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Crisis climática, devastadora para Colombia

Desde Reino Unido, el ministro de Ambiente, Carlos Correa, habló con EL HERALDO de  la participación del país en la Conferencia de las Naciones Unidas. 

El planeta sigue en una lucha contrarreloj mientras la crisis climática se intensifica, los científicos reiteran graves consecuencias y los efectos devastadores alcanzan a Colombia.

Una muestra es la presencia del país entre las 11 naciones con mayor riesgo y menor capacidad de adaptación al cambio climático, como lo indica un informe presentado por el Consejo Nacional de Inteligencia (NIC) de Estados Unidos.

Una predicción más cercana se hizo en la tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático, en la que quedó claro que todos los departamentos tienen algún grado de riesgo: el 13% de estos se encuentra en categoría muy alta de vulnerabilidad.

La fragilidad en el territorio nacional radica en la exposición a lluvias torrenciales y sequías prolongadas que ponen en riesgo a ecosistemas y comunidades. Por eso, si no se toman acciones, se experimentarían derrumbes en zonas altas y montañosas, y lo que es peor, habría escasez de agua potable. En las llanuras, las poblaciones sufrirían inundaciones cada vez más frecuentes e intensas y en las zonas costeras la amenaza es por el aumento del nivel del mar.

Pronóstico

Este pronóstico del Ministerio de Ambiente fue entregado ad portas de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que inicia este domingo en Glasgow, Escocia.

“Colombia tiene el 12 % de biodiversidad del mundo y esa alta concentración en flora y fauna hace que el país y nuestros ecosistemas sean particularmente sensibles a los cambios por tanta riqueza,  de ahí viene en gran medida esa alta vulnerabilidad”, respondió a EL HERALDO  el ministro de Ambiente, Carlos Eduardo Correa, desde Reino Unido.

La agenda del país

A esa cumbre Colombia llegará con una nutrida agenda, una de sus banderas es la meta de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que se tiene al año 2030 en un 51 % y la estrategia de ‘carbono-neutralidad’ al 2050 que busca posibilitar el crecimiento bajo y sostenible en emisiones de gases en la industria nacional. Así como planes y políticas de adaptación y financiamiento que permitan reducir su vulnerabilidad.

“Colombia está comprometida con la acción climática del planeta. La meta es muy clara: restaurar los ecosistemas y conservar el patrimonio natural. En diferentes escenarios nacionales e internacionales lo hemos dicho, no solo necesitamos apoyo técnico por parte de los países desarrollados, sino también financiero”, especificó el ministro.

De no adelantarse acciones de reducción de riesgos por cambio climático, las pérdidas anuales esperadas pueden ser del orden de los $4,5 billones, cifra similar a la que el país invierte cada año en la recuperación por la pandemia de la covid-19.

A qué va Colombia a la Cumbre

Pero ocurre que el país no va a estas conferencias a concretar acuerdos en solitario. Según Carlos Javier Velásquez Muñoz, doctor en derecho ambiental y director del Centro de Estudios Urbano-Regionales de la Universidad del Norte, Colombia hace parte de los bloques de países que se han conformado en las negociaciones climáticas.

“Por supuesto que aprovecha para llevar a cabo una que otra reunión con otros países en aspectos muy concretos de interés, pero su postura ha sido clara en el bloque de países que apuestan por los mecanismos más decididos para enfrentar el cambio climático”.

“Pero no es suficiente”, afirmó Germán Rivillas, docente del departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Uninorte y miembro del Nodo de Cambio Climático para la región Caribe.

En palabras del especialista, en esta conferencia no hay garantías de que el país pueda alzar la voz.

Si bien el país no emite muchos gases contaminantes, solo el 0,6 % del mundo, sí tiene mucho que perder.

“Lo ideal es llegar a cero emisiones para evitar el aumento de las temperaturas, esa es la meta planteada en una década. A medida que van pasando los años las metas deberán ser más estrictas”, expresó Jairo Ceballos, docente, microbiólogo y magister en Ciencias Ambientales de la Universidad Simón Bolívar.

“No es fácil que Colombia le diga a Estados Unidos o a China que no sigan produciendo y generando gases contaminantes porque eso nos perjudica a todos, no tenemos la fortaleza a nivel político para sentar esa posición”, sustentó.

Velásquez Muñoz coincidió en que las promesas políticas no son suficientes para detener la emergencia que enfrenta el mundo.

“El largo período de tiempo dedicado a las promesas y los discursos ya pasó, ahora es necesaria la acción por el clima. Países como el nuestro dedican mucho esfuerzo y energía al papel, muchos discursos, instrumentos normativos y políticas públicas sin planes de acción concretos para el logro de productos y resultados”, dijo.

A qué le debe apostar

Lo que sí puede hacer Colombia, según Rivillas, es poner una meta a 2030 de transición de energías fósiles a renovables como ocurrió en India, Italia y Francia. “Aunque dudo que los sectores políticos en el futuro se interesen por el tema”, sostuvo.

