Marina Granziera, la políglota y formidable periodista de Caracol Televisión y Blu Radio, propuso a sus compañeros del programa ‘Blog Deportivo’ que mencionáramos a los mejores goleadores en la historia del fútbol.

Acudiendo al llamado de tan futbolero ejercicio, mencionamos a Cristiano Ronaldo, a Messi, pasamos por Gerd Muller, Ronaldo, Pelé y los más “nuevos” como Halaand y Mbappé.

Tuvimos tiempo para señalar algunas diferencias entre esos dueños del gol: algunos con más calidad en el trámite del juego, con otras habilidades antes de llegar a la definición. Y otros con menos protagonismo en el previo del desenlace de la jugada. Todos con la invaluable virtud de resolver con eficacia el momento más determinante del juego.

Aproveché para recordar que hay unas peculiaridades generales que los define independientemente del estilo de cada uno. La cercanía del área les aguza los sentidos, les afina el instinto, les perfecciona el gesto técnico. Cuando a los demás les parece estresante, a ellos, emocionante. Lo que parece excepcional para el resto, para ellos es habitual. Cuando el área desordena los nervios de los otros, ellos hacen gala de una serenidad tibetana.

Los goleadores no se impacientan. Sus gestos están dirigidos por una gran convicción. Tienen una notable capacidad de síntesis. No se desaniman cuando aparecen algunos yerros. Anticipan, olfatean, poseen un gran sentido de la ubicación, tienen aquello de la “competencia inconsciente”, que es la que les ayuda a “sentir” que ese es el movimiento que hay que hacer. Y tienen una dosis de egoísmo.

De cabeza, de volea, dentro del área, fuera de esta, con la izquierda, de derecha, eludiendo al arquero. De estas y todas las formas, el goleador nos regala la máxima emoción del fútbol: el gol.