La Semana Mayor ha llegado y, marcada en el calendario de los barranquilleros, está la infaltable cita en los parques de la ciudad, donde los ciudadanos se acercan a su puesto de confianza para endulzar la espera de todo un año con la llegada de las palenqueras y sus mesas de dulces.
Lo que antes eran grupos de gente que a pie se citaban en los parques de los barrios, ahora son caravanas de carros, camionetas y motos que cruzan la ciudad en busca de un vasito de dulce, para deleitar a su paladar con sabores simples como el de coco y mango, hasta los exóticos como el de mongo-mongo.
Sin embargo, ya no es igual. Durante los últimos días, EL HERALDO recorrió diferentes parques y plazuelas de Barranquilla y la afluencia de las matronas con sus recipientes llenos de dulces no es la misma.
Tras buscar un rato por las calles, un equipo periodístico de esta casa editorial se pudo sentar a conversar con Natalia Fontalvo, quien tiene 55 años y es cocinera tradicional dulces, enyucados, bollos y otras tantas delicias que la comunidad afro ha perfeccionado a través de los siglos.
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Durante la última década se ha sentado en la esquina de la carrera 47 con calle 72, en uno de los costados del coliseo Elías Chegwin, con su puesto de dulces. Es una tradición que mantiene viva con el sudor de su frente, consiguiendo los insumos para las preparaciones y poniéndole el toque de sus ancestros.
Ese lugar se ha vuelto el epicentro de las palenqueras que venden sus dulces, tratando de mantener viva la tradición. Hasta allá, son muchos las que la llegan a buscar: “Las personas vienen en masa a comprarnos a nosotras los dulces, porque les gusta. Los dulces de las negras son buenos, de todas las paisanas”.

El reencuentro de cada año
Ella ha sabido desarrollar una relación muy cercana con sus clientes. Los ha visto crecer a muchos, por la cara ya saben lo que vienen a buscar y no es más que ofrecerles lo que ellos ya quieren degustar. Ha logrado una conexión telepática con la gente, después de tantos marzos y abriles dándoles dulces.
“Muchos se alegran mucho cuando me ven. En estos días vinieron unos carros y me dijeron: ‘¡Ay, las negras de los dulces!’. Se les notaba demasiado la alegría. Todos los años los mismos clientes vienen a buscarme. Me piden el de coco, el de ñame y el de guandú, también el de papaya y el de mango para los niños”, explicó.
Tiene una meza larga, con diferentes recipientes, cada uno de un color diferente, algunos más brillantes y otros opacos. Los contenedores tienen preparaciones de diferentes consistencias. Es todo un espectáculo visual que abre el apetito antes de saborear el dulzor de la mezcla: “Tengo mi caldero y todas esas cosas. De los dulces, el que mejor me queda es el de mongo-mongo, también el de papaya y el de guandú”.
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Sin embargo no se llama a mentiras. Casi todas las matronas que están instaladas son familiares: hermanas, primas, sobrinas, nietas o cuñadas. Los apellidos se repiten de atrás para adelante, o al revés. Pero ya son menos mujeres y es un poco más difícil encontrarlas vendiendo.
“La hemos descuidado un poco. Mi mamá me enseñó y yo he enseñado a mi hija. Mi hija me acompaña, también hace los dulces. Hoy en día, hay un poco que ya no los hacen, que no hacen dulce, pero nosotros todavía damos para seguir un poquito”, recalcó.

Cultura y empresa
Para Natalia y sus familiares, esto no es solamente una tradición que se esfuerzan por mantener viva, sino que es además la empresa que les permite mantener la economía de sus hogares y, más allá, de sus comunidades, de los llamados ‘palenques urbanos’, hasta donde han llegado esas afrodescendientes que se han sometido a los procesos de la urbe.
“Tengo más de diez años haciendo dulces como trabajo; aprendí las recetas desde los 11 años, me enseñó mi mamá, que ella sabía hacer negocios. Mi mamá hacía pasteles, dulces, cocadas y ella nos enseñó”, recordó.
Y es que la tradición es su empresa. Por eso, generación tras generación, estas mujeres luchan por perpetuar en sus familias la identidad y las historias que se pueden narrar a través de sus recetas.
“La tradición de nosotros son los dulces, todos los años. Yo también hago bollo, pero después de que pasa la época de los dulces”, ilustró.
Y es que a su manera, esta tradición mueve la economía de la ciudad, a punta de sabor y un gusto inexplicable.
“Nosotras buscamos el coco, la papaya y lo que haga falta para hacer los dulces, se hace de coco, se hace de papaya, de guandú, todos los sabores. Llegué a esta esquina cuando las compañeras vinieron y me quedé aquí en este puestecito”, anotó.

