Tengo un amigo médico, 51 años, con una vasta experiencia en diseño, producción y comercialización de drogas además de una hoja de vida sin mancha. Intenta conseguir trabajo y todo marcha de maravilla hasta que le piden, dulcemente, ingresar su año de nacimiento. Ahí tuerce la puerca el rabo y su trámite desaparece de la web y no vuelve a recibir ni señales de humo. Y ni para qué contarles sobre mi vida profesional, que con toda humildad reconozco es de las mejores y más completas, ya no de la Región Caribe sino del país. Son 46 años de ejercicio de mi oficio con profesionalismo, transparencia y dedicación, a través de las muchas posibilidades que ofrece la comunicación social y más específicamente, el periodismo, con práctica en toda clase de medios en todo el país y sin una rectificación de fondo, pues la única aclaración me la pidió David Name hace años, un papayazo que di aunque ambos sabíamos que yo no estaba equivocada, pero, ¡ajá!
Sin embargo, créanme, desde que tengo 48 años se cerró el universo laboral para mi y me ha pasado como a mi querida amiga Rita Bendek, tremenda actriz y hermosa mujer, a quien no llaman los programadores sino para papeles secundarios y de mamá o suegra: la riqueza acumulada en años de actuación se fue al carajo porque en Colombia, mis amores, ser maduro, mayor, brillante y lleno de conocimientos y experiencia vale tres tiras (usted ponga el sustantivo de qué).
Luego, viene el otro sablazo que te hace sentir re miserable: vales mucho, eres costosa, no puedo asumir ese salario, y entonces buscan a una persona menor de 35 años que debe poseer un baremo tan poderoso como el tuyo con resultados probados, exaltados, premiados. Y nada es peor que sentirte rechazado en nombre de que eres demasiado bueno, mientras vemos en la tele recreativa tanto como en la informativa caras angelicales, cuerpos deslumbrantes pero de una pobreza franciscana en su léxico cuando no es que caemos ¡plop!, ante los barbarismos y errores en el uso de las palabras sin el menor cuidado por chequear con el diccionario su significado.
Esa es la gran tristeza, somos una masa de expertos sin oficio que flota en el mar de incompetencia e inexperiencia de los que apenas aprenden a trabajar, aunque tenemos toda la capacidad y el conocimiento para aportar al desarrollo y la transformación de la sociedad desigual que hemos construido, porque lo que importa no son los saberes sino la juventud.
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