El próximo domingo 8 de marzo, Colombia se enfrenta a un hito democrático que definirá el rumbo del país para el periodo 2026-2030. No se trata solo de renovar el Congreso; es el momento en que se medirá la fuerza real de quienes buscan una alternativa sólida frente al continuismo del gobierno actual. Para la ciudadanía que suele observar con escepticismo la política, es crucial entender que las consultas presidenciales son una herramienta potente para influir en el futuro inmediato, siempre que se actúe con claridad y sin dejarse llevar por mitos que solo benefician al estancamiento.

Un temor común es creer que participar en una consulta genera una afiliación obligatoria a un partido político. Nada más alejado de la realidad, el voto es un ejercicio de soberanía individual que no crea vínculos de militancia ni compromisos legales futuros.

Asimismo, surge con frecuencia la idea de votar en consultas ajenas para intentar debilitar a sectores contrarios. En política existe el llamado sesgo de confirmación, el elector tiende a seguir al ganador. Al regalar votos a una coalición distinta por pura táctica, solo se logra inflar su imagen de poder y popularidad ante el país. Fortalecer artificialmente al rival le otorga una narrativa de victoria que usará como motor de campaña para la primera vuelta de mayo. El voto con sentido es aquel que robustece la propia causa y consolida la opción en la que realmente se confía.

Tampoco debe caerse en la trampa de pensar que el voto sobra cuando un candidato parece llevar la delantera en las encuestas. Las consultas no solo definen un nombre, sino que otorgan legitimidad y peso político. Un triunfo contundente envía un mensaje de unidad y fuerza; un triunfo con poca participación, en cambio, siembra dudas sobre la viabilidad del proyecto. Por ello, cada sufragio cuenta para que la alternativa de cambio tenga una base sólida y respetada.

Incluso la naturaleza voluntaria de esta votación la hace más valiosa, quienes asisten demuestran una convicción que las maquinarias no pueden ignorar. El mito de que los resultados están decididos de antemano se rompe únicamente cuando el ciudadano decide que su voz no será silenciada por la apatía. Este domingo es la oportunidad de pasar de la inconformidad a la acción. Participar en la gran consulta es el primer paso real para frenar el continuismo y asegurar que el 31 de mayo lleguemos con una opción imparable. El futuro no se construye esperando, sino ejerciendo el poder que tenemos en las urnas.

* Directora Ejecutiva Lonja de Propiedad Rapiz de Barranquilla