Qué barranquillero no tiembla de emoción cuando, entre el sonido rítmico de las tamboras y el clarinete, se abre paso la voz de Nury Borrás que entona aquello de “por la rivera se ven...”.

El himno del maestro Adolfo Echeverría habla de “las cuatro fiestas”, una cadena de celebraciones que nos alborota los sentimientos más atávicos con nuestra tierra y que arranca con las Velitas, en la madrugada del 8 de diciembre. Le siguen la Navidad y el Año Nuevo y, como broche de oro, el delirio del Carnaval.

De modo que estamos hoy a punto de poner en marcha esa espiral festiva que se prolongará casi tres meses. Pasada la medianoche, y siguiendo una de las tradiciones más arraigadas en nuestro patrimonio cultural colectivo, encenderemos en el frente de nuestras viviendas estrellas y faroles, los cuales, como dice la canción, brillarán como estrellitas en la madrugada de Curramba.

Pero este año es diferente a los demás. Porque, antes de que prendamos las velitas, es posible que a las cuatro fiestas se sume otra por adelantado: la victoria del Junior en su duelo de hoy ante el América de Cali. Una estrellita que se añadiría a las nueve con que cuenta ya el equipo amado de los barranquilleros y a las miles que horas después del partido iluminarán el cielo de la Arenosa.

¿Ocurrirá el milagro de que tengamos esta vez cinco fiestas? Al menos estadísticamente, las probabilidades son altas. En primer lugar, porque los Tiburones juegan hoy como visitantes, y se da la particularidad de que, de las nueve estrellas que tiene bordadas en su escudo, siete las ha conseguido fuera de casa.

Pero es que, además de esa circunstancia sin duda curiosa, el grupo pilotado por Comesaña se encuentra en un momento inmejorable de cohesión y armonía, lo cual no es baladí en un deporte que se basa en el esforzado trabajo en equipo. Tranquiliza saber que nuestros muchachos, con Teo y Viera a la cabeza, son bien conscientes de que hoy tendrán que trabajar como hormigas, hombro a hombro, con humildad y tesón, para conseguir la victoria. Que no hay cupo para más estrellas que la décima.

Todos estaremos animando hoy a nuestro equipo del alma, cuyo excelente desempeño se merece el mejor de los desenlaces. Y si las cosas salen como anhelamos, celebraremos la primera fiesta de la tanda y empalmaremos la alegría futbolera con el encendido de las velitas. O sea, ¡moñona!

Hoy será, pues, un día de emociones. Esperamos, ni más faltaba, que nos llegue la nueva estrella. Pero, por encima de todo, lo que importa es disfrutar: tanto del talento de los tiburones como, horas después, del brillo de las velas. Que nada logre empañarnos la alegría.