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Opinión

Medicina humanitaria

 No solamente por volumen de atención, cuando las citas están distanciadas, si no en la falta de calidad de la atención, hasta llevar a las complicaciones, y a la muerte, a muchos pacientes, a no creer en sus prestadores y en sus médicos, que no tienen la culpa de la demora, esto hemos vivido durante mis años de vida profesional, y todavía lo sufro en carne viva. 

Rafael, nombre (imaginario pero real), un niño de siete años con diagnóstico de Leucemia linfoidea aguda, y su madre, viajaron por vía carreteable, desde Riohacha, durante tres horas y media venía para continuar su tratamiento oncológico después de trasplante de médula ósea exitoso, practicado recientemente. La norma para nuestra Fundación Andrea es tomarle pruebas para la covid-19 antes de ingresar, donadas por Laboratorios Continental. Sus resultados para el antígeno fueron positivos.

¿Qué hacer con ellos? No podíamos admitirlos a la Casa Hogar, por peligro de contaminación de otros niños enfermos, y nada fue posible para solucionarle su estancia en la ciudad, después de su largo y difícil traslado. Lo único posible, pero duro, que se devolvieran a la media noche a Riohacha, con la pérdida de su consulta y control, pudiendo alterarse la evolución de su trasplante, es decir quedaron madre e hijo, a merced de la ayuda de Dios. Le dimos lo necesario para volver, pero nos quedó un dolor inmenso por lo indolente, perverso e irresponsable de nuestro sistema. 

Durante muchos años, vivimos frente al concepto de medicina de caridad, enseñado desde las universidades, en donde el aspecto comercial no era mencionado, sino para colocar restricciones a los egresados. Éramos hechos para servir, para ayudar el gran número de personas cada vez era mayor, que necesitaba tratamientos, ambulatorios, hospitalarios y de urgencias. No era posible rechazar a nadie, o dejar de ofrecerle una atención que aunque deficiente en algunas ocasiones, resolvía situaciones. La salud pública demostró, y sus luchadores, que fueron muchos destacamos nuestro Profesor, Héctor Abad Gómez, protagonista central de la novela de su hijo, El olvido que seremos, llevada al cine, a través de una película, que muestra la necesidad  de cambiar la medicina de caridad a un concepto más integrado de salud, llamada medicina humanitaria, que contiene un buen número de principios basados en la justicia y en el respeto de los derechos humanos, entre los que se destaca el acceso a la salud, contenido en la Constitución Colombiana, violado permanentemente a través de las conocidas EPS, que este gobierno les cambió el nombre por EAPB, Entidades Administradoras de Planes de Beneficios de Salud (EAPB), de las cuales casi la mitad han sido eliminadas y un gran número se encuentra en evaluación para su continuidad, pocas se salvan. Muchas con altos ingresos y resultados financieros positivos, a partir de la salud de los colombianos.

Me uní al grupo de salud del Dr. Iván Duque, ahora presidente, porque creía que la transformación vendría en su gobierno, pero eso no ha sido así. Continuamos propiciando una medicina comercial, a través de terceros, y eso no sería tan grave, si hubiera buenos resultados ni  tuviéramos tantas fallas en nuestro funcionamiento de la salud. Tener que venir desde Riohacha hasta Barranquilla, para una quimioterapia es una odisea, un esfuerzo financiero, físico y psicológico deprimente, estamos como un buen número de pueblos africanos o del sudeste asiático. No solamente por volumen de atención, cuando las citas están distanciadas, si no en la falta de calidad de la atención, hasta llevar a las complicaciones, y a la muerte, a muchos pacientes, a no creer en sus prestadores y en sus médicos, que no tienen la culpa de la demora, esto hemos vivido durante mis años de vida profesional, y todavía lo sufro en carne viva. 

¿Cómo podemos mejorar? La primera condición, no abandonar el principio humanitario de la medicina, manejado ahora por empresas de intereses comerciales, entre menos gastan más ganan, pagándole sueldos ridículos a los trabajadores de la salud, y olvidándose, que además de darle tratamientos y trasplantes a un paciente, por su condición social, deben pagarle su traslado, por las grandes deficiencias del sistema de salud en algunas regiones, su estancia, y todo lo necesario, para que al menos, en medio de enfermedades catastróficas como el cáncer, las personas de bajos recursos, tengan una atención digna.

El nuevo Presidente, debe traer soluciones para este, que podríamos considerar el problema No 1 del país, que con solo una enfermedad ha matado más de 138.000 personas, registradas, que constituyen un capital social irrecuperable, preocupando que a la fecha, Colombia tenga 2.478 nuevos casos, y 50 fallecidos por la covid-19. 

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