Otros aspectos que propuso son el fortalecimiento de mecanismos de desarrollo limpio, la utilización de energías alternativas distintas a la hídrica, a partir de la radiación solar y el viento, así como el impulso de los esfuerzos frente a la reducción de las emisiones de la deforestación.

¿Qué tanto se beneficia la región?

Muchísimo, responde Carlos Javier Velásquez. En su argumento habla de que hay que estar atentos a lo que se alcance y se decida en la COP26 en Glasgow y, de inmediato, alinear la visión de desarrollo sostenible con la región, el departamento y la ciudad.

“No se nos olvide que la región está bañada por el océano Atlántico y uno de los principales efectos del cambio climático es el ascenso del nivel del mar, ya lo están sufriendo las principales ciudades costeras”, argumentó.

Vulnerabilidad del departamento

Y el Atlántico, si se mira con detalle, es una isla, bordeada por el mar, por el río y el Canal del Dique. De ahí que su pronóstico sea poco alentador.

“Inundaciones por la intensidad de fenómenos como La Niña, eso a su vez provocará huracanes. Por otro lado aumentará la temperatura generando sequías y prolongando el fenómeno de El Niño. En el Atlántico también aumentará el proceso de salinización de suelos”, detalló Hernando Sánchez, director del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Unisimón.

Pérdida de biodiversidad

Esas inundaciones, detalló Germán Rivillas, serán tanto continentales como costeras y producto de las nuevas condiciones del suelo habrá una sucesión ecológica, es decir, la vegetación cambiará, se alterarán ecosistemas y habrá pérdida de biodiversidad.

“Las ciénagas de Mallorquín, Manatí y de Balboa, humedales que nos protegen contra inundaciones y huracanes, desaparecerán. Entonces el mar entrará de frente y ahí se verá la intensidad de la erosión costera”, explicó el experto en cambio climático.

Temas de salud como enfermedades por vectores y seguridad alimentaria también son componentes que agravarán la crisis climática en el Atlántico, debido a la incidencia de fenómenos naturales que afectarán los cultivos.

“Hay altos índices de inseguridad alimentaria en el departamento y si eso ya está fallando puede ser más grave. Los tomadores de decisiones del territorio deben apuntarle a no dejar las políticas en el papel y para eso se deben asignar recursos para que las propuestas se conviertan en algo tangible”, opinó el microbiólogo Jairo Ceballos.

Asuntos inconclusos

Colombia ya tuvo una participación en la COP24 en Katowice, Polonia, en donde se adoptó lo que se conocen como las reglas del Acuerdo de París (AP), pero algunos de los asuntos quedaron inconclusos y no han podido ser acordados.

Durante la COP25 tampoco fue posible llegar a una decisión.

En esta COP26, la conferencia esperada, pospuesta por la pandemia, Colombia confía en que se puedan adoptar decisiones relacionadas con las deliberaciones sobre la nueva meta colectiva cuantificada de financiamiento climático, mediante un ítem de agenda o un evento formal que agrupe a las partes de la Convención y el Acuerdo de París y así definir un nuevo objetivo cuantificado antes del 2025.

El país también buscará una decisión con un cronograma claro que marque unos hitos de la negociación de 2022 a 2024.

Para el experto en derecho ambiental, Carlos Javier Velásquez, existe la esperanza de que Glasgow sea un punto de inflexión, pero nunca se sabe.

Al mundo no le queda mucho tiempo y tenemos que actuar ya.

Vehículos eléctricos y educación ambiental en la Ley de Acción Climática

Colombia llegó a Escocia con la aprobación, en primer debate, de Ley de Acción Climática. El proyecto es importante y trascendental para el país porque busca crear unas medidas mínimas a corto, mediano y largo plazo que le permitan al territorio nacional alcanzar la carbono neutralidad a 2050; es decir, que Colombia pueda compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Este proyecto tiene 6 títulos y 24 artículos en los que se establecen acciones concretas para hacerle frente al cambio climático de la mano de sectores como el de transporte, ambiente y desarrollo sostenible, minas y energía, vivienda, ciudad y territorio, agropecuario, pesquero y desarrollo rural, así como comercio, industria y turismo.

El proyecto establece medidas como manejo sostenible de 2,5 millones de hectáreas mediante contratos de conservación para estabilizar la frontera agropecuaria, así como alcanzar 600 mil vehículos eléctricos en circulación y renovar al 2030 al menos 57 mil vehículos del parque automotor de carga.

También se plantea reusar el 10 % de las aguas residuales domésticas, alcanzar un 10 % de empresas que implementan acciones de adaptación al cambio climático e incorporar a 2030 el cambio climático en la educación formal (preescolar, básica primaria y secundaria, media y superior) y en la educación para el trabajo y el desarrollo humano.

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