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Opinión

Quitémosles la rodilla del cuello

Un grito de profunda indignación por los ultrajes históricos a la población negra, bien descrito por nuestro Joe Arroyo en su reconocido tema musical ‘Rebelión’, recorre y estremece hoy los Estados Unidos, retumbando de forma ensordecedora por todo el mundo. 

Ese doloroso llamado contra la abominable discriminación racial, nos recuerda la deuda histórica que tenemos con el continente africano, cuna de los primigenios ancestros homínidos, como el homo habilus, el homo erectus y el homo sapiens, que evolucionaron y se extendieron por toda la tierra, dando origen a la humanidad.

El racismo es un ignominioso lastre que cargamos como herencia de la esclavitud, esa institución jurídica que hacía a una persona propiedad de otra. En la antigua Grecia se esclavizaba a los pueblos considerados inferiores por su intelecto o su lengua; en el Imperio Romano, a la gente de territorios vencidos militarmente. Luego, trascendió la trata humana promovida en el norte del continente africano, Oriente Medio y en algunas regiones europeas, sin unas características étnicas especiales; pero la que se dio desde el siglo XV, liderada por Europa, se centró en el color de la piel, focalizándose en las tribus africanas. Los esclavos eran definidos como seres sin alma, prácticamente animales, ideales para la servidumbre y los trabajos duros. Esta nefasta realidad legitimó el trato desigual a los africanos, el despojo de su cultura y su sometimiento social. 

Por lo menos 20 millones de africanos fueron comercializados durante cuatro siglos hacia Europa y América, donde fueron avasallados y humillados hasta su muerte. Sin duda, fue un genocidio. Pese a ello, nunca desistieron de su lucha por la libertad y ser reconocidos como seres humanos dignos y autónomos. 

En América, Brasil fue el último país en abolir la esclavitud, en 1888, pero desafortunadamente no es un oprobio del pasado; dicha servidumbre provocó desde entonces, hasta el presente, marginamiento y pobreza, como lo ratifican los indicadores socioeconómicos de las poblaciones afrodescendientes. 

En Colombia, 4.671.160 personas se reconocen como afrocolombianas, raizales o palenqueras (DANE-2018); su índice de pobreza multidimensional es del 30,6% mientras que el promedio nacional es del 19,6%. 

En el país sabe leer el 94,8% de la población total, pero la cifra para los hombres de este grupo étnico es del 89,8% y del 90,8% de mujeres. Además, el 32,7% de los hombres y el 29,2% de las mujeres solo alcanzan la primaria, y la universidad solo el 5,8% de los hombres y el 7,4% de las mujeres.

En los últimos dos siglos ha sido mucha la sangre derramada en busca de la igualdad y muchas las personas convertidas en mártires de esa permanente rebelión. Hoy, en EE.UU., la protesta por tantas injusticias lleva el nombre George Floyd, muerto a causa del maltrato de un policía que, por nueve minutos y tirado sobre el pavimento, le hizo presión sobre el cuello. No podemos hacernos los sordos ante ese grito justo, firme y lleno de dolor: ¡quitémosles la rodilla de encima!

rector@unisimonbolivar.edu.co

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