El Gobierno Nacional sancionó la Ley 1620 de marzo 15 de 2013, conocida también como matoneo o bullying. Se trata de otro invento de estos funcionarios bogotanos especialistas en hacer leyes bobas que no sirven para nada, sino para conformar comités y perder el tiempo.
Ya existe el Código de la Infancia y la Adolescencia (Ley 1098 de 2006) que establece, entre otras, la corresponsabilidad de la familia, la sociedad y el Estado a fin de garantizar el ejercicio de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, el sistema de responsabilidad penal para ellos, las sanciones en caso de incurrir en algún delito, así como la responsabilidad de los medios de comunicación, aspecto regulado en el artículo 47 de esta norma, el cual no se cumple.
Sobre este tema de los medios de comunicación, basta ver entonces la programación de nuestra televisión, donde encontramos películas como, Los tres Caínes, la serie sobre Pablo Escobar y La Reina del Sur, donde se mueve el dinero fácil y la violencia extrema; y películas venezolana o mexicanas, como La rosa de Guadalupe y El cuerpo del deseo, con actores que no trabajan y viven bien, películas que hacen parte del menú diario colombiano y donde el arroz se vuelve cucayo originando la pelotera familiar.
Los medios de comunicación manejan la información a su antojo, a veces sin ningún escrúpulo, sin importarles su impacto en la sociedad. En estos días, la mastectomía de la actriz Angelina Jolie se difundió por la televisión como si fuese un acontecimiento de Estado, que opacó el trabajo científico realizado en la Universidad de Oregón, con la participación de la bióloga española Nuria Martí, sobre células madre embrionarias con el mismo ADN (clonadas) de un adulto, experimento muy prometedor para el tratamiento del mal de Parkinson, enfermedades del corazón y lesiones de la médula espinal, entre otras. De igual manera, la entrevista que la periodista Cecilia Orozco Tascón publicó en El Espectador sobre la prepago Dania Londoño, documento que le envía un mensaje torcido a las niñas desempleadas que, teniendo buen cuerpo, desean progresar sin trabajar, acostadas con un ojo abierto y un blackberry en la mano.
La ley del matoneo enfoca las sanciones hacia las instituciones educativas privadas (artículos 36 y 37), hacia los docentes y directivos docentes oficiales (artículo 38), cuando para estas situaciones ya contamos con los Códigos Contencioso Administrativos, el Código Disciplinario Único, el Código de Procedimiento Civil, el Código Civil, el Código Penal y el de Procedimiento Penal, además de los manuales de convivencia en cada institución educativa. ¿Para qué más normas si las existentes no se aplican?
El matoneo no es nuevo. Siempre ha existido, en mayor presencia en algunas comunidades que en otras. La burla, los ataques, los apodos, las peleas a mano limpia han sido actividades del diario acontecer en los colegios, que antes el rector o el funcionario encargado de la disciplina tenía no solo la facultad sino la autoridad para corregir al alumno que quería torcerse, con tan solo mostrarle una larga y gruesa regla de madera, instrumento que remplazaba al sicólogo de estos tiempos modernos. Hoy, el docente no puede corregir, o se hace el loco, porque el alumno tiene el respaldo del papá y puede hacer lo que quiera en el colegio.
Por eso tenemos niños atracadores, niños extorsionistas, niños pandilleros, niños que amenazan al maestro, niños armados, niños ladrones y niños drogadictos. ¿Cuál es el hogar de estos niños? Este es el problema social, y hacia sus causas deben diseñarse políticas públicas eficaces, no normas sin dientes.
Por Francisco Cuello Duarte








