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Exposición de la pintora Cecilia Porras en La Cueva. Allí aparecen, entre otros, Alejandro Obregón, Álvaro Cepeda Samudio y Alfonso Fuenmayor.
Nereo López (1956)
Arte

Obregón y el ‘Grupo de Barranquilla’: una apuesta universal desde lo local

En conjunto con artistas del bar La Cueva, Alejandro Obregón dejó una huella que perdura en el arte local y nacional.

Tan sólo en Barranquilla, la obra de Alejandro Obregón dejó un rastro importante en diversos aspectos. Por un lado está su legado artístico, el cual incluye pinturas, murales y esculturas (que hacen de esta la ciudad con más obra pública de Obregón), pero también su cargo como profesor y director de la Escuela de Bellas Artes, a la que llegó en 1962 cuando Juan B. Fernández Renowitzky, director consejero de EL HERALDO y por entonces rector de la Universidad del Atlántico, lo propuso para dicho cargo (antes, en 1948, Obregón ya había sido decano en la Escuela de Arte de la Universidad Nacional).

Adicionalmente, está su contribución en procesos que alimentarían la agenda del arte local y la insertarían en un circuito artístico a nivel nacional e internacional. Dentro de esa escena Obregón participó como miembro trascendental del llamado Grupo de Barranquilla, que a mediados del siglo XX conformó junto con artistas como Enrique Grau, Cecilia Porras, Figurita Rivera, y escritores como Álvaro Cepeda Samudio, su gran amigo, y Gabriel García Márquez, el más destacado del conjunto.

Otro destino

Alejandro Obregón nació el 4 de junio de 1920 en Barcelona. Su nombre completo, como lo recuerda la investigadora María del Pilar Rodríguez, era Daniel Alberto Alejandro María de la Santísima Trinidad Obregón Roses. A los seis años se vino a vivir a Barranquilla porque su padre empezó a hacerse cargo de Textiles Obregón, una de las primeras transnacionales textileras de Latinoamérica. 

“Los Obregón, para mantener su nivel de vida y en pro de la ciudad, llevan a Barranquilla la luz eléctrica y el fútbol, construyen el Hotel del Prado y desarrollan el balneario Pradomar”, dice Rodríguez.

Desde muy niño, el artista hace itinerancias en Barranquilla. “Estaba destinado a ponerse al frente de la empresa de textiles, pero él decide ser pintor. Su papa intenta que no lo sea, pero él se va de conductor de camión al Catatumbo. Una de las obras más importantes del arte moderno colombiano, Violencia (1962), se pinta en la vía cuarenta en Barranquilla, en la bodega de plásticos de Peter Obregón, el hermano de Alejandro”.

“En los años 60 y 70 no sólo estaba Obregón; estaban Norman Mejía, El Sindicato, la galería de las Laras, Quintero galería, Barrios galería. Aquí se crearon las primeras galerías de arte en Colombia y los primeros desarrollos de cotización del arte nacional. Estamos hablando de la época de oro del arte moderno en Barranquilla”.

Alejandro Obregón y Sonia Osorio con sus hijos Rodrigo (ya fallecido) y Silvana. Cortesía Archivo Adlai Stevenson Samper

El Grupo

Adlai Stevenson Samper, autor del libro Obregón en Barranquilla, habla del semanario Crónica –que circuló los sábados desde abril de 1950 hasta junio de 1951-, como una publicación que “unió” a estos artistas. “Ellos se conocían principalmente como periodistas y gente vinculada al arte”, dice.  Del comité de aquella publicación hicieron parte García Márquez, Cepeda y Figurita Rivera, pintor que con Obregón se encargaba del diseño y la dirección artística.

La Cueva, fundada en el 54, era la sede del grupo. “Inicialmente era un sitio de cazadores, que poco a poco dejaron de frecuentarla. El mural ‘La mujer de mis sueños’, pintado presumiblemente por Obregón en 1957, recibió un tiro de perdigón que él decidió dejarle, al parecer por considerar que le daba un hálito especial”. En el restaurante-bar La Cueva, patrimonio de Colombia, está la evidencia.

