El Heraldo

De golpe... ¡sí, ala!

Término medio cachaco usado para convencer a alguien de algo que no está claro o no se entiende o no se acepta. Usualmente, la expresión, que puede tomarse como una afirmación, es en realidad una forma de ordenar o dar una instrucción a un subordinado, empleado o dependiente de quien la lanza.

Debemos estar seguros de que el ejecutor del mandato no ha podido superar las etapas previas al condicionamiento racional por medio del cual, con argumentos y razones, hubiese podido obtenerse, de manera general y sin presiones, el visto bueno o la aprobación de aquello que genera el disenso.

Nos encontramos envueltos en Colombia en una situación que absorbe cualquier otro tema sin importar su trascendencia. El acuerdo que busca la paz en el país ha sido tan buscado, tan deseado pero a la vez tan infortunado, que los medios para obtenerlo parecieran admitir cualquier cosa. Hago la aclaración que “cosa” significa lo que sea y no encuentro un ejemplo más apropiado para el cuestionado dicho de que “el fin justifica los medios”.

Temas como la grave situación económica del país, la crisis de la justicia o la triste e infranqueable brecha social, no parecen importarles a los cuatro o cinco grupos “empresariales” que manejan al país eligiendo a los gobernantes ungidos por el “voto popular”, ni mucho menos a esos ciudadanos de a pie que votan y eligen a quienes saben que son los causantes de casi todo lo malo y lo bueno que nos pasa.

Por el Sí o por el No se enfrentan Santos con Uribe, el contralor con Gina, Benedetti ataca a María Fda y Pepe Félix, Roy Barreras pelea con el que sea, todos en un afán personal –que todos niegan– de aprovechar el río revuelto para ver si los bocachicos se vuelven salmones canadienses o al menos truchas arco iris boyacacunas.

No entiendo cómo el martes pasado se desarrolló un debate en plenaria del Congreso, que contó con una de la mayores asistencias de los últimos años, congresistas y barras hasta en la Plaza de Bolívar, con pantalla incluida. Cerca de 2.000 personas seguían a los padres de la Patria interesados en ejercer control político a una alta funcionaria estatal por unas cartillas que aparentemente circulaban, o no, entre las directivas de varias instituciones educativas del país.

El debate del martes mostró lo avanzado de nuestra sociedad, con hasta reconocimientos personales acerca de la identidad –tendencia o ¿será preferencia?– de género de una ministra y parientes de congresistas, pero sin llegar a ninguna parte. El tema importante se diluye como el agua entre los dedos ante la ausencia de un líder que, con razones, sin subjetividades ni amenazas, oriente al país para la toma de una decisión que por lo simple y chiquitica, no deja de ser la más importante que tomemos los colombianos en los últimos 50 años.

Por donde empecé, no somos todos ni subordinados ni empleados, ni dependientes. Por eso, ante la ausencia de razones y de cara a una cantidad apreciable de propuestas que no convencen, es también válido y además totalmente lícito, justo y razonable y no por caprichito, decir: ¡carajo... No!

fernandoarteta@gmail.com

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