Todos los aficionados futboleros saben que durante la historia de este deporte han existido clubes que han marcado épocas por la belleza de su juego y por sus éxitos. El Real Madrid de Di Stéfano, el Bayern Munich de Beckenbauer, el Ajax de Cruyff, el Santos de Pelé, el Inter de Helenio Herrera, el Liverpool de Bob Pasley, el Milan de Arrigo Sacchi, y el Barcelona de Pep Guardiola, entre otros.
Todos ellos han sido conocidos o bien por los nombres de sus entrenadores o bien porque han tenido un futbolista destacado. El Madrid de Di Stéfano bien podría ser también el Madrid de Miguel Muñoz, que fue su técnico en la época en la que los blancos ganaron cinco copas de Europa consecutivas. O el Ajax de Cruyff, crack que revolucionó el fútbol dentro y fuera de él, podía ser el de Stefan Kovacs, entrenador que impuso un estilo de juego posteriormente bien ejecutado y mejorado por Marinus Michels. Y también podríamos llamar al Barça de Guardiola, el Barça de Messi, auténtico líder de un equipo que sin él no habría conseguido tantos éxitos ni hubiera enamorado al mundo del fútbol como lo ha hecho.
Solo una selección, Holanda, ha pasado a la historia por desplegar un estilo de juego tan espectacular como cautivador, pero sin lograr un gran éxito. Esa Holanda maravilló en el Mundial de 1974, pero perdió la final con Alemania; y también lució en el Mundial de 1978, pero cayó con Argentina en la final. Es aquí donde aparece la pregunta: “¿Ganar como sea, o ganar practicando un buen juego, un estilo propio?”.
Los resultadistas seguramente votarían ganar como sea. Los románticos defenderían la segunda teoría. Donde esta polémica arde es en España, y especialmente en Barcelona donde la mayoría de aficionados han conocido la época más gloriosa del club con Johan Cruyff de entrenador, que luego tuvo en Pep Guardiola a su discípulo más aventajado.
Posesión del balón y posición en el campo. Esas eran las máximas de Cruyff y son las de Guardiola. Tener el balón más tiempo que el rival, y tocar y tocar hasta encontrar la vía del gol, con velocidad, con desmarques, abriendo espacios. El toque-toque de los equipos de Pacho Maturana, pero con mejores resultados.
Todos los estilos de juego acaban teniendo un antídoto y, en el mejor de los casos, terminan siendo copiados y mejorados por otros entrenadores. Para ello, claro está, necesitan de jugadores de una calidad extrema.
Eliminado por el Mónaco de los cuartos de final de la Champions, que se sortean hoy en Nyon (Suiza), Guardiola ha experimentado en el Manchester City la triste cara de la derrota en octavos por primera vez en los últimos ocho años. Cuando jugó un partido loco, al más puro estilo inglés le dio la vuelta a un 1-3, con un 5-3 que lo colocó de favorito en la eliminatoria. Pero cuando se encontró en la vuelta con un equipo como el Mónaco, que practicó el tiki-taka, que jugó una primera parte como su mejor Barça o como el PSG que bailó al Barcelona (4-0) en París, su Manchester City fue una comparsa.
Cuando recuperó el balón y su estilo, ya fue demasiado tarde. Hoy es el técnico más criticado del fútbol inglés. El día del 5-3 era un dios.