Alfonso Fuenmayor, cronista del Grupo, le hizo una entrevista a Obregón cuando empezaba su carrera. “Hubo una que se llamaba ‘El estudio de Alejandro Obregón, un cautiverio de orate’, porque su taller era un espacio bastante loco, lleno de elementos pocos convencionales. Quedaba en el tercer piso del antiguo edificio Muvdi, que se incendió hace unos años. Fue una de las pocas partes que visitó el famoso arquitecto suizo-francés Le Corbusier, cuando estuvo invitado para presentar un plan regulador a la ciudad. Llegó al estudio de Obregón, que era un pintor cubista en esa época, como lo era Le Corbusier. Fue una especie de encuentro entre artistas con afinidades, porque éste más que pintor era arquitecto”.

Pero más allá del anecdotario que abunda, Stevenson también recuerda que el Grupo organizó exposiciones, bienales e incluso dieron a conocer la obra de Noé León, pintor primitivista. “Hicieron la primera y segunda Bienal Interamericana de pintura en compañía de un cubano secretario de la OEA. A partir de ese episodio construyeron relaciones con pintores y artistas del exterior. Trajeron a pintores que fueron famosos posteriormente. De esos mismos proyectos nació la idea de montar el Museo de Arte Moderno”, añade Stevenson Samper.

Más allá del Grupo

La historiadora Isabel Cristina Ramírez, que ha estudiado ampliamente la obra del pintor y su contexto, cuestiona la idea misma de “grupo” en el Grupo de Barranquilla al decir que se trataba de un conjunto amplio, interesado también por todo lo regional, y afiliado no sólo a una única ciudad.

“Entre Barranquilla y Cartagena hay una relación fecunda, sus miembros van y vienen. En la promoción de los salones de artistas, Obregón tuvo un protagonismo no sólo como gestor, sino que siempre participaba y muchas veces ganaba los primeros premios, al lado de [Enrique] Grau y Cecilia Porras. Ellos lograron con estos salones empezar a generar los espacios institucionales necesarios para la consolidación del arte moderno en el Caribe”, dice Ramírez.

Sobre Obregón, dice que “era un artista muy agudo en su mirada. No sólo bebió de los referentes de la modernidad artística occidental, sino que le interesaba mucho la tradición artística occidental. Pintores como Rembrandt, Velázquez, Goya y otros artistas barrocos. Es muy claro en su obra cómo retoma esos referentes, pero para plantear una mirada a los contextos particulares en los que se movió”.

Ramírez destaca su serie sobre los Andes y los cóndores, y que gran parte de su obra se desarrolló en el Caribe colombiano: criaturas marinas, aves cayendo al mar, ganados ahogándose en El Magdalena. “Tenía una gran fascinación por la geografía y el paisaje, pero esa fascinación depende mucho, creo yo, de un interés que tenía por entender la naturaleza de la violencia que estaba implícita también en esa geografía”.

Un aspecto también cuestionable es la recepción que ha tenido la obra de Obregón, asociada muchas veces “al color, el sol, la maravilla, la cheveridad Caribe, lo que ha vaciado de sentido crítico su obra, lo que es muy peligroso”, dice la también curadora de arte. “Pero la obra de Obregón es desgarradora en mucho sentido”, añade.

Como gran aporte, resalta su importancia en la historiografía del arte local, nacional y regional al lograr crear una propuesta que muestra “cómo el arte puede beber de muchos referentes universales y hacer apuestas desde el contexto particular”.

Las actividades que desarrolló Obregón les permitió, tanto a él como su generación, “dar luchas importantes en sus contextos con respecto al mundo en el que se movían y donde el arte moderno encontraba mucha oposiciones. Para su generación era importante legitimar el arte moderno en nuestra sociedad, y también al artista moderno”, dice Ramírez.

Obregón fue un “gestor e interlocutor intelectual”. Su obra nos interroga sobre “cómo hablar los lenguajes internacionales, pero desde preguntas muy locales, personales y centradas en contextos específicos”. En su labor como profesor de arte, como director de escuelas y creador, tuvo, con su generación y los del Grupo de Barranquilla, “un protagonismo y un liderazgo importante, porque las instituciones del arte que esta generación creó en su momento, son las instituciones que dan génesis al campo del arte en esta ciudad”. 

Ese legado y ese aporte siguen siendo un camino para los artistas actualmente.

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