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Opinión

Vida editada

Hace algunos años la marca de prendas deportivas Adidas invirtió 50 millones de dólares en lo que para entonces fue la campaña más costosa de la historia de la publicidad. Los creativos usaron como imagen al más grande: Muhammad Ali. Específicamente la postal icónica que captó el fotógrafo Neil Leifer en la que el boxeador aparece mirando hacia abajo, enérgico, vociferando a su rival Sonny Liston que se encuentra postrado ante sus pies. El grito, la forma en que lleva los brazos, la tensión de todo el cuerpo hacen que parezca una escultura en todo su esplendor; perfecta, cincelada por la brega diaria y la disciplina del gimnasio. Es una imagen soberbia que encarna el poder de un deportista; la fuerza con su belleza implacable como un Gabriel descargando su furia de arcángel sobre el demonio. “Impossible is nothing” (“Nada es imposible”), dice el eslogan que acompaña la imagen. La frase no se le ocurrió a las firmas que tenían la boyante cartera de Adidas, la dijo el mismo Muhammad Ali, y fue extraída por los publicistas de uno de sus acostumbrados y fascinantes lances retóricos.

Pero aquí viene la paradoja: la imagen no es producto de un momento de gloria deportiva. En realidad lo que Ali está haciendo allí es insultar con toda su alma a Sonny Liston: “Get up and figth, sucker!” (“¡Levántate y pelea, idiota!”), le gritaba. Fue durante la revancha de la categoría de pesos pesados, en el Salón Saint Dominic, en Lewiston (Maine), en los Estados Unidos, el 25 de mayo de 1965. Un año atrás, Alí había despojado a Liston del título mundial. En aquella ocasión, quien hasta ese momento parecía un campeón invencible, se retiró en el octavo asalto. Esta vez apenas había durado dos minutos y doce segundos de pie. En el primer asalto Liston falló un golpe de izquierda, Ali lanzo un rápido golpe de derecha y Liston se fue de bruces. Algunos dijeron que la mano de Ali no había impactado, otros dijeron que sí, pero que en todo caso no era suficiente para derribar a una mole como Liston que tenía fama no solo de liquidar a sus oponentes sino de dejarlos lisiados. La hipótesis que más hizo carrera es la que dice que Liston, empeñado por sus relaciones con la mafia, una vez fue rozado se tiró al suelo porque había vendido la pelea. Lo cierto es que si Alí hubiera tenido la certeza de que el golpe lanzado era demoledor, se hubiera ido como acostumbraba, fanfarrón, a la esquina neutral, y no se hubiera quedado allí, mirando a Liston en el suelo y exigiéndole que se levantara y diera pelea. Un boxeador sabe cuando da un golpe de poder, de la misma manera que un buen bateador sabe cuando le ha dado en la madre a la pelota y entonces se prepara para correr hacia primera con calma, con su mejor aguaje. 

El escritor Norman Mailer dijo que los boxeadores se habían preparado para una guerra brutal. Cuando Liston cayó al suelo con tan poco, lo que sintió Alí fue frustración. La gloria estaba empañada. Después, como sabemos, la imagen se sacó del contexto en que se produjo y cuando se le agregó una frase que había sido dicha pensando en otro momento, se construyó otra épica que no tenía nada que ver con lo que verdaderamente sucedió. Así, muchos editan la historia. Así, editan la vida.  

javierortizcass@yahoo.com

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