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Opinión

Una nación violenta

Hoy día Colombia sigue inmersa en una catástrofe de principios universales y valores morales desconocidos.

No es un secreto para jóvenes y mayores que nuestra historia está llena de episodios violentos de muy variada índole pero especialmente provenientes de una estructura política partidista, una concepción totalmente errónea analizada científicamente, porque se creó una asociación de política contrincante -enemigo-violencia que aún persiste y que ni el tiempo ni la evolución cultural favorable, ni el reemplazo de circunstancias históricas y personajes, ni siquiera la tecnología de avanzada característica de este siglo veinte, han sido aspectos capaces de modificar nuestra conducta, nuestros comportamientos, nuestras decisiones.

 Hoy día Colombia sigue inmersa en una catástrofe de principios universales y valores morales desconocidos. No conocemos, no practicamos, no ejercemos los límites de racionalidad y cordura,  la vida ya no vale nada y se pierde,  o se cobra,  bajo cualquier elemental pretexto inclusive, ridículo mostrarlo al mundo, por el robo de un celular. Vinimos bajo el imperio del miedo, asustados salimos a la calle y a diario nos desayunamos con noticieros, medios impresos y radiales que nos saludan siempre con la nueva masacre,  el atraco,  el crimen en sus múltiples  modalidades.

Después  de nuestra independencia, cuando pretendimos volvernos autónomos distantes de la corona española inauguramos toda una etapa histórica de luchas fratricidas entre liberales y conservadores así se llamaron desde el siglo dieciocho, hoy predominan los nombres de izquierda y derecha  desuetos, ridículos, y esas luchas generaron odio, guerras civiles que traspasaron el siglo llegando al siguiente bajo otras máscaras y descifrar. Desde entonces sociólogos han intentado descifrar las causas, la raíz terminando todos en la misma conclusión: El tema es de estructura cultural, de ADN, la falta de oportunidades,  de pobreza, de resentimiento, de ausencia del Estado en gran parte del territorio nacional, de ninguna autoridad presencial en rincones remotos. Y sobre todo la impunidad. Sí, siempre la impunidad desde que existe nuestra historia porque en las rememoranzas a manera de ejemplos nos acordamos que nunca fue resuelto judicialmente el asesinato de Sucre en las montañas que aproximó a conjeturas, tampoco el de Gaitán y mucho menos los de Galán y Gómez Hurtado a pesar de la parnafelia montada después de 25 años por los paradigmas del crimen como son la FARC. Y apenas son algunos ejemplos.

Hoy en  día seguimos siendo un Estado difícil donde el más mínimo problema lo resolvemos con violencia. No existe el diálogo, menos la conciliación que se quedó en los códigos como un canto a las nostalgias. Por eso ahora, y es cierto,  invocamos como causas modernas después de la Pandemia o en ella, causas más actualizadas: El desempleo,  el hambre, las solo dos comidas diarias, si acaso, en fin la de un Estado absolutamente incapaz de enfrentar su problemática socio-económica de desigualdad, acorralado por inmensas fracturas emocionales que no ideológicas que en la actualidad en cabeza del Presidente Duque. hace lo que puede con un buen equipo así lo intenten desprestigiar a toda hora los vergonzantes de siempre cuya catàrsis diaria es despotricar del gobierno sin asomarse al espejo a ver la paja gigantesca que tienen en sus propios ojos. Atacando de entrada con todas las fuerzas la corrupción, ¿Señor Presidente no cree usted que si podemos empezar a salir de estos dos siglos de inmundicia? Siga intentándolo Presidente más de medio país lo respalda.

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