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¡Carnaval de La Arenosa!... ¡Fantástica gazapera!... ¡Pleque pleque cordial!... ¡Fenomenal guachafita con carácter internacional!... Terapia, cual honra con su ingenio el patrimonio de esta tradición vernácula al ritmo de cumbias, gaitas, porros, mapalés, merecumbés, vallenatos, más la ventaja influyente de una solidaridad consecuente con la convivencia y simpatía tenaz de un pueblo digno de sus propias virtudes cívicas.

Sin vacilaciones que lamentar, gracias a la idiosincrasia del temperamento costeño, guapachoso y tropical, cual sabe sacarle partido al ridículo sin hacerlo. Espontaneidad obsesiva, estimulada además por la atmósfera que se respira bajo el ardiente sol del Caribe, pero refrescado el panorama tropical por los alisios risueños, que tanto favorecen también la gratitud del ambiente.

Nuestro carnaval dicharachero, es, definitivamente, la mecha, la sarda, por decir lo menos, ¡la madre, si no!... y ¡tapón!... por ‘siaca’.

Gracioso apostolado folclórico cual todos, inmancablemente, supera su propia ventolera histriónica, luciendo además, las galas de su rítmica euforia temperamental.

Espectáculo sin par, de danzas, guacherna, disfraces, comedias, letanías, batallas de flores, festival de orquestas, cuantos se toman la ciudad de los brazos abiertos, durante cuya temporada el Rey Momo da pomposa lectura bufa de su bando de pereque, cuando ordena, dispone y manda con la autoridad que el plebiscito estimula concediendo licencia para que todo parroquiano, a su albedrío, disfrute los cuatro días de francachela.

Así gozan los monocucos guayaberos, las marimondas, toritos, congos, garabatos, paloteos, indios de trenza, coyongos, caimanes, negros pintados, tigres, la burra mocha, la vaca vieja, la pollera colorá y demás protagonistas de esta fanfarria peculiar de la muerte y entierro de la ‘maricaita’ de Joselito Carnaval.

Nadie presume de arrogancias, ni de jerarquías política o social, económica o intelectual, porque todos forman parte de un mismo arrebato conviviente, siendo la calle, la plaza y demás recovecos una sola terraza aglutinante.

Todo mundo puede apreciar el desfile alegórico a la altura de su propia tradición. Lo mismo que La Guacherna, concurso folclórico, digno de exportación. El Festival de Orquestas cierra este multitudinario certamen, de categoría internacional.

La coronación de la soberana, como la función solemne de las reinas de los barrios, funciones artísticas y pintorescas que aglutinan así mismo admiradores y pueblo en general. Como el certamen de las comedias y el concurso de disfraces, y finalmente la Gran Conquista con el entierro de Joselito.

Pero el miércoles de cuaresma, muchos carnavaleros arrepentidos, todavía con la cara embadurnada, el pelo empolvao y la lengua ‘trabá’, se acercan a las cinco de la ‘madrugá’ a la iglesia de San Nicolás a recibir la ceniza del perdón por todos los pecados genitales cometido durante los carnavales.

Y, mientras el sacerdote rezaba “Acuérdate hombre, que polvo eres y en polvo te has de convertir”, mientras colocaba a ellos la ceniza en la frente ‘embadurná’. Las muy polvo también, dándose golpes de pecho, exclamaban dizque ‘arrepentíos’… ¡Por mi pea culpa!..., por mi pea culpa!..., por mi peaísima culpa!

¡Carnaval, en resumen es saberle sacar partido al ridículo, sin hacerlo!

Alfredo De la Espriella