Para quienes defienden la candidatura de De la Espriella (DLE) y para ese casi 20 % de indecisos:
Sostener, como hace DLE para excusar su pasado, que todos tienen derecho a la defensa judicial, tiene tres problemas. Una, a diferencia de los médicos que están obligados por el juramento hipocrático, los abogados sí podemos escoger a nuestros clientes. DLE decidió escoger a los peores y solo le importó hacerse rico con el dinero sucio de malhechores que le pagaron sus honorarios con las fortunas que hicieron sobre los muertos, la sangre y el hambre de centenares de miles de colombianos y venezolanos. Dos, DLE no solo fue penalista, sino cabildero de esos homicidas y mafiosos. Finalmente, el punto de reflexión no debe ser si un penalista puede defender delincuentes (la respuesta es obvia), sino si un país como el nuestro debe elegir como presidente a quien ha sido abogado y lobista y se hizo rico de la mano de los más espantosos asesinos.
DLE habla de “extrema coherencia”, pero su discurso de hoy y los principios que ahora dice defender son lo contrario a lo que predicó toda su vida. Elogió a Petro, escribió un libro para defender el pacto con las Farc, sostuvo que era maravilloso que Timochenko y los otros criminales de guerra entraran al Congreso, pidió que les dieran los mismos beneficios a los paras, atacó el tratado de extradición y solicitó que les devolvieran a los narcos el 10 % de sus fortunas. Se declaró ateo, defendió la eutanasia y la adopción por parte de parejas homosexuales y un largo etcétera. Aunque se presenta como la “extrema coherencia”, si algo no ha sido es coherente. Los nuevos principios solo aparecieron para la campaña. ¿Es creíble un candidato que se contradice a sí mismo una y otra vez? ¿Hay que confiar en lo que dice ahora, que tiene un evidente interés de campaña, y no en lo que sostenía antes?
Además, esas relaciones, algunas de amistad, con violentos y bandidos hacen poco creíble su campaña de compromiso con la seguridad y la lucha contra el crimen. De hecho, es peor: su hombre de confianza y socio (Peñarredonda es socio del bufete de DLE) es responsable de lavado de activos y fraude electrónico en Estados Unidos, por estafar narcotraficantes pidiéndoles dinero a cambio de beneficios judiciales. Y Boliche, asistente paralegal de la oficina de DLE en Miami, es el acusado principal. Y sí, DLE tenía en su nómina a Boliche, un narco responsable de lavado de dinero para Alex Saab y ahora nuevamente encausado. Para rematar, en el juicio se han referido varias veces a un “coconspirador no acusado” que sería “un abogado colombiano y miembro de una bien establecida firma legal en Colombia que rutinariamente representa a acusados que afrontan extradición”. Con todos esos antecedentes, ¿por qué creerle su campaña sobre seguridad y lucha contra la delincuencia? Dice lo que muchos quieren oír, pero su trayectoria, su pasado y sus relaciones con criminales lo contradicen.
Finalmente, los electores que tienen por objetivo final derrotar a Cepeda no deben correr el riesgo de apoyar a DLE que, sin duda, es un tiro en el pie: se ha dedicado a alejar los votantes y destruir los puentes políticos que se necesitan para ganar en segunda vuelta. Paloma no es solo la única que asegura derrotar a Cepeda, sino la que necesita Colombia para su reconstrucción. Solo sumando podemos construir un país justo y seguro, sin pobreza y sin hambre, con salud y empleo para todos.


