El reciente informe de Caribe Afirmativo evidencia 30 asesinatos de personas LGTBI en la Región. O sea, de los 110 homicidios que hubo en el país, el 21% ocurrieron en el Caribe colombiano. 10 de los 30 homicidios, además, tuvieron lugar en el departamento del Atlántico.
El informe también registró la violencia a este grupo poblacional por parte de uniformados de la Policía. La institución que debería proteger los derechos de las personas diversas sexualmente, los violenta. Suelen aparecer justificaciones que hablan de casos aislados, pero cuando sabemos que durante un año hubo 61 casos de violencia policial contra personas LGTBI en Colombia, entendemos que estamos frente a una violencia institucional sistemática. 13 de esos casos se registraron en el Caribe.
Esta situación es mucho más grave de lo que parece, pues podemos intuir que la mayoría de los casos se dejan de registrar y de denunciar. Es fácil comprender que una mujer transgénero, por ejemplo, que se gana la vida en la calle, prefiere quedarse en silencio frente a la violencia policial por miedo a ser víctima de represalias y porque reconoce su condición de vulnerabilidad. La mayoría de los casos se presentaron en Bolívar y Atlántico. Allí los comandantes de la Policía tendrían que explicar qué está pasando con sus hombres y qué está haciendo la institución para prevenir este desastre.
El informe dedica un capítulo específicamente a las victimizaciones de personas LGTBI en el marco del conflicto armado. Explica que en este sentido la violencia aumenta el riesgo en zonas rurales, que el mayor perpetrador son los paramilitares y las Bacrim y que hay doble victimización en el caso de mujeres lesbianas y transgénero.
Hace unos años, cuando nadie hablaba ni de mujeres ni de personas víctimas LGTBI en la guerra colombiana, alguien me contó una historia: En una población a orillas del río Sinú, los paramilitares amarraron el pene de un hombre y luego tiraron de un caballo.
Año tras año el informe de Caribe Afirmativo revela homicidios, intimidaciones y abuso policial. En algunas ocasiones los asesinatos son selectivos y son representados con absoluta sevicia. Las representaciones más radicales del patriarcado heteronormativo han dejado una larga estela sangrienta que, en medio del conflicto armado, encontró sus más crueles expresiones.
El informe del Centro de Memoria titulado Aniquilar la Diferencia es un hito importante en la manera de reconocer a las víctimas de la guerra. Aquellos que están en el margen social han recibido el peso más devastador, en ocasiones, con la complicidad de otros, de sus vecinos, de sus conocidos, de la sociedad civil.
El enfoque de género no es otra cosa que reconocer estas historias, estas víctimas, estos silencios. Es urgente construir la paz sin exclusiones, una paz que sea capaz que abrace a cada uno de nosotros y nosotras. Sacar a la población LGTBI del acuerdo de paz es servir de cómplice para seguir manteniendo estas violencias. Por esto, del acuerdo no nos sacan… y si lo hacen, tendrán que asumir su responsabilidad histórica.
@ayolaclaudia
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