El miércoles se desató una saga de pronunciamientos a favor de la ‘acertadísima’ operación que había tenido como resultado la captura de 15 personas señaladas de ser los autores de los dos atentados a Porvenir en Bogotá.
Juan Manuel Santos celebró desde su cuenta de Twitter: “Capturadas 11 personas del ELN responsables de petardos en Bogotá. Felicitaciones a @PoliciaColombia y @FiscaliaCo -Pagarán por atentados!”. El general Palomino, en la misma red social dijo “Valoro inmensamente el trabajo metódico de investigadores de la Policía que permitieron la captura de responsables de los atentados en Btá” y el Comandante de la Policía Metropolitana, el general Guatibonza, aseguró “Un golpe operativo contra células urbanas al ELN”
Pero apenas unas horas después todo se empezó a desdibujar. Dos de los supuestos peligrosísimos elenos fueron puestos en libertad esa misma noche, pues se pudo establecer que su único pecado era coincidir en el lugar de las capturas. Sobre 11 de los detenidos, además, las organizaciones de derechos humanos argumentaron que nada tenían que ver con las guerrillas. Las directivas de la Universidad Pedagógica Nacional demostraron que 4 de ellos se encontraban haciendo una tarea académica por fuera de Bogotá en los días de los atentados.
Así poco a poco, los mismos medios que sirvieron de caja de resonancia al celebrar el supuesto positivo por los atentados de Porvenir, fueron planteando las dudas sobre la consistencia de las acusaciones. El “metódico trabajo” que señalaba el Comandante de la Policía, de repente, ya no parecía tan metódico.
Las capturas se dieron, eso sí, en un momento perfecto: justo cuando se advertía que el 67% de los bogotanos no creían en el proceso de paz, y que la imagen favorable del presidente sufría un descalabro al pasar del 40% al 29%.
La principal acusación cayó. La espectacularidad se fue desinflando. De 15 supuestos terroristas pasaron a 13, de esos 13, 10 son investigados por alteraciones en una protesta social, y solo a 3 le imputaron cargos por rebelión. Y claro, importante acusación, pero inmerecido golpe positivo de opinión para el gobierno teniendo en cuenta que en Colombia se capturan alrededor de 1.500 personas por rebelión cada año. Se estableció que ninguno, óigase bien, ninguno de los detenidos está vinculado a los atentados de Porvenir.
El Fiscal aseguró que solo faltaba la cereza del pastel y sin embargo, hoy no tenemos nada. Por qué dar un falso positivo judicial sobre estos atentados. Sería aterrador preguntarse si el aparato judicial le hace juego a la propaganda del ejecutivo, armando estos paquetes mediáticos para favorecer la imagen del gobierno de turno. La legalización de las capturas se hizo por fuera de las 36 horas que dice la ley, lo que consiste una grave violación de los derechos de los detenidos. Nada sorprendente cuando existen tantas presiones políticas y mediáticas sobre el proceso. Pero la pregunta clave es: Si estos no son los responsables de los atentados a Porvenir, dónde están los verdaderos responsables? ¿Alguien los está encubriendo, acaso? Solo para recordar: atentado a Vargas Lleras, se culpó a la guerrilla, luego se estableció que venía del DAS. Atentado en vísperas de segunda posesión de Uribe, se culpó a la guerrilla y luego se supo que los autores fueron altos mandos militares. Atentado a Uribe en Barranquilla, el mismo cuento, luego se supo que venía del DAS. Está demostrado que aquí no se sabe de qué dirección viene el terror. Los colombianos no necesitamos chivos expiatorios, necesitamos a los responsables.
@ayolaclaudia








