En un verso de su poemario “Elogio de la sombra”, J.L. Borges dice : “Que otros se jacten las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. El giro que le da Borges a la frase es genial. Uno creería que a la altura de los setenta años –si se debe llamar altura y no sombra esa edad; pero sí, es altura- ya Borges había creado tantos cuentos, tantos poemas, tantas milongas, que la sola jactancia de haberlos escrito debía superar cualquier avidez de lecturas innumerables que un lector, –nombre del poema-, por más voraz que fuera, podría tener en la pendiente de la vida.
Pero no es así. La voracidad lectora, cuando se ha adueñado de alguien, se convierte en el sueño de poseer una biblioteca imaginariamente interminable y múltiple como la que el mismo Borges soñó en su cuento “La biblioteca de Babel”. Creo que si placeres inequívocos hay, uno de los irremediables es el de soñar leyendo. Se entiende entonces que uno pueda sentirse creador de lenguajes, con solo el poder de leer, sin haber escrito lo que lee. Cada libro, cada página escrita por otro, cada poema, es una incitación a entrar en la biblioteca imaginaria del escritor. Es la invitación que siento que recibo cada vez que el año da vuelta para volvernos a ofrecer el placer de escuchar a tan variados expositores, conversadores, o como quiera llamarse, que el Hay Festival de Cartagena nos brinda. Al fin y al cabo, es el Caribe.
Este año el programa parece aventajar al anterior. Puede pasar que uno se lo imagina mejor que el otro. Las trampas de la memoria. Hablarán, a propósito de los títulos sonoros de sus creaciones, escritores como Margaret Atwood, Héctor Abad Faciolince, Philippe Claudel, Edgar Keret, Bettany Hughes, Margarita García Robayo, Juan Esteban Constaín, y sigue una lista feliz de nombres y eventos que no terminaría de recorrer en este espacio. Nadie me está pagando, aclaro, aun a costa de que me desmientan, para hacerle publicidad al festival. En todo caso, Cartagena ha sido muy acogedora con este encuentro eminente del libro, las letras, las historias, el cine o la música, y mucho más, que en buena hora patrocinan desde su inicio, hace unos años, instituciones y empresas de Inglaterra, España y Colombia.
En primera término, es la lectura la que debe promover, y mejor si puede anteceder, lo que acontece en un festival de esa magnitud, como es obvio decirlo de las Ferias del Libro que en 2020 volverán a darse en distintas ciudades del país. Incluyendo a Barranquilla, cuyo público, a mi parecer, podría ser más numeroso en acudir a la Libraq, que tiene lugar en el segundo semestre del año. Las estadísticas en materia de lectura, no siempre tan confiables, más aún engañosas, no nos favorecen, contrariamente a lo sucedido en el pasado, que los recuentos nos tildan de país de gobernantes que fueron gramáticos y poetas. En fin de cuentas, volviendo a la metáfora de Borges, es el lector quien encuentra el tesoro de la lectura donde quiere encontrarlo.








