El Heraldo

Collar

Ocurre que la barbarie, el desamor, la injusticia, la necesidad, y muchas veces nuestros maniáticos y secretos fantasmitas personales, nos llevan a percibir la realidad como una fatalidad. Como una condena perpetua en la que debemos convivir con encarnaciones de Satán, Lucifer o Belcebú, criaturas infames que harían del bestiario mitológico maligno un compendio de angelitos. En ese estado de pesimismo, y paralizado por el desánimo,  uno acaba por resignarse a tener que interactuar con muchos de ellos en calidad de gobernado-sometido. Anonadados, boquiabiertos, derrotados, suplicantes, urgidos de ser mandados, les concedemos autoridad para decidir nuestro futuro con una entrega tan absoluta, que podríamos prometerles lo que dice la última estrofa de un hermoso vallenato, “adorarte, morirme por ti, ser un loco de amor dulcemente perverso.” Ocurre que la violencia, la impunidad, la extrema pobreza, y muchas veces nuestros obtusos e intransigentes fantasmitas personales, terminan por reducirnos a vivir en la ceguera, el conformismo y la indiferencia. Del collar de quince vueltas, para ejemplo dos perlitas.

Perlita 1: Sólo un loco de amor dulcemente perverso podría quedarse impávido al conocer el informe del observatorio Caribe Visible, en el que se evalúa el trabajo legislativo realizado por los congresistas de la Región Caribe durante el período 2012-2013. Es totalmente desconcertante que, de 108 proyectos presentados por los representantes que elegimos con el objetivo de salvaguardar nuestros intereses ante la gula centralista, uno sólo, léase bien, uno solito, fue sancionado como ley. O sea, entre los siete departamentos pertenecientes a la región que se autoproclama como el polo de desarrollo más importante en el país del futuro, consiguieron una pírrica gestión exitosa que en opinión de Caribe Visible, aunque tenga cierto grado de importancia, no representa las necesidades de la Región. Por el contrario, señala el informe que el 87,28% de los proyectos presentados por nuestros legisladores, eran de importancia nacional. Llovieron las explicaciones y las justificaciones, pero lo cierto es que en favor de la Región, el balance es deficiente. Y ni hablar del ausentismo. 

Perlita 2: Sólo un loco de amor dulcemente perverso podría permanecer  impávido después de haber leído la columna de María Elvira Samper del 28 de septiembre, titulada Píldoras para la memoria. En ella se expone la intención de Álvaro Uribe de establecer, en su momento, diálogos con la guerrilla de las Farc. El mismo tuitero intenso que se opone tozudamente a los procesos de reconciliación nacional, que entorpece con sus airadas intervenciones las negociaciones de La Habana, intentó establecer unos diálogos para los cuales “el Gobierno llegó a firmar una carta de intención con las Farc para hacer una asamblea constituyente.”  La periodista le refresca la memoria a los seguidores del expresidente, crítico acérrimo del marco jurídico para la paz, apuntando que “el gobierno de la seguridad democrática intentó que el Congreso le aprobara el proyecto de alternatividad penal, una especie de amnistía disfrazada para los victimarios.” Dos perlitas de un collar de quince vueltas, que invitan a revisar nuestra visión de las cosas.

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