El peso de los años
Estas mujeres tratan de sacarle el jugo a cada dulce, a cada fruta, a cada gota de sabor, pues una vez celebrado el Domingo de Resurrección, recogen sus mesas y se despiden de los dulces hasta la próxima temporada.
“Nada más es por la temporada de Semana Santa. Ya luego no se vende más. Las otras temporadas es que uno se va a vender en la calle son los bollos y las cocadas”, dijo.
Natalia confesó que no todo lo que prepara le gusta y que queda tan cansada por el esfuerzo de cocinar tantos dulces al tiempo, que muchas veces se le quitan las ganas hasta de probarlos: “A mí me gusta nada más el de guandú. Lo siento, pero casi todos son bastante difíciles de hacer. El de mango también es pesado, porque demora mucho. El de coco es más suave, pero los demás son más pesados”.
A pesar de todo esto, cocinar su tradición para ella es un regalo: “Es una cosa tan linda. Me gusta mucho hacer mi negocio, mi dulce, trabajar, todo eso me gusta. Pero ya con todos esos dolores en la rodilla, en la pierna, ya uno se cansa”.
Eso sí, lo dice sin vergüenza alguna: “Nosotras las negras le ponemos las fuerzas a los dulces”.

Un dulce legado
Más al norte de Barranquilla, acogida por la sobra fresca de un árbol en el parque Venezuela, la palenquera Heidy Reyes ofrece sus dulces a los transeúntes que pasan por el prado, con una mirada adormilada y una voz más suave.
Pese a ese aura de calma, la verdad es que la resistencia de su espíritu para permanecer arraigada a sus tradiciones se siente invencible en sus palabras: “La tradición de los dulces es una cultura que no se puede perder, que viene desde mucho tiempo, de nuestra madre, nuestros abuelos, y nosotros nos mantenemos, seguimos con esa cobertura a la tradición”.
Mientras se apresuraba a servir 10 mil pesos de dulce de coco para un cliente, el cual se traduce en un frasco mediano donde pueden comer al menos tres personas: “El de coco con leche es el que le gusta más a la gente”.
También recordó que no son simples recetas, son el conocimiento ancestral de muchos años.
“Yo aprendí de mi mamá, de mi abuela, de mi tía, y bueno, ahí está la tradición, para no perderse”, por ello ha seguido con el legado de la tradición: “yo le enseñé a mis sobrinas”.
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Pese a que ya tiene hijos e hijas a quienes les puede pasar el legado, la muralla de la modernidad amenaza con desarraigarlos: “Sí tengo hijos, pero todavía no han aprendido, o sea, como están estudiando, no están como interesaditos”.

Una mano que resiste
El paso de los años y los cambios en la visión de las nuevas generaciones asusta a Heidy, quien se aterra con la sola idea de que en pocos años las recetas que custodia en su memoria se pierdan: “Me da temor que se vaya a perder esa tradición, porque es la identidad de nosotras las palenqueras, las afro, y entonces queremos mantenerla siempre en Semana Santa”.
Ella señala que cada vaso de dulce que la gente devora en pocos minutos vienen cargado de un sinfín de aprendizajes y de historias, una herencia racial que no se ha borrado y que conlleva un arduo trabajo, que le gustaría rescatar.
“Es un camello y un trabajo, pero es nuestro trabajo, entonces, tenemos que esforzarnos a hacerlo, porque de eso vivimos, de eso nos mantenemos”, recalcó la mujer.
Heidy concuerda con Natalia en que las manos de las matronas palenqueras tienen un sazón particular, una forma de hacer rendir el sabor y perpetuar los platos, no solo para cocinar, sino para mantener la memoria viva y seguir convocando a la gente a los parques en la época en que todo es a domicilio: “Es una mano bendecida, que todo lo que hace prospera”.
















