El Heraldo
Algunos transeúntes no se resisten a ponerse su máscara de carnaval en el desarrollo de su jornada laboral.
Josefina Villareal
Sociedad

El Carnaval en Pausa

La fiesta de los barranquilleros es un bien común cultural y espiritual de la ciudad que va más allá de sus desfiles y eventos presenciales.

Por Mirtha Buelvas
Psicóloga social con estudios en  Antropología

Una de las misiones culturales importantes de Barranquilla, sino la más significativa, es sostener y salvaguardar para las futuras generaciones el Carnaval, patrimonio de gran trascendencia, de valor universal, que colocó a la ciudad en el circuito cultural del mundo, con la designación, primero, de Patrimonio Cultural de la Nación, y luego, de Obra Maestra del Patrimonio Oral e inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO.

El Carnaval hoy necesita recurrir a la memoria. Para lograr mantener la vitalidad de esta celebración, es preciso  estimular  y reafirmar la fiesta pública, popular, promoverla  en la comunidad y difundir su patrimonio cultural, sin embargo este ejercicio no será posible en el 2021 a plenitud, celebrarlo y vivirlo como es tradicional por la situación sanitaria conocida, pero se pueden adelantar acciones para su salvaguardia. Pensar que el Carnaval va más allá de desfiles y eventos presenciales y si no es posible hacerlos este año recordemos que ellos son solo medios, herramientas y no exactamente  la tradición.

Esta es un bien común cultural y espiritual de Barranquilla que sus gestores, portadores de saberes, fuerzas públicas y privadas de la ciudad tienen la misión de sostener. Esto implica difundir y hacer conocer sus manifestaciones.

Los danzantes y bailarines que cada año debido a los afanes que trae su participación en la fiesta se ocupan demasiado, esta es una pausa, una buena ocasión para  mirar su esencia, reafirmar la conciencia de su valor, examinarse bajo el lente de  la salvaguardia del Carnaval para contribuir a su defensa y hacer sostenibles sus raíces  sin deformarlas, no se refiere a congelar sus expresiones, se trata de darle valor al pasado que se ha fraguado por siglos, sin dejar de apoyar los nuevos valores. Considerarse guardianes de este Patrimonio Cultural.

Hoy no veremos el patrimonio material de forma directa, presencial, es decir, vivir y gozar las danzas, cumbias, letanías, disfraces, comparsas, bailes y festejos, sin embargo sí se puede  ejercitar  ese patrimonio inmaterial que todos los barranquilleros llevan en su espíritu, la querencia de la tradición.

El primer pilar de la salvaguarda es el conocimiento  que permite el afecto y la querencia de las de la fiesta, de los portadores de los saberes, de los grupos folklóricos, y los disfraces propios del Carnaval. La difusión virtual y televisiva, creativa, contemporánea y lúdica son buenos vehículos para su  comunicación que permiten hacerlo sin exponer la salud de los portadores y de todos los participantes y habitantes de la ciudad.

Aprender sobre la fiesta del Carnaval, de sus grupos, de sus danzas, cumbias, disfraces y también de otras expresiones que suceden en esas fechas mágicas como bailes, verbenas, fiestas familiares, fiestas de barrio, entierro de Joselito, ruedas de cumbias, sancochos entre otros, todo ello desde la casa para preservar la salud. Hay que cuidar a los portadores que ostentan esos saberes, patrimonio inmaterial del Carnaval.

A veces lo demasiado conocido en ocasiones es desconocido. Se da por sentado que todos conocemos el Carnaval, sin embargo, las historias, la profundidad de los saberes de los portadores de la tradición carnavalera que por décadas la han conservado de generación en generación se desconocen,  expresiones vivas, algunas con más de un siglo que la UNESCO reconoció con valor cultural suficiente para  ser conservadas por la humanidad. Aprovechar esta pausa es bueno para reconocer la tradición del Carnaval en Barranquilla de forma consiente  y valorarla.

La vivencia del Carnaval  en Barranquilla es orgánica, emocional. Es una fiesta para valorar, para gozar, querer, sentirla propia y estar orgullosos de tener una fiesta tan chévere. Es un paréntesis y no por eso se va olvidar.

En el Carnaval como fiesta viva se corre el riesgo, no solo en esta crisis sino siempre, que algunas de sus expresiones desaparezcan en el tiempo si no se les salvaguarda. Cuando dejen de ser significativas para la comunidad, de producir  pertenencia, de reconocerse  como propias y representantes de su identidad, y esto puede suceder por falta de memoria, olvido, por desconocimiento entonces se dará  paso a nuevas formas, es ahí donde se tiene que estar atentos.

Salvaguardar no significa estancar o fosilizar las expresiones buscando una forma “pura” o “primigenia”. Proteger el patrimonio cultural e inmaterial es estimular y permitir la transferencia de  saberes populares, técnicas y significados de los saberes populares del Carnaval y en general conocer de la celebración para hacerlo sostenible.

Como nunca en este 2021 será necesario refrescar nuestra memoria para no olvidar y regresar con más ilusión al próximo Carnaval. Solo una vez esa fuerza vital orgánica de la fiesta  se ha interrumpido en Barranquilla, debido a la guerra de los Mil días, y se retomó al año siguiente. Hoy será la segunda  vez que en su largo recorrido se detiene.

Un año de suspenso de una práctica milenaria no es nada , como dice la canción, para una tradición de más de dos siglos que ha soportado los embates del tiempo, pero no por ello se tiene que dejar de proteger, estimular y recrear para mantener vital la tradición.

Esta vez el Carnaval no estará en los espacios públicos, calles y plazas, tiene entonces que llegar a las casas de forma masiva. Llegar a todos los públicos. El Carnaval tiene precio social, cultural, hecho de goces y disfrute, herencia que crea vínculos y tejido  social.

¿Cuánto se puede perder si el Carnaval no se celebra este año? Tendrá que evaluarse posteriormente y mirar si se aletargaron los saberes y técnicas que se trasmiten año tras año que permiten vivir, organizar la fiesta y actuar en ella.

El Carnaval  tiene un gran precio social como hecho de goce y disfrute, pero también es un hecho cultural invaluable  pues es una herencia que crea vínculos y tejido social.

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