Ay, este corrector de Word, a diferencia de Nicolás Maduro, no conoce la palabra Pangea. Este infame se las trae: uno escribe Freud y él corrige “Freíd”, Sigmund Freíd, dueño de la fritanga del inconsciente, que traicionó al mandatario venezolano cuando crepitó sin más, cual crispeta del exabrupto, que Venezuela y Portugal quedan en el mismo continente. Debe ser en Pangea, la Tierra primitiva, donde todos unidos eran uno solo, y no había que llevar pasaporte ni visa para andar libremente por ahí, como los dinosaurios, de cuerpo robusto y pequeño cerebro, como Maduro, quien parece sufrir de incontinencia universitaria.
Se parece al corrector de Word, y al dios Google, que saben mucho de software, pero lo ignoran todo en materia de gramática y geografía, para no hablar de psicología y mal y genio, sí, el que le da uno cada vez que esos ignorantes lo dejan mal. Y como dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí, pues no quiero insultar a Maduro, pero la conclusión se cae por su peso, de gravedad –cuentan que Newton se revolvió en su tumba–. La deriva continental se relaciona con ese grave tema, pero alguien como que no asistió a las clases de geografía, donde la maestra hablaba de Turquía y explicaba que, allende el océano, quedaba Portugal, pero ya no: ahora queda en el Mar Caribe, al menos en la mente de Maduro. ¿Qué más habrá por esos lares? ¿Acaso creerá que los colombianos somos asiáticos? Todo es posible en la Dimensión Desconocida.
Nicolás, según tus nociones geográficas, Fernando Pessoa, el poeta portugués, es un representante de la literatura latinoamericana, y Gabito, pues de la europea. ¿Se dan cuenta, profesores de Español y Literatura? Hemos perdido el tiempo. Eso ya lo sabe el dios Google, otro experto en geografía, a quien tú le preguntas por la región de Galilea y te muestra los montes de Galilea Montijo, que más parecen un resbaladero: “cualquiera resbala y cae”. Oye, pero si era obvio: desde el Castillo de Salgar se ve Portugal, por lo menos un señor en la butaca de al lado, en avanzado estado de lucidez, la veía la otra tarde, me consta. Aquí mismo, en el Mar Caribe, según Maduro: uno hasta se puede ir a nado estilo mariposa. “Papá, ¿dónde queda Europa? Cállate, hijo, y sigue nadando”. Los portugueses son caribeños y nosotros lusitanos, oh mundo surrealista, haberle dicho a Salvador Dalí.
La última vez que vino a Colombia, a Joan Manuel Serrat le preguntó un periodista avezado en qué se parecían el Caribe y el Mediterráneo. Con evidente buen genio, el cantautor catalán respondió: “¡Joder! ¡Ambos son mar!” Maduro creen que son el mismo. Si la fe mueve las montañas, como que él tiene demasiada: movió el planeta entero. Según las últimas noticias, ha provocado un tsunami. Es todo un Nicolás Copérnico, trasladó el Sol y la Luna, revolucionó el Universo. Dicen, los que tienen línea directa con Él, que hasta el mismo Dios está asombrado. Maduro habla y el Señor se ríe, pero a carcajadas, no se reía tanto desde que murió Maxwell Smart, el Superagente 86, quien ha dicho: “Esto parece un guión de Mel Brooks”. El comandante Chávez, en cambio, está bravísimo. Como Julio César, no cesa de repetir: “¡¿Y tú también eres bruto, hijo mío?!”
Y desde el más allá, hasta Hugo Chávez se hace la misma pregunta que nos hacemos todos: ¿cómo puede gobernar un país un hombre que ni siquiera sabe dónde está parado?
Por Diego Marín C.
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