Ni lo bailaron ni disfrutaron Marlon Brando y María Schneider, como sí sucedió con el célebre trozo de mantequilla que lubricó una de las escenas más eróticas en la historia del cine moderno en ‘El último tango en París’. El porro es uno de los ritmos preferidos en la Región Caribe, se baila en compás de 2/2 o en ‘compás partido’, ya lo saben. De porros casi no se habla más, ahora se fuman y, tal vez por eso, los porros de las sabanas de Córdoba, Sucre y Bolívar se han ido quedando recostados en la memoria.

Recuerdo la primera vez que escuché “porro”. Mi imaginario folclórico tomó una nueva dirección cuando noté que, por algo de pudor y caché, algunos llamaban así al ‘tabaco’ de marihuana. Por momentos pareció que la hierba se había quedado atrás y hasta pasado de moda, como si se hubieran impuesto la cocaína, las drogas sintéticas y la heroína para esnifar. Aquí producimos la única heroína en el mundo, tan pura, que se puede inhalar en vez de inyectarse. Pero no fue así, la marihuana se escondió para reaparecer a lo moderno, es decir, un producto de consumo y entretenimiento, eufemísticamente llamado “recreacional”.

El pasado 1 de enero, amaneció el distrito financiero de San Francisco (California) con una valla gigante celebrando la llegada del nuevo año: “Hello 2018, Good Bye Prohibition, Marijuana delivered” y la invitación al sitio en internet Eaze (de easy o fácil en inglés) y a “explore eaze.com” para hacer su pedido ‘online’. Este 20 de junio, el Senado de Canadá aprobó el consumo de marihuana recreacional. Algo así como la venta libre de armas. Las filas no se hicieron esperar y el valor de las acciones de las empresas legalmente dedicadas al negocio se disparó. Es una apuesta tan ganadora como la de los casinos; la adicción tiene más peso que la razón; así es siempre, la casa nunca pierde.

¿Será que al aprobarse el uso recreacional en varios de los estados de EEUU, Canadá o Uruguay signifique que han dado el paso correcto? En contravía de la tal modernidad, el presidente Duque ha liderado prohibir la dosis mínima en Colombia. Urge tener claro que nos hemos convertido en el paraíso de la droga. Pasamos de ser una fábrica que era vista de reojo por los locales, a transformarnos en un territorio de consumidores y adictos. De ser una fuente ilegal de riqueza, la droga es una silenciosa tragedia nacional que se salió de las ollas de consumo a las que iban los marginales y desechables para inocularse en lo más profundo de la sociedad, en el seno de la familia colombiana y hasta más lejos: en las loncheras. La decisión del presidente es apenas un primer frenazo para ganar tiempo y, en lo posible, evitar que los seductores efectos de la droga cautiven y hagan mella en la juventud e infancia. Quisiera uno ser optimista, pero lo que está en juego es de tal magnitud económica y política que no se ve fácil o posible que aun con la participación de todas las fuerzas militares combinadas y dedicadas exclusivamente a la erradicación de este flagelo, podamos destrabar a un país que más pareciera en una ruta loca a trabarse por completo.

@oswaldloewy