El Heraldo

‘Porfirio’

Cuando nos enteramos que el martes mostraban Porfirio de Alejandro Landes, una película que adoptamos como colombiana a pesar de ser coproducción Colombia-Argentina-Uruguay-España, la decisión fue trasladar el grupo cinemArtes a la Cinemateca de Miami Beach. La función contaba con la presencia del director, quien reside en Miami y forma parte del Miami Filmmakers Collective.

Filmada enteramente en Florencia, Caquetá, la película narra la historia de Porfirio Ramírez, interpretada por él mismo, un hombre que se convierte en minusválido después de un fallido operativo policial en 1991, cuando le dispensan un balazo en la espalda. Confinado a un espacio con escasamente lo básico para subsistir, un catre y una silla de ruedas, se las arregla vendiendo minutos en su celular.

Porfirio demanda al Estado, pero debido a varios problemas, el caso se cierra sin recibir compensación, quedando con serios problemas económicos. Ante la impotencia de conseguir solución legal, pero con una fortaleza que contrasta con su estado físico, Porfirio está resuelto a hacerse oír. Decide secuestrar un avión escondiendo dos granadas dentro del pañal que se ve forzado a usar cotidianamente, y reclamar un encuentro con el presidente Uribe  que le permita exponer su caso.

A pesar de que el desenlace es conocido, el filme resulta atrozmente interesante. El frustrado secuestro en septiembre de 2005, lo manda a prisión y a confrontar una demanda de extradición debido a que dos ciudadanos americanos se encontraban en el avión. La noticia en los periódicos llama la atención de Landes, quien decide viajar a Florencia a entrevistar a Porfirio. Director y actor parecen unir sensibilidad y coraje y después de varios años de trabajo en el libreto Landes logra filmar la historia concentrándose no en el secuestro, que sucede ejemplarmente fuera de pantalla, sino en el preámbulo del mismo.

Porfirio se toma casi cada escena de la película, y la cámara, ubicada a su misma altura y tan estática como él, muestra el mundo desde otra perspectiva, la suya propia, ya sea cuando solicita favores de un negligente hijo adolescente, quien está forzado a administrarle el baño cotidiano o de la mujer de al lado que satisface sus deseos sexuales.

La mayoría del grupo no asistió y los comentarios fueron “la película suena muy fuerte” o “no están los ánimos para ver algo tan doloroso”. Pero a pesar de lo doloroso que resulta ver  a Porfirio atrapado en su propio cuerpo, estamos frente a un espíritu gigante que también nos hace reír. La presencia del director y sus comentarios permitió comprobar la inteligencia detrás del guión, complementada con una cámara astuta que juega hábilmente tanto con los escasos personajes como con el lacónico espacio.

Podría decirse que Landes crea un nuevo género que no es propiamente documental ni tampoco ficción, y a la vez, es los dos; personaje y actor son uno y pasado y presente se mezclan en esta desnuda representación que como toda realidad es comedia y es tragedia al mismo tiempo. 

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