El Heraldo
Orlando Amador - Josefina Villareal
Cultura

Un año sin la fiesta, catarsis de alegría que se aplaza

Como lo representa la danza del Garabato, en el Carnaval el espíritu del barranquillero  celebra el triunfo de la vida sobre la muerte.

El gran delirio de pasión desenfrenada que despierta el Carnaval en el barranquillero no fue exteriorizado este año. La covid-19 se convirtió en el martirio que entristece el corazón de los carnavaleros que se encontraron este 2021 con una “pausa” obligada de su fiesta más significativa.

Frente a este “velorio colectivo”, como lo llama el hacedor Juan Ruiz, famoso por su disfraz del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, la psicóloga social Mirtha Buelvas opina que a pesar de la nostalgia que se pueda sentir ante la ausencia del ambiente folclórico, el Carnaval no se ha ido, “solo está en pausa”.

La también investigadora cultural y miembro del Comité de Patrimonio de Carnaval de Barranquilla S.A.S. afirma que, ante el panorama que atraviesa el mundo como consecuencia de la pandemia, haber autorizado la realización de eventos presenciales y masivos era exponer a la ciudad. “Esto no fue voluntad de nadie sino de la situación sanitaria”.

Buelvas define el Carnaval de Barranquilla como una manifestación emocional que desencadena en el “contacto codo a codo” que termina siendo fundamental para el desarrollo propio de la fiesta.

Es evidente al salir a las calles que el ambiente carnavalero que tradicionalmente invadía la ciudad para esta época no está presente. Las máscaras se remplazaron por tapabocas, la maicena por alcohol, y el licor por gel antibacterial. Las dinámicas carnavaleras en este 2021 casi que desaparecieron.

El espíritu del Carnaval refleja la eterna lucha entre la vida y la muerte.

“De manera prosaica este año la fiesta se pierde, no habrá”, enfatiza la investigadora.

De igual manera admite que todavía no se puede hacer una proyección sobre el impacto emocional que hay en la gente, ya que “la fiesta es una catarsis de casi un año” y en este momento los carnavaleros se están enfrentando a una realidad ineludible.

Para Buelvas, las medidas adoptadas por las autoridades fueron “sabias”.

Imaginario de la vida contra la muerte. “El ser Caribe vive pensando en la vida”, reflexiona el investigador cultural Rafael Soto. El Carnaval hace parte de la historia de Barranquilla, sin embargo, como indica el académico, en este momento no es propicio que se realicen aglomeraciones propias de la fiesta.

El Carnaval termina con la muerte de Joselito.

“El Carnaval siempre está asociado a la alegría del pueblo. Nunca habíamos tenido una situación como esta”, comenta.

Soto recuerda que lo más cercano a una vivencia como la actual fue cuando en la Guerra de los Mil Días se suspendieron las fiestas, sin embargo hay registros históricos de que algunas danzas de congo salieron a las calles. “En ese momento los barranquilleros veían la guerra lejana, a pesar de que esta se librara en Colombia”.

Recuerda el investigador que el ser barranquillero está tan arraigado a la alegría y la esperanza que al finalizar el conflicto civil, a finales de 1902, creó la Batalla de Flores al año siguiente, hoy por hoy el desfile más importante del Carnaval de Barranquilla.

Añade Soto que por naturaleza, las personas del Caribe llevan sus emociones al máximo en medio del jolgorio y eso es lo que pasa en estas fiestas. El carnavalero experimenta una especie de “eclosión de sus emociones” que lo lleva “a la manifestación máxima de su ser” y por eso vivir la situación actual es algo muy duro.

En el Carnaval está presente el imaginario del enfrentamiento entre la vida y la muerte. Curiosamente, dice el académico, en este contexto también se ve apela a esa realidad.

Coincide con Mirtha Buelvas en que este no es el momento para pensar en aglomeraciones y considera que las conmemoraciones que se están haciendo a través de las plataformas digitales, si bien no reemplazan a la manifestación original, sirven para preservar la tradición.

La parranda, ese sitio de encuentro para muchos carnavaleros está cancelado. Soto reseña la letra vallenata del clásico Amor, amor que dice “este es el amor, amor, el amor que me divierte, cuando estoy en la parranda no me acuerdo de la muerte”, porque precisamente el carnavalero cuando está en ese espacio de jolgorio compartiendo con el otro se “olvida de su alrededor”, solo está pensando en la diversión, en el compartir, en la alegría de estar con el otro que al igual que él lo que quiere es estar totalmente involucrado en la celebración.

La psicóloga Carolina Acuña reconoce la importancia de la fiesta para el barranquillero, pues como explica Mirtha Buelvas, aprovecha esa época del año para hacer catarsis y desfogar todas esas emociones que mantiene “controladas” durante los 361 días del año restantes.

“El carnavalero aprovecha esta época para sacar a relucir sus emociones, cumple su deseo de fiesta y disfruta, tal vez, como no lo hace el resto del año. Es que el barranquillero se mentaliza para disfrutar los cuatro días”.

La profesional en salud emocional indica que es indispensable tener la conciencia de que este año el Carnaval tal como se conoce no se va a celebrar, pero que no siempre será así y en un futuro los amantes de la fiesta podrán disfrutar.

“Un año en el que no se celebre como lo conocemos no quiere decir que desaparecerá. Es más, es muy posible que cuando se vuelva a celebrar se haga con manifestaciones innovadoras”, apunta.

El llamado de los tres expertos es el mismo, cuidarse para que esta fiesta de luz y alegría siga siendo una celebración en la que la vida siempre se impone sobre la muerte, como en la danza del Garabato.

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