El Heraldo
Opinión

¿Por qué vais a Miami?

Como español que pulula por las Américas, mi deseo sería conocer todos aquellos países que un día fueron uno con el mío. La exuberante belleza mestiza de las repúblicas del Caribe, la naturaleza colosal de las naciones andinas, la inmensidad de las llanuras suramericanas… Tantas cosas hermosas que ver y conocer. Y, sin embargo, mis queridos amigos colombianos viven y suspiran por ir a Miami. 

Me van a perdonar, pero es una ‘pupirronchez’. Sin salir del país. En Colombia. ¿Cuántos de los que desean ir a Miami conocen todos los secretos de su tierra nativa? ¿Han visto los sensacionales yacimientos arqueológicos de San Agustín del Huila? ¿Los pueblitos coloniales que, como Villa de Leyva, te quitan el aliento? ¿Han recorrido las cordilleras, la selva, los llanos? ¿Siquiera han callejeado, bien, en profundidad, aprendiendo el origen de cada casa, de cada piedra, la ciudad amurallada de Cartagena o la Candelaria en Bogotá? ¿Qué cosas tan excepcionales tiene una ciudad (y el Estado al que pertenece), que en los propios EEUU consideran el non plus ultra de lo hortera, para hacer que hordas de ‘pupirronchos’ latinos la prefieran a su propia patria?

No me cabe en la cabeza. Puedo entender lo de los viajes exprés a Europa viendo quince países, cuarenta ciudades y doscientos baños públicos en dos semanas. Me parece más cosa de tortura que de placer, pero puedo entender que, por una vez que se cruza el océano, se quiera ver todo y no perderse nada. Pero, ¿lo de Miami? Si fuera Nueva York o Washington…, yo qué sé, esta tiene monumentos y aquella los lugares que todos hemos visto en las películas, pero, ¿Miami? Tendría lógica si se fuera un amante del kitsch, de las luces de neón y de Don Johnson en su Ferrari ochentero. O Julio Iglesias. O una abuela wasp en busca de calor, mojitos y muchachos de moral laxa. Pero, ¿qué interés puede tener para un latinoamericano con dinero para irse a semejante lugar, preferirlo a las maravillas que hay en los países de su lengua, cultura y tradición?

Ninguno. Salvo que el aludido sea tan hortera que no sea capaz de percibir su cualidad. Y, sin embargo, en Colombia no eres nadie si no has estado en Miami. Me fascina escuchar a las clases privilegiadas vanagloriándose de su cosmopolitismo por haberse desparramado en un lugar que grita a los cuatro vientos pupi, pupi, ‘pupirronchito’. Ay, sí, estuve allí la semana pasada. Qué calles tan elegantes. Qué infraestructuras tan modernas. Y yo, mientras ellos me bombardean con palabras pronunciadas en lo que creen que es un magnífico inglés, les miro con la media sonrisa torcida del que puede sentir su intenso y aún no perdido olor a arepahuevo. Pudiendo visitar México, Cuba, Dominicana, Costa Rica, Panamá, Perú, Bolivia, Chile, Argentina… Y se van a Florida. Parte de un país, los EEUU, que a latinos como a ellos les espera en la frontera con soldados armados, les rapta los niños y les prohíbe la entrada negándoles la visa por ser qué: ¿demasiado pobres? ¿De piel demasiado oscura? Como dijo Monroe y mantiene su aberrante sucesor de pelo zanahorio: América para los americanos. Que se queden su país. A mí no me ven allí. Mil veces prefiero mis naciones hermanas. ¿Me escucháis gringos y ‘pupirronchos’? Mil veces.

 

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