El pasado viernes tuve el privilegio de asistir a uno de los eventos más emblemáticos del Carnaval de Barranquilla: la Guacherna. Este desfile nocturno, iluminado por faroles, cumbiambas, comparsas y música en vivo, se ha consolidado como una verdadera antesala de la fiesta grande. No es solo una tradición: es un recordatorio de quiénes somos cuando dejamos que la alegría nos guíe. Junto a la Lectura del Bando, la Noche de Coronación y la Batalla de Flores, completa ese cuarteto de momentos que definen el corazón festivo de la ciudad.

Desde las seis de la tarde, cuando el cielo empezaba a oscurecer, hasta la medianoche, desfilaron cerca de 20.000 personas y alrededor de 200 grupos folclóricos, cada uno dejando su estela de música y color. Mientras avanzaban por los cinco kilómetros del recorrido, era imposible no sentir el latido colectivo de una ciudad que ese día se viste de fiesta. Según el alcalde Alejandro Char, esta edición dejó cifras históricas: 550.000 asistentes celebrando y bailando en las calles. Y es que la Guacherna no solo eleva el ánimo: mueve la economía, dinamiza la ciudad y confirma que, cuando Barranquilla decide brillar, no hay noche que pueda contenerla.

Las proyecciones del Distrito anticipan un Carnaval inolvidable. Se estima que alrededor de 800.000 personas participarán de las celebraciones, impulsando una economía que podría mover cerca de $900 mil millones y generar más de 198.000 empleos directos e indirectos en toda la cadena turística, cultural y de servicios. Detrás de esa magia —esa que el público solo percibe como música, baile y brillo— existe una estructura organizativa que trabaja silenciosamente todo el año: el Comité de Patrimonio, la Junta Directiva de Carnaval S.A.S. (conformada por la Secretaría de Cultura, la Cámara de Comercio y la Fundación Santo Domingo) y un equipo de asesores culturales y logísticos liderados por Juancho Jaramillo. Ellos son los artesanos invisibles de una fiesta que no es solo un evento: es un acto de identidad colectiva.

Pero detrás del Carnaval también hay historias que merecen ser contadas. Una de las más conmovedoras es la de la comparsa “Salón Burrero Pa’ la Calle”, integrada por cerca de 80 ex habitantes de calle y considerada por muchos como la más querida del público. Su origen demuestra que la inclusión también puede desfilar.

Gracias al liderazgo de la primera dama del Distrito, Katia Nule, Barranquilla puso en marcha un programa sólido para la recuperación y resocialización de esta población. El alcalde Alex Char construyó un hogar de paso con capacidad para 282 personas, donde reciben alojamiento, alimentación, apoyo psicosocial, atención en salud, talleres de habilidades y acompañamiento para la reintegración familiar y social. De ese proceso ejemplar nació la comparsa “Salón Burrero”, hoy apadrinada y animada por la primera dama.

Barranquilla tiene esa virtud: casi cada semana sorprende con una buena noticia. Ojalá esta comparsa —y otras de larga tradición— pueda presentarse todo el año en el Teatro Amira de la Rosa, como un escenario permanente que atraiga turismo y recuerde que esta es una ciudad que vive en modo carnaval los doce meses del año.

@indadangond