El Heraldo

Las trampas del lenguaje

¡Cuánto extraño a Don Elías Muvdi Abufhele!, otrora columnista de estas páginas. Con el título ‘Apuntes de lenguaje’ nos deleitó con los resultados de sus cacerías de gazapos que exhibía como brillantes trofeos. Eran tales su elegancia y su decencia que sus ‘víctimas’, es decir, los que incurrían en algunas faltas, no tenían más alternativa que quitarse el sombrero y aplaudirlo. Su estilo para escribir tenía la particularidad de contener  una gran simpatía que nos transportaba por el maravilloso mundo del lenguaje sobre una alfombra mágica tejida con el más fino humor y ribeteada con profundos argumentos. No me perdía sus escritos, de hecho los esperaba y leía con fruición. En persona era tan fantástico como a quien imaginaba que escribía esas excelsas notas: era prudente y con una capacidad infinita para escuchar y entender. Creo que EL HERALDO nos daría un gran regalo si nos obsequiara algunas de esas columnas memorables publicadas durante 22 años en este periódico y en El Tiempo.

Digo que extraño a Don Elías porque en esta deliciosa actividad de escribir, uno es doliente de primera línea. No creo que algo hiera más nuestro orgullo que incurrir en un gazapo. Ya imagino el gusto que se daría Don Elías exhibiendo en ‘carne viva’ dichas falencias, que entre otras son muchas. 

Se me dio por escribir sobre este tema porque leo de manera permanente vocablos mal empleados y porque recuerdo algunas de las lecciones de Don Elías. Precisamente, él escribió sobre dos palabras a las que me refiero más adelante. La primera es una que leo y escucho de personas importantes que por esa misma razón se convierten en agentes transmisores de esos yerros y, por tanto, se asumen como correctos cuando no lo son. Mi propósito es solo compartir un par, el resto de la tarea queda por cuenta de cada uno. Sin pesca no hay pescado. En realidad, no me conformo con la idea que siempre escucho: “bueno, pero de todas maneras me entendiste”, a lo que hay que corregir respondiendo: “sí, te explicaste muy bien”.

Me apoyo en el Diccionario panhispánico de dudas, de la Real Academia Española, para referirme al término ‘adolecer’:

Adolecer. Sin una razón lógica que lo explique, es dado usar esta palabra exactamente al revés.

- Es impropio usar este verbo con el significado de ‘carecer’: “Adolecen de un entrenamiento adecuado” (El Tiempo Col. 21.1.97). Aunque no son incorrectas oraciones como ‘adolecía de falta de coherencia’, debe advertirse que la expresión resulta más clara y directa si se sustituye por ‘adolecía de incoherencia’ o carecía de coherencia.

- En su acepción más habitual, adolecer es ‘tener algún defecto o sufrir de algún mal’, es intransitivo y lleva un complemento introducido por de, que expresa el defecto o el mal: “El tono que empleaba Pura en todos sus comentarios (...) adolecía de insolencia” (MtnGaite Fragmentos [Esp. 1976]); “Los hijos adolecíamos de taras neuróticas” (Chávez Batallador Méx. 1986).

Otra palabra que ha derivado de su verdadero significado a una zona de confort es ‘cancelar’. Se asume que cancelar es sinónimo de pagar, cuando no lo es. Miremos lo que el Diccionario de la Real Academia Española nos dice:
- Anular, hacer ineficaz un instrumento público, una inscripción en registro, una nota o una obligación que tenía autoridad o fuerza.

- Acabar de pagar una deuda. (No necesariamente pagar una deuda).

- Borrar de la memoria, abolir, derogar.

Con estos dos humildes aportes comienzo y termino mi intervención sobre esta temática que tuvo en Don Elías Muvdi al verdadero maestro. ¡Cuánta falta nos hace!.

Por  Oswald Loewy
oswaldloewy@aol.com 

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