueba de que cuando un pueblo cree en su tradición, esta no envejece, sino que se renueva, se fortalece y sigue iluminando, como la estrella de Belén, que marca el camino de las nuevas generaciones.